El progreso no depende del acuerdo de voluntades

By on 22/11/2016
Guillermo Chavez

Ejercer la facultad del libre albedrio requiere conocimiento firme y solido de elección y de decisión, de lo contrario, es obediencia a los dictados impulsados por los instintos. Sin embargo, la felicidad del hombre germina abundantemente en la obediencia a los instintos, disminuyendo y debilitándose en el ejercicio del libre albedrio. Por eso, la obediencia absoluta a los instintos es la ignorancia necesitada del ejercicio del libre albedrio para dignifica esa felicidad.

El libre albedrio conduce al hombre a ejercitar simultáneamente la reflexión, la razón y la inteligencia de forma individualizada, por este motivo son referentes: que las obras de arte las crea un individuo, sin la mínima intervención de otro; las leyes científicas las describe un solo entendimiento absolutamente independiente; las grandes construcciones filosóficas las generan el pensamiento de un solo hombre, entre otra varias referencias.

El estímulo de los instintos encausa al individuo a construir sociedades para satisfacer las necesidades en búsqueda de la felicidad placentera. Por esta causa y ejemplificando: las costumbres son consideraciones obligatorias infundadas de una comunidad; la guerra es el campo de acción de la confusión y desorientación de dos o más colectividades; la agresión sin justificación a la naturaleza es de toda la humanidad, entre otros más ejemplos.

Con base en estos argumentos, se estima que las acciones constructoras corresponden al individuo independiente; las reacciones destructivas son relativas a las colectividades sociales acomodaticias.

En estas condiciones, las reacciones de las colectividades se vuelven sospechosas de desorden; ha menester de un freno físico para disminuir o eliminar su actividad destructiva; es frecuente la negación sistemática para escuchar consideraciones fundadas en la inteligencia, razonamiento o reflexión. Basta observar la dinámica de cualquier grupo actuando en sociedad para tener un ejemplo vigente.

También, en estas condiciones, el individuo con capacidad de penetrar con inteligencia, reflexión o razonamiento para poder conocer a profundidad, se aleja de la agitación social que no le es necesaria, por haber vencido con sus facultades intelectuales el poder de los instintos. Así, libre de la opresión y de la coacción de los instintos, el individuo es capaz de percibir y concebir los más elevados y más profundos conceptos en las artes, en la ciencia, en la filosofía, entre otras actividades humanas a las cuales la colectividad carece del talento indispensable para entenderlas.

En estas claras y evidentes circunstancias es riesgoso estimar el criterio de una colectividad para promover el progreso, su apreciación es instintiva más no intelectiva como lo requiere el progreso; diferente es, escuchar y observar con profunda atención la situación de necesidad que genera el impulso instintivo, para que en su momento el progreso satisfaga con precisión esa necesidad de los hombres en sociedad.

El progreso se genera con la estricta aplicación de la inteligencia, de la razón, de la reflexión y, de todas las facultades intelectivas del hombre en el aprovechamiento justo de los recursos naturales, la explotación injusta de los bienes de la naturaleza ya no es progreso, es otra cosa.

Para concluir este trabajo: el individuo piensa, las colectividades no piensan. La historia declara que cada paso de la humanidad hacia el progreso se gestó en el trabajo en silencio y en soledad de un individuo con las herramientas intelectuales de la razón, la inteligencia, la reflexión, entre otras más. De esta forma, el seguimiento y concatenación de cada paso, de cada individuo ha logrado el desarrollo del progreso en el grado en que se encuentra hoy.

También, la historia teje un sinnúmero de hechos trágicos originados por el impulso descontrolado de las sociedades que solo han reaccionado a los impulsos instintivos, más que construir el progreso lo han destruido.

El progreso dependió, depende y dependerá del individuo ejercitado en el estricto uso de las facultades intelectuales aplicadas en obtener de los recursos naturales un beneficio a la humanidad y jamás el progreso dependió, depende o dependerá del acuerdo unánime de una colectividad esclavizada por el poder y dominio de los instintos.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!