Violación a la Lealtad Debida

By on 30/05/2016
Guillermo Chavez

Las obras de arte son producto de la actividad física o mental de un artista individualmente considerado; innecesaria es la intervención ajena, al contrario, deja de ser una obra de arte cuando intervienen dos o más personas.

Los trabajos en bruto, como los realizados en esta columna, requieren la intervención constante de la opinión y el sentir de varias personas para mejorarlos. Razón esta suficiente que motiva la permanente apertura del que esto escribe, para recibir todas y cada una de las críticas, opiniones y sugerencias, pagándoles con un previo, amplio y profundo agradecimiento. Iniciemos.

El Apóstol y discípulo Judas Iscariote revela dónde pueden capturar a su Maestro Jesús: la sabiduría bíblica indica que la traición es una característica común en el hombre debido a sus abundantes e ilimitadas relaciones complejas y mutables a través del tiempo, además, afectadas por diferentes sucesos con sus semejantes. A pesar de lo ordinario, lo usual y lo reiterado, la traición es considerada un aspecto negativo en el hombre por la pérdida de la confianza basada en sentimientos o en ideas de lealtad, de respeto, de compromiso y de otros generadores de heridas y dolor al ser infringidos. La conveniencia humana llama traidor al abandono que no le beneficia y simuladamente denomina progresista o evolucionado cuando ese abandono le beneficia.

Sin embargo, la firmeza de objetivos y la solidez de principios impiden el intento o consumación de acciones y pensamientos traidores; la debilidad de propósitos y el raquítico enraizamiento de valores, incitan a la maquinación del engaño y defraudación; quien traiciona una vez alimenta y nutre sus inclinaciones desleales. Una depravación repugnante y una detestable cobardía son los supuestos de un pensamiento, de un intento y una acción falsa y fingida que esconden un nido de traidores armados para sembrar el mal en la humanidad.

Es pues, la traición, una turbina de desequilibrio emocional, de enajenación mental, de inseguridad física y un poderoso germen de desgracias en el hombre; por ende, es un enorme creador de tragedias en la humanidad. Es una ficción pretender evitar la consumación de la traición debido al sigilo y al disimulo de confianza y buena fe en que se oculta y que caracteriza los actos previos a su realización. Una vez concluida la traición, sus consecuencias son catastróficas: menester es aliviarlas y suavizarlas para disminuir sus efectos perniciosos y perjudiciales inmediatos al individuo y evitar la erosión de la confianza social.

Delimitar quien es el traidor y quien es el traicionado es una tarea difícil y comprometida por la gravedad de las consecuencias: el traidor se dice y se siente traicionado; el traicionado niega la mínima culpabilidad en el origen de la traición. Las herramientas ideales para delimitar al traidor y al traicionado y reducir los estragos de la traición son observar con prudencia, diligencia, moderación y discreción los juicios y los razonamientos del que argumenta, en base a que exclama, sospechosamente, ser él el fiel, el leal y la víctima de las acciones traidoras y de los pensamientos fraudulentos realizados supuestamente por el ausente. Conductas y razonamientos presumibles de vituperio que demandan un análisis que certifique su veracidad y su certeza para evitar tomar una decisión que, lejos de disminuir las secuelas desbastadoras, incremente sus efectos nocivos.

En la observación simple de la psicología de los traidores se encuentra siempre la mentecatez de Judas Iscariote. Para justificar su conducta, desprovista de confianza, con sus semejantes, suaviza sus explicaciones endulzando la amargura de sus intenciones al vil extremo de transformarse caprichosamente de traidor a traicionado.

Para terminar este trabajo: la traición es el germen de la desconfianza que hoy corroe y debilita las relaciones humanas; es la enfermedad social que en silencio genera las desgracias sociales más crueles y violentas. Deslindar las acciones traidoras y las actitudes traicionadas es un trabajo que requiere prudencia, diligencia, moderación y discreción, con el objeto de evitar el aumento o desarrollo de los estragos que la sola consumación de la traición ha causado.

Es cuánto, ¡un abrazo fraterno!