Que todos sepan quién eres

By on 07/12/2016

En agosto comencé con este espacio en donde me permiten compartir temas de salud pública, cáncer y participación social. Recuerdo que al tratar de abordar la primera columna, solo bastó recordar un momento que me dejó un gran aprendizaje, el “quitar etiquetas”.

De manera curiosa, hoy en el trabajo, un amigo puso el video del cierre del evento que narro en dicha columna y no pude evitar recordar el estar ahí sentada; viendo a todas las personas de la sociedad civil, empresarios, funcionarios y jóvenes. Pero lo más importante es que, entre el mar de personas, recuerdo perfectamente a Elmer.

Déjenme les platico quien era Elmer. En ese entonces, era un joven estudiante de Psicología, era voluntario en varias asociaciones civiles, y quien trabajaba arduamente para llevar programas y proyectos que atendieran a la juventud de Guadalupe, lugar donde vivía. Además de lo mencionado anteriormente, era tallerista y vicepresidente de una asociación civil.

Cuando platicaba sobre el Valle de Juárez y Guadalupe, podían sentir el amor y la pasión; por lo que no era difícil darse cuenta por qué disfrutaba tanto trabajar con las juventudes de la zona.  Pero este interés no solo se quedaba ahí, sino que buscaba capacitarse y formalizar sus programas y propuestas.  Para proponer programas bien fundamentados en el Valle, Guadalupe y Cd. Juárez, incluso realizó su tesis acerca de las consecuencias psicológicas generadas por la violencia.

Y es que no quiero dejar nada de lado, quiero que sientan que lo conocen.

Una de las actividades en las que destacaba era en impulsar programas y eventos donde pudieran capacitarse los jóvenes de Guadalupe y El Valle. Y esto es sumamente importante.

Cuando pensamos en jóvenes de la ciudad, por lo general solo pensamos en los jóvenes de Ciudad Juárez, dejando de lado a los jóvenes que viven en el Valle de Juárez y Guadalupe. La mayoría de los programas de gobierno y programas de asociaciones civiles se centran en los AGEBS o colonias que se encuentran dentro de la ciudad. A comparación con Juárez, son escasos los casos o ejemplos en los que tanto el gobierno municipal como el estatal, así como la sociedad civil haya implementado programas de atención a la juventud en el Valle o Guadalupe.

Esto es lo que aprendimos de Elmer. Al compartirnos su experiencia nos permitió ver que no solo el gobierno y la sociedad civil, sino también nosotros como ciudadanos cerramos nuestro límite geográfico a “Juárez”, sin darnos cuenta que no podemos hablar de Juárez sin incluir al Valle y Guadalupe.

Juárez y su vida diaria dependen de las personas que día a día viajan más de 2 horas de camino para acudir a su escuela, trabajo y actividades sociales. Esto es lo que Elmer nos enseñó a ver y a valorar.

Con su ejemplo, buen humor, ideas y ocurrencias, nos acercaba a aquella zona geográfica de la cual estábamos tan alejados socialmente.

¿Ya se imaginan como era su personalidad e iniciativa? A eso agréguenle una gran empatía y actitud de servicio. Ese es el Elmer que me saludó y abrazó aquel día. Ese es el Elmer con el que me quedo; y ese es el Elmer a quien perdimos.

Esta semana se cumplen 2 años desde que Elmer ya no está con nosotros; sin embargo, sus enseñanzas y motivación nos siguen acompañando. Elmer nos deja el ejemplo y la tarea de trabajar por los jóvenes de nuestra ciudad, incluyendo El Valle y Guadalupe.

Y esa es una tarea que debemos continuar por él.

Agencias / Redacción
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