Abraham Castañeda Ortiz, Durango

By on 21/12/2016

“Para mi literariamente fue un re-descubrimiento absoluto, de mis límites y de mis capacidades, además de ser una experiencia humanamente gratificante y conocer excelentes personas en el proceso”

Festival INTERFAZ Chihuahua 2016 | Foto tomada de Internet.

Todos los hombres nacen llorando. Todos mueren llorando.

Muchas personas dan por hecho que me gusta la guerra porque es un tipo de fetiche infantil. Pero a diferencia de lo que se podría pensar, odio las malas representaciones de la guerra, con el tipo machote y duro que mata a 500 aun teniendo 10 heridas de bala.

Me gusta la honestidad, y me gustan las representaciones honestas, por eso prefiero mil veces escuchar una entrevista a un veterano en blanco y negro que ver Rambo o una película de samuráis. Porque un veterano hablará solamente la verdad, difícilmente va a mentir.

El veterano habla: al principio parece animado, pero lenta e imperceptiblemente su rostro se torna triste, lagrimean sus ojos e intenta controlarse. Siente el mismo miedo que sentía hace 50 años.

Esa es la más pura cara de la humanidad, la he visto en mi abuelo cuando cuenta sus días de cuidar vacas. La he visto en mi padre cientos de veces.

Todo se resume al hecho de que para la gran mayoría de los hombres el nacer como hombres y dejar de ser niños, la transición de la niñez a la adultez, no se da cuando pierden la virginidad, no se da cuando se enamoran, ni usualmente en su primer trabajo,  se da en un momento, un punto de quiebre.

El veterano cuenta sus días de entrenamiento, cuenta sus salidas a los puteros con sus mejores amigos. Cuenta de la chica que dejó en su casa, la novia. Y lo hace con alegría.

El entrenamiento aunque estresante era maravilloso, porque había una verdadera camaradería, esos muchachos eran alguien de más fiar que su propia familia, y podía apostar su vida a ellos.

Las putas de los permisos de fin de semana, eran un desestrés necesario y la mejor manera de satisfacer con los estereotipos masculinos.

La novia, al igual que la familia: le brindaba cartas donde le hacían sentir ese amor que entre hombres no se puede expresar, salvo que sea fanfarroneando y dando algunas palmadas en la espalda.

Porqué un hombre no puede decir “te quiero” a un camarada, a lo más que puede llegar es a darle un cigarro, seguido de un insulto y una palmadita ruda en la espalda. Esa es la mayor muestra de afecto masculino. Los hombres se juntan para fanfarronear y, por lo tanto, aunque tengan un alto grado de afecto, todo se reduce a los insultos de camaradas como única forma de expresión humana.

Pero eso no hace que un chico deje de ser chico y se haga un hombre, la novia tan solo lo hace un poco más humano, los camaradas lo fortalecen en su propia imagen de inmortal, sea con su apodo, sea con sus habilidades.

Por eso los viejos hablan de los camaradas y de los antiguos amores con una alegría juvenil, picara. Por eso sonríen y sus ojos se hacen brillosos al describir sus peripecias.

Pero tan pronto como el veterano habla de su entrada al combate, su expresión cambia. Se vuelve menos segura y cada vez más sombría. Y no, no hablamos de las fanfarronadas que hubiese contado a sus camaradas veteranos en un bar, de ser macho y poderlo todo y matar a doscientos enemigos.

Todo veterano que ha visto a guerra ha llorado, durante y después. Ha despertado gritando en las trincheras y después en su cama.

Lo que realmente derrumbaba a esos hombres era el hecho de que sus camaradas estaban tan aterrorizados como ellos, y por tanto no sirve de mucho fanfarronear mientras las balas pasan sobre tu cabeza, o si a tu alrededor caen montones de bombas.

Los rostros que antes hubiesen reído, estaban tensos y llenos de miedo. Algunos llorando en medio de la refriega. Y eso es lo menos.

¿Cómo reaccionar si miras que tu hermano, está tendido en el suelo con las tripas de fuera y llamando a su madre? Luego lentamente muere sin que puedas hacer nada.

Pasan los días y de tu escuadra comienzan a caer uno a uno, y con el pasar de las semanas tan solo quedan uno o dos de los que habían sido tus hermanos.

Lo que hace que un niño se convierta en un hombre es un hecho simple, que no hay camaradería que proteja del sufrimiento, y que la presencia curativa de una mujer amada sea inútil frente a las circunstancias.

Lo que es peor: si no tienes cuidado, recordar a tu novia mientras ves a tus hermanos caer, te puede hacer caer en un estado de profunda melancolía y con ello un profundo miedo de no volver a verla, al final eso te derrumba, terminas deprimido y luego muerto.

Los chicos se convierten en hombres cuando aprenden que al final estas solo frente a la muerte, que los camaradas tan solo son una ligera morfina y que las mujeres debilitan el espíritu frente a la adversidad.

Se convierten en hombres cuando saben sobreponerse a esa sensación de miedo, prescindir de la camaradería y cumplir sus objetivos. Y sobre todo cuando saben cuidar de los demás pese a ese miedo.

Es la soledad y la sensación de mortalidad lo que hace que te asumas como un ente responsable frente a la adversidad, independientemente de los camaradas e independientemente de las mujeres.

Ello implica que todos tus sistemas de creencias son erróneos, y por tanto en el proceso de construir una nueva forma de defenderte del miedo –si es que lo logras sin derrumbarte en la depresión o la locura-  vas a asumir que eres mortal, y por tanto llorarás la perdida de tu inmortalidad.

Por ello, un veterano lagrimea al hablar del momento en que fue herido, por eso mi abuelo lloraba al recordar que siendo un chico tenía que ir a llorar a escondidas para no ser llamado maricón.

¿Cómo consolarte si estás profundamente aislado?  Solo haciéndolo nacen los hombres.

Un hombre nace cuando se encuentra con que no tiene para alimentar a sus hijos pese a todos sus esfuerzos, un hombre nace al ver que las cosas que ama mueren o se alejan pese a todos sus intentos, que su héroe ha muerto, que no hay garantías pese a la inteligencia, la bondad o los principios.

Por eso Gilgamesh dejó de ser un Dios para convertirse en un hombre al ver a su amigo Endiku perecer. Ese es el objetivo final de la literatura, esa es la manera de trascender: renunciando conscientemente a la inmortalidad, para sumir la humanidad.

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Karen Cano
Karen Cano
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Dice que es licenciada en Ciencias de la Comunicación egresada de la Universidad Autónoma de Chihuahua y periodista desde hace cinco años de la frontera más fabulosa y bella del mundo según Juan Gabriel. Actualmente trabaja en redacción de prensa, le gusta mucho escribir versos y cuentos cortos, especialmente. Publica sus artículos en MexicoKafkiano.com, mismos que se re-publican bajo permiso en JuárezaDiario.com