Política sucia

By on 18/05/2018
Lic. Héctor Molinar Apodaca

Un verdadero desorden el sistema político nacional que da vergüenza ajena. Las campañas políticas de todos los cargos públicos de elección popular, muestran el verdadero rostro de una política en crisis sostenida con alfileres. Es notorio que la ignorancia se impone ante los candidatos, que desean asumir al poder sin el conocimiento elemental de la función que la Constitución y las leyes aplicables les exigen, en caso de llegar al triunfo.

Lo mismo ocurre con la ciudadanía en edad de votar, que ignora la importancia que estriba el voto como un deber cívico. Podemos deducir que quizá la mayoría de los que tenemos credencial para votar, desconoce la manera en que se integra el sistema político que ordena la Constitución. Tres Poderes que determinan la vida de más de 124 millones de mexicanos, dependerán del voto que se aproxima el día uno de julio. La educación cívica obligatoria es prescindible en las aulas desde la primaria.

Lo anterior tras analizar que la reforma educativa y las anteriores, han fallado en su principal objetivo, que es el de orientar a la sabiduría aprovechando la inteligencia y capacidad de retención que tenemos los seres humanos. Sobre todo en una nación tan generosa por la ubicación del territorio y la riqueza natural que nos proporciona la oportunidad de crecer a través de la práctica directa con la naturaleza y la cultura de nuestros antecesores.

Cuando el candidato no tiene nada que ofrecer porque es un ignorante, pero que logra llegar a una candidatura gracias a su partido político o padrino, provoca que haya desgaste hasta en su publicidad, mediante asesores que buscan la manera de penetrar en la conciencia ciudadana, con el único fin de amarrar con mensajes subliminales y de engaño el triunfo electoral. Es lamentable que a nivel nacional estemos tan mal y eso se refleja básicamente en la caída del nivel de educación que tenemos en los últimos cuarenta años.

Así nos percatamos de la fuerza asumida por los partidos políticos, en manos de empresarios voraces y políticos corruptos, que utilizan como títeres a sus discípulos que contienden simulando actos democráticos. Ese grupo de empresarios y corruptos controlan la economía nacional con transacciones internacionales que les convierte prácticamente en los dueños del país. La ignorancia sigue siendo un gran aliado para disminuir la protesta nacional contra el mal gobierno, que ya es insostenible.

Si la corrupción ha llegado hasta la más alta investidura de la nación, es entendible que de ahí para abajo todo se ha venido desmoronando por la falta de honestidad y equilibrio en la democracia. Las universidades del país, son parte del negocio de los partidos políticos que determinan nuestra forma de vida, bajo el engaño sostenido en los antecedentes históricos manipulados para beneficiar los intereses perversos de los traidores de la patria. Por ello tampoco sorprende el bajo nivel de educación de los representantes del pueblo en el Congreso de la Unión, salvo sus muy respetables excepciones.

Me queda claro que hemos caído tan bajo, que nos conformamos con promesas que son obligaciones de cumplir y no favores ni premios a la sociedad que reclama una administración coherente, respetable, honesta, transparente y equitativa. Políticos que en sus discursos utilizan frases que le llegan a los ignorantes porque nunca han aprendido siquiera lo que significa la democracia, la libertad y los valores civiles. Políticos acostumbrados a servirse de la gente y de las prestaciones sociales independientemente del enriquecimiento ilícito que han procurado dejar a salvo en la legislación.

Son acciones preparadas bajo el esquema profesional de delincuentes que controlan incluso al crimen organizado, poniendo en el frente como carne de cañón a los ignorantes que se creen dueños de los cárteles y que tienen el tiempo contado para ser libres o estar vivos. La política sucia ensucia todo lo limpio y destruye todo lo construido. Se sostiene enfrentando ideologías y religiones y nos entretiene otorgando formalidad a la ilegalidad o transformando lo anormal como normal.

Un país sostenido en la riqueza de su gente buena, que sigue trabajando de sol a sol para complacer al amor que le brinda su quehacer diario y satisfacer a su familia o seres queridos. La riqueza que otorga la satisfacción de dar y hacer, en el deber de lo que la conciencia limpia indica tras ser humilde y orientado por principios y valores inculcados desde el seno materno. Un México que se levanta, camina y habla a pesar de todo.

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Héctor Molinar Apodaca
Abogado | abogado@hectormolinar.com | + artículos

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.

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