Quiero y merezco privacidad, confidencialidad y un trato digno

By on 10/05/2017
Mtra. Lourdes Tejada

¿Será que respetar la dignidad del otro es realmente tan difícil?

Hace unos meses compartimos sobre la privacidad del paciente pediátrico tratando de invitar a la reflexión sobre el impacto negativo que generamos en la vida de los menores de edad. En su momento, decidí enfocarme en los niños y niñas, ya que, por su edad e inocencia, es imposible que ellos demanden el respeto al derecho a su privacidad; podrán reconocerse incómodos con la situación, pero no vislumbran el daño a sus derechos y privacidad. Sin embargo, debería ser más claro para nosotros como jóvenes y adultos, el identificar fácilmente cuando estamos incomodando, usando a otros o pasando los límites de la privacidad de la otra persona. Deberíamos, o ¿no? Hasta por sentido común.

Entonces, ¿por qué cada vez son más frecuentes las clínicas, hospitales, asociaciones, colectivos y personas que comparten fotografías de pacientes hospitalizados, pacientes canalizados recibiendo tratamiento, pacientes que presentan malestares, pacientes que claramente no están cómodos con ser fotografiados?

La intimidad es un Derecho Humano fundamental que forma parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos desde 1948. Éste, protege a la persona y su información personal de la intromisión no deseada. En otras palabras, resguarda y protege a la persona y sus datos personales.

Además de este Derecho Humano, en nuestro país, todo paciente -de cualquier diagnóstico- cuenta con diez derechos, los cuales deben ser respetados en cualquier lugar donde se reciba atención medica -asociación civil u hospital público o privado- y en cualquier etapa del diagnóstico y tratamiento.

Entre estos, se ubica el derecho a un trato digno y respetuoso: el cual estipula que todo el personal del hospital, asociación o clínica, deberá otorgar un trato digno y respetuoso a los pacientes y sus acompañantes. Con todo el personal, hago énfasis al personal médico, de enfermería, administrativo, voluntario, en fin, cualquier persona que conviva con el paciente y sus acompañantes.

Otro de los derechos, es el derecho a la confidencialidad: en donde se señala que la información correspondiente al diagnóstico de los pacientes, debe ser tratada con absoluta confidencialidad; y solo podrá ser divulgada con autorización expresa de su parte. En otras palabras, todo lo relacionado con el diagnóstico no puede ser compartido, a menos que el paciente lo decida.

Pareciera que estos derechos son claros y sencillos, entonces, ¿por qué se dificulta tanto respetarlos?

Existen innumerables estudios sobre los derechos a la intimidad, privacidad y dignidad de los pacientes, por lo que es imposible decir que nos falta información al respecto. Tan solo el estudio de Villamizar, Moreno y Moreno, señala que la publicación de fotografías y comentarios -referentes a los pacientes, su diagnóstico e información privada- se cataloga como una conducta inapropiada, ya que compromete el profesionalismo y la ética del personal médico. Yo aquí agregaría, no solo del personal médico, sino de cualquier persona que conviva con el paciente.

Como sobreviviente de cáncer, debo decir que ya me cansé de “pedir por favor” algo que, además de estar estipulado en documentos oficiales, queremos y merecemos: privacidad, confidencialidad y un trato digno. Y como yo, hay miles de personas que quieren decir:

  • El estar hospitalizado o recibiendo tratamiento no es una ocasión para sacar una fotografía o
    video impactante; es un momento privado. ¡Quiero y merezco privacidad!
  • El que pierda el cabello o tenga efectos secundarios, no me hace más interesante para ser fotografiada; es un cambio al que me estoy adaptando. ¡Merezco respeto y tiempo para asimilarlo!
  • No soy un maniquí, ni escenografía que puede ser usada para modelar las donaciones u obsequios, menos cuando estas fotografías o publicaciones me identifican y comparten detalles de mi diagnóstico o tratamiento. ¡Soy una persona y participaré en las fotografías cuando yo me sienta cómoda y de la manera en que me sienta cómoda!
  • No me obligues a asistir a eventos cuando sabes que me siento mal. ¡Respeta mi tiempo para sanar!
  • Y lo más importante: No me uses para tu promoción, personal o institucional. ¡Merezco respeto!

Entiendo que en ocasiones las asociaciones, hospitales, clínicas y colectivos puedan requerir presentar pruebas de sus servicios, y es aquí donde debemos ser creativos para cumplir con sus obligaciones, a la vez que se respeta a quienes se les ofrecen servicios.

La regla es sencilla. No pedimos mucho, solo lo que nos corresponde: privacidad, confidencialidad y un trato digno.

Si conoces a alguna asociación, hospital, clínica, colectivos o persona que no está respetando tus derechos o los de tu familiar, comparte esta columna. Es momento de que entre nosotros exijamos un trato digno.

Lourdes Tejada
Presidenta en | + artículos

Titulada en Diseño gráfico y pasante de la Maestría en Acción Pública y Desarrollo Social. En su experiencia destaca el ser co-fundadora de una asociación civil y ser miembro fundador de una red de agrupaciones juveniles. Ganadora del Premio Nacional UVM por el Desarrollo Social, cuenta además con el Premio Estatal de la Juventud, el Reconocimiento a Mujer del Año de Ciudad Juárez y la mención de Mujer Líder de México.