Una vida sin exámen no es vida: Sócrates

By on 19/12/2017
Guillermo Chavez Lic. Guillermo Chávez

De los escombros, a que han sido reducidos los valores universales y los principios fundamentales que han destruido la política, la religión, la economía y la sociedad, nada se puede levantar y volver a construir. Es necesario, regresar a los orígenes de la sociedad occidental, para alimentar, nutrir y vigorizar nuevamente estos valores y principios con el pensamiento griego.

El pensamiento griego se desenvuelve a través de la historia conservando pura y limpia su esencia hasta nuestros días; transmitiendo una herencia de valor universal que los pueblos no han sabido disponer y aprovechar de manera conveniente en su beneficio.

El título de este trabajo es una sentencia socrática: superficial e inútil a simple vista; profunda y necesaria cuando se le analiza. Ante la enorme autoridad del pensamiento socrático, es válido explorar las debilidades y fortalezas de este aforismo (dicho) con el objetivo de determinar su eficacia o no en la actualidad.

La naturaleza es el poderoso determinante de la vida del hombre y de los demás seres vivos, en condiciones de una exacta y estricta igualdad.

Sócrates requiere y demanda que la vida del individuo debe someterse constante y permanentemente al examen de la reflexión individual para poder ser considerada como vida propia del hombre y así estar en condiciones de certificar que el individuo que reflexiona hace uso de la razón: la razón es la facultad que la naturaleza doto al hombre, diferenciándolo así del resto de los seres vivos. De lo contrario, si el hombre no reflexiona por no usar la razón, no es hombre o deja de ser hombre.

Así que, el hombre tiene el deber y la gran tarea de iniciar el proceso de reflexión principalmente reconociendo su condición natural de ignorancia: si el individuo cree que sabe y conoce y no reconoce su ignorancia, no puede iniciarse el movimiento del mecanismo de especulación; permaneciendo pasivamente en su estado de ignorancia por su creencia infundada.

En cambio, la ignorancia es el estado más hermoso del hombre cuando se reconoce; le da la posibilidad de asombrarse, fascinarse e inquietarse del mundo que lo rodea e intentar conocerlo descubriendo sus misterios a través de una investigación activa.

El conocer y salir de ese estado de ignorancia consiste en el siguiente proceso: todos los seres vivos percibimos el mundo exterior por medio de la sensibilidad. En el hombre esa sensibilidad consiste en la capacidad de los cinco sentidos de percibir los datos del exterior enviándolos al entendimiento.

A este conocimiento se le llama sensible o empírico: sensible por la percepción de los sentidos y empírico por ser información obtenida por la experiencia de los datos aparentemente desordenados y caóticos del exterior.

Además, todos los seres vivos, incluyendo al hombre, perciben por medio de la sensibilidad el mundo exterior; el hombre es diferente con base a que la naturaleza le doto de razón: es decir, el hombre al percibir esos datos aparentemente caóticos y desordenados del exterior los entiende, es decir, usa la facultad del entendimiento y con apoyo de la reflexión, combina ese cúmulos de datos exteriores y de esa manera resuelve la incógnitas a que se enfrenta y ofrece el mundo exterior; es la manera en que el individuo resuelve los obstáculos en la vida.

De esta manera, y con el espíritu de estos argumentos, Sócrates dicta su sentencia lapidaria que ha conservado su valor propio e independiente al paso del tiempo por más de 20 siglos: sentencia indiferente y ajena al hombre.

Conclusión: ante la imposibilidad de objetar o encontrar una debilidad en la sentencia socrática: “porque una vida sin examen no es vida” y descubrir su valor propio y universal, su eficacia es en la actualidad de la siguiente manera: Sócrates exige y demanda la constante reflexión del hombre en todos los aspectos de la vida, como único requisito para considerarlo hombre; la naturaleza lo doto de razón con el objeto de que reflexionara: esa es la tarea fundamental.

La estructura y organización de la dinámica social actual premia al individuo sometido como esclavo a la experiencia sensible y repudia a los hombres que tienen el valor y la libertad de elevar esa experiencia al entendimiento discernido por la razón. Por lo tanto, es una sentencia con valor universal; despreciada por el hombre.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!

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