Revolución (parte VI): El fin de la Revolución y los alcances del Maximato en el Valle de Juárez

By on 17/12/2018

Nos ubicamos en el año de 1924, es el último año de gobierno del general Álvaro Obregón. Había dos candidatos a la presidencia que se disputaban la silla, los generales Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta; sin embargo, la única persona que podía inclinar la victoria de uno de ellos era Obregón y se decidió por el general Calles. No obstante, la inconformidad del general de la Huerta, lo llevó a levantarse en armas con el apoyo de más de la mitad del ejército. Este hecho es conocido como la “rebelión de la huertista”, la cual fracasó y de la Huerta partió al exilio a California. Asentado allí, se libró de las insignias de militar y dio gala en la ópera, con el talento nato de tenor que poseía.

Transcurren los cuatro años de la presidencia del general Calles, en la que se trabajó por poner los cimientos del México capitalista y a la reconstrucción del sector empresarial. Pero para el año de 1928 estalla otro levantamiento armado, encabezado por el general Enrique Gorostieta, quien lideró “la Guerra Cristera”. El contraataque de Calles no se hizo esperar y fue contundente, por ello, la victoria fue para el ejército federal.

En ese mismo año, Obregón se volvió a presentar como candidato a la presidencia, resultando ganador por mayoría. Jornadas después, en una comida llevada a cabo en un restaurante de la capital; un joven llamado José de León Toral, le mostró a Obregón un dibujo que hizo de él. Mientras que el general tenía la vista clavada en el papel, José de León sacó su revólver del saco y le disparó en la nuca; dándole una muerte rápida al que sería presidente de México. El joven asesino mantuvo la postura de que el era un elegido y su misión sagrada era asesinar a Obregón, pues era la voluntad de Dios. Pero en realidad fue la voluntad de Calles.

Sobre estos sucesos debemos matizar que México llevaba casi una década sumido en una guerra civil. Cierto es que la Revolución no trajo un cambio al instante con Madero en 1911, pero como proceso sirvió para destruir parte de la estructura del viejo régimen del general Díaz y construir otros. Si Calles permitía que Obregón volviera a ser presidente, significaría el fracaso de la Revolución. Ya que si desde Madero, se levantaron en armas, fue por las reelecciones del general Díaz. Y ahora resultaba que los promotores de la Revolución estaban haciendo lo mismo, por lo tanto, no había ningún cambio.

Lo que debemos entender es que México después de una invasión o una guerra civil, había quedado destruido. Por lo que era necesario prolongar mandatos para concluir una agenda política o proyectos nacionales. Eso fue lo que Benito Juárez hizo, usó de pretexto el Segundo Imperio para prolongar su gobierno, el cual era anticonstitucional. Porfirio Díaz también entendió que México nunca saldría de la miseria sino se concluían proyectos o una continuidad en los gobiernos, pero sobre todo imponer la paz. Pero dentro de su discurso de poder, sus reelecciones fueron dentro de la ley. Justo eso fue lo que Obregón hizo durante el gobierno de Calles (1924-1928) mandando a que se reforman los artículos 13 y 82, para poder volverse a presentar a las elecciones. La clave aquí fue la alternancia con Calles, pero a su vez, Calles entendió que su proyecto y el de Obregón perseguían fines distintos. Por ello más valió asesinarlo porque muerto el perro se acaba la rabia revolucionaria, de caudillismo y levantamientos armados.

Documento ejidal membretado del PRM, dirigido hacia la comisaría de San Agustín. Fuente: Archivo Histórico del Ejido de San Agustín.

Por último, Calles pronunció en un discurso el 4 de marzo de 1929, a manera de anunciar la fundación del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), con la frase “es tiempo de dejar de ser un país de caudillos y ser un país de instituciones”. Sobre sus fundadores: ¿los campesinos? ¿los obreros?, no. Calles y los altos oficiales del ejército y burócratas. Con la fundación del partido político; Calles también anunció públicamente que la Revolución ya había terminado. Así fue como México dio sus primeros pasos a la contemporaneidad en un mundo de posguerras.

Dicho sea de paso, tenemos aquí en las cercanías de la ciudad muestras del gobierno callista y del PRM, hoy PRI. Me refiero al Valle de Juárez y a los Ejidos de Zaragoza y San Agustín. Ambos nacidos de la fragmentación de la Hacienda de San Agustín, propiedad de la familia Keterson. Formalmente se vieron resultados concretos de la Revolución con el reparto agrario, al menos en esta región. El Ejido de San Agustín nació el 31 de agosto de 1928, dentro del marco histórico de la Revolución y formalizado con el entonces PRM, como institución.

Deja un comentario:
Marduk Silva

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.

 

You must be logged in to post a comment Login