Prisioneros del Ego

By on 31/01/2017
Guillermo Chavez

El hombre a través de la historia ha buscado sin descanso el conocimiento; el ego y la libertad del individuo le ha llamado poderosamente la atención, tanto así, que han existido múltiples escuelas místicas, una gran diversidad de religiones y corrientes filosóficas que dedicaron y dedican sus esfuerzos a fin de darle explicación y claridad a estos dos conceptos.

El individuo, valga la expresión, tiene dos personalidades; una verdadera y una falsa: La personalidad verdadera es relativa a la esencia del individuo; la personalidad falsa se refiere al ego de la persona.

La esencia del individuo o personalidad verdadera, la podemos definir de la siguiente manera: es el conjunto de elementos de una persona que le dan individualidad; de tal manera que si falta o se añade un elemento, simplemente ya no es esa persona. Ejemplo: Un elemento esencial, que le da individualidad a Juan Gabriel es ese don de cantar de manera maravillosa; si Juan Gabriel dejara de cantar de esa forma, simplemente no sería el Juan Gabriel que conocemos, tendría otra individualidad ya que le faltaría ese elemento esencial de su personalidad.

Por otro lado. El ego o personalidad falsa, son todos aquellos hábitos, costumbres, actitudes, etc., que el hombre ha ido acumulando alrededor de su esencia durante el desarrollo de la relación con sus semejantes en sociedad; esta personalidad no le pertenece, la ha ido adquiriendo con el contacto social. Ejemplo: Cuando una persona carece en su esencia de las facultades de un Orador, más con el esfuerzo y constancia logra ser un buen Orador.

Cabe mencionar que al ego lo podemos dividir en dos: ego dominante y ego dominado.

El primero, el ego dominante, es aquel que domina al individuo, haciéndole creer que esa actitud, ese hábito, esa costumbre etc., son elementos esenciales de su personalidad y que le dan individualidad. En este ego dominante, se cree falsamente que la decisión es propia, con libertad, sin enterarse que la decisión corresponde a un factor externo ajeno a la persona.

El segundo, el ego dominado, son aquellos hábitos, actitudes, costumbres etc., que el individuo sabe conscientemente que no son elementos esenciales de su personalidad, más los utiliza en beneficio propio o de sus semejantes. Sabe que no le pertenecen.

En consecuencia, cuando el ego dominante es mayor que la esencia, el individuo no es libre en esa proporción, es esclavo de esa falsa personalidad que lo domina; al contrario, cuando la esencia de la persona es mayor que el ego dominante, el individuo está en una mayor libertad de decidir por él mismo.

Entendiendo el concepto libertad, como la posibilidad de elección de una persona sin estar determinada por un factor ajeno a ella.

A manera de conclusión. Hoy la conquista del hombre ha dejado de ser territorial, convirtiéndose en una conquista personal.

Ésta, la conquista personal del hombre, se consuma limitándole lo más sagrado y sublime que tiene: su derecho a pensar y razonar, única facultad que nos distingue de los demás seres vivos.

Ese derecho de pensar o razonar debe ser producto de nuestra esencia como personas, deben estar en armonía con aquellos elementos que integran nuestra individualidad, así y solo así, estamos en posibilidad de ejercitar la libertad con plenitud.

Lo contrario, cuando esos intentos de pensar y razonar son fruto del ego dominante, de esos actos, hábitos, costumbres, etc., que no son nuestros; esas decisiones simplemente no nos pertenecen y carecen del más mínimo de ejercicio de libertad, corresponden sí, a intereses ajenos a nuestra voluntad: es el sutil mecanismo de conquista personal que hoy en día está en plena vigencia.

El desgarrador capitalismo que actualmente nos sofoca, finca su imperio en el ego dominante; siembra y cultiva con eficacia nuestra falsa personalidad, saturándola de hábitos, costumbres, actitudes, etc., que hoy nos tienen conquistados.

Es cuánto. ¡Un abrazo fraterno!