¿En qué siglo la humanidad extravío la ciencia y la virtud?

By on 30/08/2016
Guillermo Chavez

La Evolución es el desenvolvimiento o desarrollo normal y natural de las cosas hacía la perfección, sin la intervención de la inteligencia, pensamiento, razonamiento y entendimiento del hombre. El hombre mismo evoluciona perfeccionándose con la condición de no ejercitar su poder de voluntad. Es decir, las cosas y el hombre lograrán su perfección de forma autónoma e independiente sin la intervención de un elemento extraño.

Al contrario, el Progreso es la intervención voluntaria de la inteligencia, pensamiento, razonamiento y entendimiento del hombre para conocer los principios y las leyes naturales que rigen el desarrollo de los fenómenos naturales y el orden en el universo, aplicándolos únicamente en beneficio del hombre y de las cosas con la intención de perfeccionarse. Es decir, el Progreso es la capacidad de reducir o sintetizar el tiempo y espacio empleados por los fenómenos naturales y orden cósmico en su desarrollo ordinario para ajustarlos a las necesidades concretas del individuo.

La actitud plausible e inconforme del hombre para sólo estar en el mundo, lo ha conducido a investigar a la naturaleza y al universo para conocerlos y, también buscar conocerse a sí mismo. Con éste objetivo ha creado a la ciencia y a la virtud respectivamente.

La ciencia es la herramienta más eficiente que el hombre ha creado con el objeto de descubrir los principios y las leyes que orientan los movimientos de los fenómenos naturales y que gobiernan el orden de los cuerpos celestes en el Universo. Sometiendo ese conocimiento científico al crisol del examen riguroso y estricto de los hechos empíricos, certificando tecnológicamente la validez del conocimiento científico.

La virtud, generada por las facultades de Inteligencia, voluntad, razón, entendimiento, entre otras, es un instrumento vigoroso, concebido por el hombre con el propósito de conocerse y desarrollarse a sí mismo, empleándolo en la lucha constante y permanente en engrandecer y nutrir las facultades que impulsan el desarrollo individual por medio de un trabajo arduo y exhaustivo, debilitando la potencia de su vicios e imperfecciones.

Esta herramienta y este instrumento, de la ciencia y de la virtud respectivamente; cuando funcionan de forma aislada y de manera independiente trabajan de manera inútil y estéril; es necesario fusionar a la ciencia y a la virtud para que su trabajo sea fértil y útil al hombre, conduciendo a la humanidad al progreso.

El conocimiento científico y las facultades virtuosas fusionadas y trabajando de forma sincronizada generan el progreso por medio de una tecnología en términos morales. Sin embargo, la tecnología facilita al hombre el curso por la vida, que engendra en él ociosidad y pasividad incitándolo a evitar el trabajo arduo y exhaustivo que demanda la búsqueda del conocimiento científico y la práctica de las virtudes. Prefiriendo la comodidad de la tecnología.

En consecuencia, la tecnología ha secuestrado al hombre: la actividad de la humanidad se distanció de la actitud de admiración ante los fenómenos naturales separando al olvido la disposición de arrancarles de su esencia los principios y las leyes que regulan su desarrollo. También, la tecnología ha sepultado a la intención del hombre en alcanzar la virtud, fundamentalmente por la enorme facilidad de cursar la vida con el apoyo de la tecnología y debido al trabajo arduo y extremadamente exhaustivo que demanda la práctica de las virtudes. Observemos: conforme avanza la tecnología la virtud desaparece sistemáticamente.

Delimitar una acción científica o virtuosa de la humanidad es complicado, pues se pierde en los tiempos y la ahoga la tecnología. La historia se ilumina con el interés del hombre de cada época, asimismo, la oscuridad se genera en la apatía del hombre escondida en el tenebroso y lúgubre sótano de los siglos: la ciencia y la virtud en la humanidad se pierden desesperadamente al considerar que el interés del hombre no siempre es científico, virtuoso o progresista; al estimar que la apatía en el hombre no siempre es retrograda, viciosa o ignorante.

Basta observar un artefacto moderno, analizarlo, separando sus partes hasta llegar a sus elementos esenciales; se encuentra que estos elementos esenciales son técnicas producto directo e inmediato de los principios y leyes naturales descubiertas hace siglos; revelando que los últimos cambios obedecen única y exclusivamente a los efectos de la técnica o de la tecnología extraños a la ciencia.

De igual manera, basta observar los actos actuales de la humanidad, analizarlos y determinar sus elementos esenciales para descubrir una carencia absoluta y preocupante de virtudes morales. El hombre justifica los actos de la humanidad única y exclusivamente bajo los conceptos vigentes de la técnica o tecnología, valorando las virtudes morales de anticuadas e inaplicables.

El encandilamiento del resplandor y del destello de la tecnología impide al hombre observar a la ciencia y a la virtud, las tinieblas de la oscuridad de las catacumbas donde la historia las depositó gradualmente paralizan y reprimen la mínima intención voluntaria del hombre de buscar el progreso con base en ellas: ante este dilema es menester preguntar en que siglo la humanidad extravió la ciencia y la virtud.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!