¿Somos malos investigadores los mexicanos?

By on 26/04/2017
Dr. Jorge Luis García Alcaraz

En el número anterior he mencionado que eran muy pocas las patentes generadas en México, específicamente en las instituciones de educación superior que reciben apoyo para proyectos de investigación.

Entonces a pesar de tener ese apoyo gubernamental, la pregunta que conviene hacer es ¿somos malos investigadores los mexicanos? En esta ocasión buscaré dar algunos datos y menciono una anécdota y usted haga su propia conclusión.

El primer dato que deseo compartir es una relación de inventos generados por investigadores mexicanos que podría decirse que han ayudado a cambiar drásticamente los conceptos que se tenían en ciertas áreas de la ciencia y no son los únicos inventos, pero por razones de espacio solamente se mencionan algunos, tales como: la televisión a color, la píldora anticonceptiva, tinta indeleble, pintura antigraffiti, máquina tortilladora, sistema de tridilosa, fierro esponja, hélice Anáhuac, concreto traslúcido, obturador automático flotante, helicóptero Villasana, el juego denominado maratón, el jetpack de propulsión personal, sistema de protección de rompeolas, automóvil ecovía, pilotes de control, el mousepad, maíz de calidad proteínica, la tecnología book on demand, entre otros.

De acuerdo a la lista anterior, se empezaría a creer que en realidad los mexicanos tienen un alto nivel de creatividad y que son varios los inventos que se han aportado como país, pero ¿dónde están esas empresas que explotan los inventos?, lo cual en lo personal creo que es el impulso que nos hace falta.

Es bien sabido que los grandes genios a lo largo de la historia se han caracterizado por ser malos administradores, ya que se limitan a generar simplemente grandes ideas. Otro problema también que se ha observado es que el inventor tiene pocos recursos económicos para explotar comercialmente su creación, por lo que se ve obligado a realizar sociedades económicas con inversionistas, las cuales muchas veces no funcionan y el caso más típico se encuentra en Nikola Tesla. Pero también se pueden mencionar casos en los que la sociedad inventor-inversionista si ha funcionado, aunque no quiere decir que sea lo mejor, como por ejemplo, General Electric que fue la empresa encargada de explotar las patentes generadas por Thomas Alba Edison y que actualmente se ve en muchos aparatos y equipos.

Para finalizar este reporte, les contaré la siguiente anécdota.

En el año 2014, en una visita a las instalaciones de una empresa coreana que es líder en tecnología, un grupo de personas apoyados por el gobierno de México, al final de su recorrido por el área de manufactura son saludados por tres personas que hablan un perfecto español y dada la forma en que están vestidos, se concluye que no trabajaban directamente en las líneas de producción.

Después de convivir un poco con ellos, uno de los mexicanos les pregunta cuál era su trabajo o actividad dentro de la empresa, a lo que uno de ellos responde: nuestro trabajo consiste en leer los artículos científicos que son escritos en español, traducirlos al coreano y pasarlo a nuestros ingenieros para analizar la posibilidad de explotar esos conocimientos ya generados.

Amigo lector, no sé si usted entienda este problema, pero yo lo veo así: Les estamos financiando la investigación a otros países porque nosotros lo publicamos de manera directa y no buscamos primero apropiarnos del conocimiento mediante una patente. Es decir, nosotros hacemos y financiamos la investigación, pero son otros son los que la patentan y explotan comercialmente, a quienes después les tenemos que pagar regalías.

Amigo lector, concluya usted si somos malos investigadores o tenemos un sistema de gestión del conocimiento que no funciona.

¿Qué podría cambiarse para mejorar esa situación?

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