Racismo a la mexicana, extremismo y exclusión social

By on 04/07/2017
Lic. Eduardo Quezada Compañ
  • Frijolero.
  • Tizoc.
  • Indio bajado del cerro a tamborazos.
  • Nopal.
  • Cara de ídolo prehispánico.
  • Prófugo del petate.
  • Pata Rajada.
  • Negro cara de chango.

Estas son algunas de las exhalaciones racistas citadas frecuentemente en México. Hace tiempo se difundió un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre la humillación y el maltrato que sufrieron tres indígenas tzeltales de Chiapas cuando agentes de migración mexicanos los detuvieron y trataron de expulsarlos de su propio país con destino a Guatemala, de donde los funcionarios consideraron que debían de provenir aquellos sospechosos de no-mexicanidad.

Un caso como ese lo que evidencia es que en México hay mucho racismo, lo hay dondequiera que mires. En los estratos ricos, en las capas acomodadas, en la clase media. Hasta en los sectores más pobres, incluso entre indígenas; es dramático, cuando tienen un hijo más blanquito creen que es mejor. “El desprecio a lo indígena es generalizado y antiquísimo, una herencia colonial que sigue permeando a la sociedad tanto en la cúspide como en la base. Eso es lo más trágico. Es un racismo transversal”.

En México, un país en el que más de 15 millones de personas (10% de la población) se consideran indígenas, no hubo un órgano centinela de la diferencia hasta la creación en 2003 del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Hoy, según las encuestas, uno de cada dos mexicanos reconoce que en su país se sufre discriminación por el color de la piel, y las personas de piel morena oscura tienen un 51% menos de potencial de riqueza que las blancas.

Pero ¿Qué es el racismo a la Mexicana? ¿Qué significa la frase de: “Hay que Mejorar la Raza”?

Para empezar que hay razas mejores y razas peores y que deberíamos inclinarnos a mezclarnos con las superiores (igual y se nos pega algo… lo cual es una tontería). Y así, preferimos la amistad con el güerito y juntarnos con la “gente bonita” o la “gente bien”.

Todas estas expresiones indican tanto una actitud racista de exclusión, como prácticas clasistas de discriminación y que no tienen ningún sentido, un güero, un moreno y un negro tienen la misma posibilidad tanto para ser unos genios con corazón de oro, como para ser unos idiotas que se comportan como cretinos.

Además decimos expresiones como: los mexicanos son guadalupanos, los mexicanos son ‘morenitos’ o todos los mexicanos hablan español; entre otras generalizaciones, que invisibilizan a todos los individuos tan diversos que viven en nuestro país y los obligan a dejar atrás sus propias identidades para poder “aspirar” a ser aceptados en la sociedad dominante.

Emiko Saldívar, profesora del departamento de Antropología de la Universidad de California en Santa Bárbara:

“El racismo en México es de asimilación, no de segregación. Se piensa que es más benigno porque te dice “si te pones abusado, haces alguna alquimia y te adaptas, ya no vas a ser víctima de discriminación”, cuando el verdadero problema es que eso sea una opción”

Es decir, el racismo mexicano no divide a las razas sino que da preferencias a una características sobre otras y los individuos con características menos privilegiadas tienden a imitar a los más privilegiados, aunque eso signifique discriminar a la gente que es igual a ellos. Otra característica del racismo mexicano es que, a diferencia de otros países donde la división es más clara, en nuestro país las posibilidades de combinación son muy grandes, lo que da como resultado que la misma persona que es discriminada en un contexto, discrimine en otro.

Sin embargo, ¿Qué podemos hacer al respecto?

Podemos hacer campañas de educación intercultural, hacer una política de medios que no solo exalte el modelo occidental de belleza; por ejemplo, que no todos los modelos de anuncios sean blancos con pelo rubio, ya que la mayoría de los consumidores de nuestro país no son así y, sobre todo, hablar del tema, hablarlo mucho y hacerlo visible.

No solo los mexicanos con piel oscura sufren por las prácticas racistas, tal vez ellos estén limitados económicamente y socialmente, pero también los otros colores de piel sufren de discriminación. A los “güeros” se les extirpa la nacionalidad en su propio país, muchos de ellos tienen que soportar que comerciantes les quieran ver la cara por considerarlos “extranjeros¨. Del mismo modo, recuerdo a un amigo afro mexicano, él prefiere que le digan negro… o mejor, que lo llamen por su nombre; todo el tiempo le preguntan que de qué país viene, como si por ser negro no pudiera ser mexicano.

Ya es hora de aceptar y respetar que en nuestra nación viven varias culturas, desde los pueblos originarios, hasta las comunidades coreanas, judías o libanesas y que todos los individuos son mexicanos por el hecho de haber nacido aquí, sin importar su religión, idioma, apariencia física o posición social.

La cosa no solo es que la gente comience a respetar a los otros, también hay que ver la manera en que las políticas públicas pueden reparar la marginación de tantas generaciones que han limitado las oportunidades de crecimiento de tantos sectores de nuestra población.

Eduardo Quezada Compañ

Eduardo Quezada Compañ
Abogado • Columnista | + artículos

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