Trozos del pensamiento de Santo Tomás de Aquino

By on 20/12/2016
Guillermo Chavez

El paso de los siglos no ha logrado sepultar el pensamiento de este extraordinario escolástico: Santo Tomás de Aquino.

La historia lo considera un elemento esencial de la humanidad. Sin la comprensión de este pensamiento la historia es inexplicable: su doctrina justifica y fundamenta la existencia de la Iglesia en la tierra en conceptos bíblicos, cimentados con base a la enorme influencia de la teoría de las ideas de Platón.

Este conjunto de creencias y principios dominaron y orientaron el pensamiento del hombre por más de diez siglos; perdurando su vigencia en la actualidad aun en grandes sectores de la humanidad: la universalidad de su pensamiento le dota de validez actual y de necesidad apremiante ante el desorden que caracteriza a la humanidad de hoy.

A pesar de mi tenue conocimiento del pensamiento de este flamante inmortal, considero se desprenden tres temas de aplicación urgente en la conducta del ser humano, y son los siguientes:

Este impresionante hombre de la Edad Media, tuvo el propósito de responder a estas tres preguntas, entre muchas más que el hombre se hizo, se hace y se hará en todos los tiempos.

Una: ¿Qué le debe el hombre a Dios? contestando, palabras más palabras menos, de esta manera: el bien del hombre se desprende y está constituido por su propia naturaleza, la cual es entonces el principio y origen de su moralidad.

Pero, como la naturaleza del hombre es de origen divino, en consecuencia el origen ético procederá de Dios. La naturaleza conserva en cierta forma la autonomía del hombre. En consecuencia, él comprende lo que a Dios le debe, es decir todo lo que es.

Es satisfactoria la respuesta de este excepcional pensador: la naturaleza abandona al hombre en determinada etapa de su desarrollo hacia la perfección. El Ser Supremo le respeta su autonomía y de ahí en adelante el hombre mismo deberá fundar la moral de sus acciones en preceptos que deben ser arrancados de la naturaleza del ser humano mismo, para que sea válida y tenga fundamento. Siendo la naturaleza creación del Ser Supremo, el hombre armonizara así sus acciones con los preceptos y ordenanzas del Todopoderoso. Así, el hombre le debe al Gran Arquitecto del Universo todo.

Dos: en otro aspecto, Santo Tomas de Aquino define y contesta a esta pregunta ¿Qué son las virtudes? en este sentido: considera a las virtudes como las disposiciones del ser racional que tienen por objetivo el realizar acciones adecuadas a la naturaleza del hombre; para que exista esa virtud, necesariamente se adquiere a través del esfuerzo personal.

La naturaleza proporcionó a todo ser humano una o varias virtudes: es tarea y trabajo personal descubrirlas y desarrollarlas con esfuerzo y lucha; si no existe esfuerzo y lucha serán otra cosa menos virtudes. La esencia y estructura elemental de las virtudes es el esfuerzo y lucha.

Tres: continúa Santo Tomás de Aquino desarrollando su fascinante pensamiento describiendo de manera genial ¿Qué es la pasión? ellas, nos dice, no constituyen un verdadero obstáculo o impedimento para la aplicación de la moral en la vida, puesto que sin las pasiones, el hombre en la vida sería demasiado débil. El peligro se presenta cuando las pasiones dominan la vida moral del hombre: en ese caso no habría ya realización o concretización de valores, en base a que el objetivo y finalidad de la vida humana estaría perturbado y desvirtuado por la pasión dominante.

Concluyo. Las virtudes son las armas del hombre para luchar en contra de las pasiones: La esencia de las virtudes es el esfuerzo y la lucha en contra de las pasiones, que vigoriza y fortalece el carácter del hombre para que se enfrente a la complicada, solida e impenetrable vida moral.

La virtud no se puede ejercitarse sin pasiones y en consecuencia el hombre se enfrentaría débil y raquítico a la siempre poderosa y enérgica vida moral. El hombre le debe todo al Gran Arquitecto del Universo: el hombre debe conocer con certeza y objetividad esa deuda para pagarla con puntualidad y precisión… esa es la Luz.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!