La Revolución (parte II): El que a hierro mata, a hierro muere

By on 19/11/2018

Comencemos nuestro repaso con un suceso que hizo voltear a todo el país hacia el Río Bravo. Las visitas de Estado entre los presidentes William Taft de Estados Unidos y el general Porfirio Díaz por México. Dicho encuentro se llevó a cabo en la antigua villa de Paso del Norte el 16 de octubre de 1909. En ella, ambos jefes de Estado cruzaron a las respectivas fronteras de la entonces Ciudad Franklin, Texas y la villa de Paso del Norte, Chihuahua. Siendo el general Díaz el primero en cruzar del otro lado y gratamente recibido. Luego fue el turno de su homólogo que también fue bien recibido en la villa paseña; la reunión se llevó a cabo en el edificio de la Aduana, hoy Museo de la Revolución de la Frontera (MUREF).

Sabemos con exactitud cuál es la sala donde Díaz y Taft hablaron en privado, sirviendo de intérprete el entonces gobernador de Chihuahua, Enrique Creel. No tenemos conocimiento de qué hablaron, pero ambos salieron molestos. Vale la pena mencionar que, de aquella visita del general Díaz, él eleva a Paso del Norte de villa a ciudad y la rebautiza con su nombre actual, Ciudad Juárez. Pero a partir de aquella plática, Díaz decidió aferrarse una vez más a la presidencia. Al año siguiente 1910, Francisco I. Madero se postuló como candidato para contender en las elecciones presidenciales. Incluso realizó una gira de campaña.

Pero días antes de las elecciones, fue encarcelado en San Luis Potosí por el cargo de sedición. Tras ello, estaba la orden del general. Las elecciones se llevaron a cabo y el resultado favoreció una vez más a Díaz. Después de este acontecimiento, Madero escapa de la cárcel huyendo hacia San Antonio, Texas. Allí, es donde en compañía de algunos partidarios y familiares, redacta el Plan de San Luis, el cual es publicado el 5 de octubre de 1910. En él, se convoca al pueblo de México a levantarse en armas, contra el gobierno del general Díaz. De este documento surgió la frase “sufragio efectivo no reelección”.

Cosa curiosa, porque los golpes de Estado que dio el general Díaz a los gobiernos de Benito Juárez y Lerdo de Tejada; fue porque Juárez y su séquito se estaban eternizando en el poder. El golpe definitivo para el gobierno juarista fue con el Plan de Tuxtepec el 10 de enero de 1876, que tenía como lema “No reelección”. Pues bien, le dijo Jesús a Pedro “el que a hierro mata a hierro muere”. Con la no reelección llegó el general al poder y con la misma frase, más “sufragio efectivo”, lo dejo.

Durante el resto del año de 1910, el movimiento de Madero con base en el Plan de San Luis, tuvo poca repercusión al principio debido a la efectividad del ejército, la gendarmería y los rurales. Pese a ello, en algunas zonas del norte, específicamente en Chihuahua, Durango y Sonora, hubo seguidores. En nuestro Estado, políticos y militares como Abraham González, el general Toribio Ortega, Pascual Orozco y Francisco Villa. En la siguiente nota, hablaremos sobre la toma de esta ciudad y como la Revolución partió de esta frontera, no solo con rifles, también con otra ideología política para un nuevo proyecto de nación.

A manera de conclusión, recalquemos algo: la Revolución empezó en el norte, pues los que la iniciaron y consumaron, fueron norteños ¿Por qué? Pues fue a que en el centro-sur, las élites tuvieron otros intereses. De hecho, recuerdo que, en un Encuentro Regional de Estudiantes de Historia, con sede en la Universidad de Guanajuato en el año 2015, tuve una confrontación con respecto a esto. Ya que mi posición regionalista, fue que, si la Revolución empezó en el Norte, fue porque las armas y el dinero estaban en esta zona, además de una muy buena organización. Un compañero de la Universidad de Chiapas me respondió que eso no podía ser, ya que de acuerdo con los documentos. En el centro-sur también había armas, munición, dinero y elites regionales consolidadas. Pero si no hubo un eco de ello, fue porque no había un interés por las elites regionales, ya que con o sin Porfirio Díaz, tenían que asegurar sus intereses con el gobierno que fuera.

Luego de quedarme unos segundos callado, le respondí que sí, se me hacía lógico y era bueno saber que esa hipótesis estaba sustentada en documentos históricos. Enseguida añadí, que, si las armas y el dinero estaban en todo el país, entonces mi postura quedaba descartada. Por lo que le pregunté entonces ¿por qué la Revolución empezó en el norte, pero ya con un empuje bélico?, ahora él fue quien se quedó callado por varios segundos. Entonces le comenté, “creo que eso se debe a que, desde los primeros años del México Independiente, el Norte siempre se mantuvo autónomo en cuanto al gobierno central”.

Al año siguiente, en otro Encuentro de Estudiantes de Historia, en una plática de bar, retomamos el tema y en pequeños momentos de lucidez; confirmamos que la Revolución se empezó en el Norte, por la autonomía que siempre tuvo desde la Independencia y la cual, se afianzó durante el régimen de Díaz. Por supuesto, todo esto sustentado en trabajos de varios historiadores.

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Marduk Silva

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.

 

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