La fraternidad es universal, el egoísmo tiene lugar y tiempo

By on 13/11/2018
Guillermo Chavez Lic. Guillermo Chávez

Originalmente publicado el 18 de Abril de 2016

La historia se nutre de los gritos desesperados de hombres excepcionales que en diversas épocas y en diversos lugares han expuesto que la humanidad ha tomado el camino incorrecto, ofreciendo una solución con sus teorías admirables y fascinantes todas. El curso del tiempo permite la sucesión de hombres que trabajan en esas teorías acercándolas cada vez más a la perfección, muriendo en la esperanza de que las generaciones posteriores retomaran ese trabajo aproximándolo a la culminación para beneficio de las generaciones posteriores.

La enorme diversidad de teorías relativas a la riquísima y gran variedad de materias a analizar en el hombre mismo, del hombre en relación con la naturaleza, de éstos vinculados al conocimiento especulativo. Se han centrado, estas teorías, en dos extremos radicales con un sinnúmero de denominaciones: el bien y el mal, el cielo y la tierra, lo positivo y lo negativo, entre una infinidad de calificativos más. La materia de este trabajo es determinar, en lo posible, la diferencia del valor fraternidad y el flagelo de la humanidad, el egoísmo y si su influencia en el desenvolvimiento de la humanidad ha sido correcto o incorrecto.

Entendamos de la manera más sencilla posible que la fraternidad es el amor al prójimo por sí mismo y no por una causa ajena. El egoísmo, comprendido de la forma más simple, como aquellas acciones o pensamientos débiles por no ser parte integrante de la naturaleza del individuo, que ha adquirido a través del tiempo en su relación con la sociedad. Sí el individuo conoce a plenitud que no le pertenecen esos pensamientos o acciones y los usa en su beneficio o de alguien mas no le perjudica, pero si el individuo desconoce que esos pensamientos o acciones no son de su naturaleza individual tendrá en consecuencia acciones y pensamientos débiles y desorientados que solo le producirán desgracias.

Dos vigorosas e inagotables fuentes de desgracias y calamidades que han paralizado o pervertido el desarrollo normal de la humanidad son: una, la caridad, concepto radicalmente opuesto de fraternidad al definirse como la ayuda y solidaridad al semejante por amor a Dios y no por amor al semejante. La otra, el egoísmo que en nuestro tiempo se considera parte de la naturaleza del individuo.

La fraternidad es un valor universal que ha existido en cualquier tiempo y en cualquier lugar, en contraste con la tenue o casi nula concretización en los actos y hechos ordinarios del hombre y al confundirla intencional y dolosamente con la caridad a fin de emplearla en la satisfacción de los fines egoístas de grupos o personas que la humanidad ha padecido desde siempre.

El egoísmo es una debilidad que el individuo padece con tal intensidad que se generaliza como epidemia y se aloja profundamente para confundirse en la naturaleza o esencia del individuo, de difícil erradicación y de imposible reconocimiento. Convirtiéndose en una necesidad o escudo para que el individuo se defienda ante el contacto social de la agresión de sus semejantes al pretender utilizarlo aprovechándose de él. El egoísmo es temporal y tiene lugar generando en el individuo la falsa creencia de ser poseedor de la absoluta verdad y por ende originando la discriminación.

A forma de conclusión: las grandes tragedias de la humanidad se han generado de dos fuentes inagotables: una, de la caridad, bajo el pretexto de ayudar al prójimo por amor a Dios, el hombre ha sometido a un estado de esclavitud al mismo hombre, estableciéndose una relación imposible de eliminar por la cómoda dependencia. La otra, el egoísmo, que con enorme fuerza ha robado la esencia del individuo desviándolo de sus objetivos. La fraternidad une con fuerza a los hombres por amor al hombre mismo, fecundando una humanidad sana y ajena a los perjuicios.

Es cuanto. ¡Un abrazo fraterno!

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