La dialéctica en la tolerancia y en la intolerancia

By on 29/08/2017
Guillermo Chavez Lic. Guillermo Chávez

La conciencia es la herramienta con que la naturaleza dotó al hombre para darle certeza de su incapacidad para conocer la verdad absoluta; también, para asegurarle que sistemática y exhaustivamente puede conocer limitadamente el exterior y el interior de su Ser; además, persuadirlo que calificará sus acciones en buenas o malas sancionándolas con el arrepentimiento. Sin embargo y lamentablemente el hombre emplea esta poderosa herramienta de la conciencia en la realización de otros trabajos ajenos a su esencia y naturaleza.

Esta profunda deficiencia e inherente incapacidad natural permite al hombre percibir y conocer de manera parcial y de forma superficial; obligándolo a convivir en sociedad para que en unión con las percepciones y conocimientos de otros individuos se acerquen un poco más a la lejana e inalcanzable verdad absoluta.

Sin embargo, en este intercambio social de percepciones y conocimientos el hombre debe ejercer rigurosamente la tolerancia a fin de admitir la percepción y conocimiento de otro individuo que los oriente hacia la verdad; también el hombre debe ejercer la intolerancia a fin de rechazar la percepción y el conocimiento de otro individuo que los aleje y desoriente del camino hacía la verdad.

Antes de continuar, es menester entender con sencillez la definición del concepto de tolerancia considerándola como la admisión de las acciones y pensamientos de otro individuo y la intolerancia el rechazo a las acciones y pensamientos de otro individuo: admisión y rechazo que exigen un conocimiento objetivo, fundado y firme y no un conocimiento subjetivo, infundado y débil. También es necesario comprender, que el concepto de tolerancia se activa únicamente cuando reacciona a una intolerancia previa y práctica y no del concepto; ambos conceptos se necesitan dialécticamente no pueden existir aisladamente; antes y después de la tolerancia esta la intolerancia y así sucesivamente.

En consecuencia, la tolerancia y la intolerancia formales, son consideradas buenas moralmente cuando orientan la conducta del hombre hacia los valores morales y los principios universales y evitan el camino de las acciones del hombre hacía valores y principios considerados inmorales. Al contrario, la tolerancia y la intolerancia se estiman malas al conducir las acciones del individuo hacía valor y principios ajenos a la moral y eludir que la actividad humana se ajuste a los valores morales o a los principios universales. Por lo tanto, las acciones que generan la tolerancia y la intolerancia se califican como buenas o malas al ajustarse o alejarse de los principios universales y dictados de la moral.

Pero, la tolerancia, entendida vulgarmente como una virtud de respeto a las ideas y opiniones de los demás, no puede tratarse en generalidad, sería un error que cada uno tuviera razón; es imposible el derecho de expresar cualquier opinión. La tolerancia es utópica, siempre está limitada por motivos extrínsecos; la topología permite la existencia únicamente de la tolerancia formal incentivando el grave y desastroso subjetivismo que considera como verdades absolutas propias las verdades comunes y los delirios personales.

Entonces, el respeto a la persona puede conducir a no respetar sus ideas cuando son estériles y denigrantes. La aplicación de la tolerancia está determinada por condiciones que no causan controversias si conducen a los principios fundamentales y la moral. Resaltar la tolerancia absoluta es un concepto estéril e irrealizable, el libertinaje de las opiniones está circunscrita y limitada por cuestiones políticas, económicas, religiosas y otras y no por el hecho de manifestarse o expresarse debe ser respetada.

Finalmente: El origen determinante de los desajustes sociales es la ilusión enfermiza del individuo de poseer la verdad absoluta y no reconocer la incapacidad natural para conocerla; el uso de la fuerza o la agresividad extrema para imponer su pensamiento o conducta a otro lo embriagan, olvidando la razón y la moral. En tal condición, invocan la tolerancia y la intolerancia conforme a su conveniencia egoísta. Sin considerar que la tolerancia y la intolerancia son actitudes del hombre en admitir o rechazar las acciones o pensamientos de otro individuo en base a un conocimiento certero, sin subjetivismos ni delirios personales; la tolerancia y la intolerancia son válidas moralmente si orientan la conducta a la consecución de valores y principios universales, de lo contrario la tolerancia y la intolerancia son inmorales. Sin embargo la tolerancia y la intolerancia no pueden subsistir aisladamente, la dialéctica les obliga a alternarse.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!

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