La historia se burla del hombre ordinario

By on 28/11/2017
Guillermo Chavez

Una intensa lluvia de paradigmas oculta la esencia de las trasformaciones humanas; la historia registra accidentes temporales, revoluciones por ejemplo, que cubren de apariencia esos mecanismos necesarios e inevitables de cambio, que el hombre se adjudica inmerecidamente llamándolos momentos históricos. La historia se mofa e ironiza del hombre haciéndole creer es él el generador de esas profundas y enormes modificaciones; el hombre cegado por la vanidad y egoísmo no reflexiona ni contempla que es incapaz de hacer y que todo le sucede.

La historia se burla del hombre produciendo lo contrario a sus pretensiones o confundiéndolo en el nudo compuesto por el progreso y el retroceso: Solo aquellos hombres con firmeza y profundidad de pensamiento y reflexión lo entienden. La dialéctica Hegeliana y la mecanicidad Gurdjieffana son las dos herramientas que apoyan la elaboración este argumento:

Por un lado, Hegel señala en su dialéctica que las diferentes etapas que forman el proceso de la historia tienen dos características: primero, cada etapa tienen elementos esenciales y únicos que las caracterizan, por ejemplo, una época tipificada por la pobreza de la mayoría y la riqueza de la minoría; segundo, cada etapa contiene su contrario, por ejemplo, de la desigualdad de la riqueza contiene la igualdad.

En estas condiciones cada etapa se entrelaza necesariamente con la anterior o la posterior: este encadenamiento no es contingente (que se pueda dar o no) es necesario (se da forzosamente, sin fallar). Esos elementos esenciales de cada etapa mueren y con los elementos contradictorios generan el nacimiento de la siguiente etapa; y así indefinidamente. Por ejemplo: a la etapa del oscurantismo caracterizado por el dogma le sigue necesariamente la época de la ilustración que se caracteriza por el contrario que ya lo contenía: la duda e investigar todo; la duda es lo contrario al dogma. Por más esfuerzos del hombre para transformar la época siguiente al Oscurantismo en una época tipificada por un elemento no contrario al dogma sería imposible: solo el poder inmenso del contrario, la duda, podrá generar la época correspondiente.

Por otro lado, Gurdjieff, en su filosofía del Cuarto Camino, califica al hombre en su estado actual: profundamente dormido y sin conciencia; el hombre es una máquina, que en su condición mecánica solo reacciona a los impulsos que recibe, todo le sucede por carecer de voluntad, el hombre no tiene la mínima posibilidad de hacer. En consecuencia, es imposible que una trasformación social de fondo se genere en una maquina esclavizada a los mecanismos.

La historia sometida al proceso inevitable de la dialéctica y el hombre sumergido en la cómoda mecanicidad para evitar la terrible tarea de pensar y actuar en base a su propia voluntad: nos obligan a considerar que las múltiples etapas del desenvolvimiento de la humanidad a través de los siglos son el producto de la etapa anterior y generador de la etapa posterior y así sucesiva e indefinidamente, que una etapa es producto exacto y preciso de los elementos que componen la etapa anterior y que la etapa posterior no contiene más que los elementos preciso de la etapa anterior; además en el estado actual de somnolencia e inconciencia del hombre que lo encierra en una mecanizada dinámica que solo responde a factores ajenos: por lo tanto la voluntad del hombre es ajena a los procesos históricos.

Este argumento nos deja un interesante planteamiento: en diversos trabajos previos se ha sustentado e insistido en lo placentero desinterés y abandono del hombre en cumplir con su tarea constructiva con el uso de las herramientas que le dota la naturaleza: la razón, el pensamiento, la inteligencia entre otras. El hombre se convirtió en una maquina carente de voluntad y esclava de presiones ajenas, incapaz de hacer: creyéndose constructor de una historia que se burla y mofa de él.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!

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