Los trazos de arquitectura son evidentes en la historia

By on 22/08/2017
Guillermo Chavez Lic. Guillermo Chávez

La historia se satura de hechos esenciales y de hechos accidentales: los primeros, resisten a las transformaciones históricas, dándole continuidad a la estructura fundamental que sostiene a la humanidad. Los segundos, son característicos de una época determinada que la identifican, sin embargo, no la solventan; caducan al extinguirse ese periodo.

Por ende, la historia de la humanidad se conoce por la arquitectura de las construcciones materiales que le dominan en un tiempo determinado: En esas edificaciones, se escudriñan las causas en el pasado y se investigan las consecuencias en el futuro de las acciones del hombre contemporáneo.

De igual manera, una sociedad que conserva abundantes y firmes construcciones materiales se determina un pasado próspero y un futuro con un alto nivel de desarrollo. En cambio, una sociedad carente edificaciones materiales solidadas se diagnostica un pretérito en penumbras y un porvenir en tinieblas.

De las imponentes construcciones del pasado, que han vencido la agresión del paso de los siglos continuando erguidas y vigorosas, se infiere una sociedad esplendorosa, formada por hombres extraordinarios en la política, en la economía, en la ciencia, en la religión, entre otras actividades.

En cambio, en las sociedades carentes de edificaciones del pasado o las que tiene son débiles y frágiles que no han soportado el paso hostil de los siglos, se deduce una sociedad integrada por hombres incapaces de percibir los ideales generadores de hechos esenciales que se ajusten a las trasformaciones históricas convirtiéndose en columna de la humanidad.

Por lo tanto y, para no dejar en la invalidez este argumento, acudo al amparo de un grande de la historia y así, evitar un crimen, al omitir citar las maravillosas palabras de Octavio Paz, un hombre de carácter universal, que a la letra dice: “La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”

Dos ejemplos, en igualdad de capacidad para incitar fascinación y admiración, pero, radicalmente diferentes en sus causas y extremadamente diversos en sus consecuencias.

El primero: El poderío económico, político y social de la Iglesia Católica en la época del Oscurantismo, le permitió la construcción de la extraordinaria e imponente Catedral de Notre Dame. Iniciando los trabajos de construcción a principios del siglo Xll y terminándolos a la mitad del siglo XlV. Su bello estilo arquitectónico gótico, es decir oscuro y tenebroso, se ha conservado al paso de los siglos, demandado remodelaciones y cambios menores para ajustar su arquitectura la luminosidad que exige el Renacimiento y la Época Moderna.

El inmortal Víctor Hugo en su obra excepcional titulada “Notre Dame de París”. Describe de manera poética, ilustrando de la arquitectura de la catedral que permite descubrir lo que los sentidos no perciben. Cuasimodo, el mítico y abominable personaje que aterrorizaba a los alrededores de la Catedral, es un individuo de virtudes poéticas que a través de la bondad de su corazón y su heroísmo pretendió estimar que la dignidad del individuo va más allá de lo grotesco.

El segundo ejemplo: En el siglo XVIl, el soberano francés Luis XIV, construyo gran parte del majestuoso Palacio de Versalles: un lugar mágico y lujoso. En la Galería de los Espejos caminaban los soberanos deleitándose al ver reflejada su figura; Abundante en simbolismo, entre lujos y réplicas de la vida campirana.

El pueblo francés sumido en la pobreza extrema por pagar altos e injustos impuestos al Rey, que únicamente se dedicaba a disfrutar del lujo y los placeres, olvidando la conducción del pueblo. El Palacio de Versalles se consideró un emblema del abuso absoluto e ilimitado del Monarca, ante la paupérrima condición del pueblo. La Revolución Francesa transformo el Palacio de Versalles en un museo de historia y dejo de ser el símbolo y centro del poder político francés.

Para concluir: La historia no percibe a la sociedad de hoy, al contrario, la considera un punto tenue por su perversión profunda y generalizada. Únicamente el enfermizo egoísmo estimula la falsa creencia de una sociedad contemporánea moderna y desarrollada.

Los brillantes trazos de arquitectura que surcan la historia de la humanidad, están integrados por los hechos que contienen la esencia del hombre, plasmada en las construcciones indiferentes al paso del tiempo. Olvidando aquellos hechos característicos de una época, que por su debilidad, son incapaces de ajustarse a las transformaciones constantes.

El Palacio de Versalles fundado en el egoísmo y la ambición sin límites, en consecuencia imposibilitada para el cambio, caducó, dejando de ser el recinto del poder político y económico para convertirse en museo histórico. Por otro lado, la catedral de Notre Dame construida con el objeto de perpetuar la percepción del individuo: exaltando la virtud, separando el bien y el mal, entre otras condiciones naturales del hombre, ha conservado su estructura y su exacto funcionamiento combatiendo con el paso agresivo de los siglos.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!

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