Nuevo amanecer en Chihuahua

By on 04/10/2016
Guillermo Chavez

Observando someramente los hechos que la historia describe en las dos últimas décadas, sin escuchar los discursos vacíos del Gobierno, de todos los partidos políticos y de aquellos con intereses en estos dos o en alguno de ellos, sobresale en el transcurso del tiempo hasta nuestros días aquel domingo 2 de Julio del 2000: la sociedad mexicana experimentaba, inocentemente, el derrumbe del Sistema Político Mexicano al perder la elección presidencial el Partido Revolucionario Institucional y la conquista del poder por los conservadores a través del Partido Acción Nacional.

La sociedad mexicana disfrutaba del alivio al dolor causado en el pasado por el sistema político mexicano sinónimo, aparentemente, del Partido Revolucionario Institucional, que yacía sepultado en el abismo oscuro y tenebroso de la historia. Dispuesta la sociedad mexicana a deleitarse, con justicia, en las alegrías y beneficios inherentes al nuevo gobierno surgido del Partido Acción Nacional, se dispuso con asombro, entusiasmo y atentamente a experimentar esos grandes cambios que transformarían la organización y dinámica de la sociedad orientándola hacia el bien común, en beneficio de  cada individuo.

La emoción sin reflexión dominó a la sociedad: se adjudica infundadamente como propios los actos de la oposición formada por el PRI y los actos del PAN integrados en el Gobierno; generando, por un lado, se culpara exorbitantemente al contrario de las desgracias sociales y, por otro, se exaltaran exageradamente los propios o adjudicados aciertos.

Los sentimientos de cambio se tornaron en angustia de inseguridad, originada por la incapacidad de la sociedad y el gobierno de ceñirse con estricta disciplina a las exigencias y demandas que toda evolución reclama. Desconociendo las causas objetivas que generaron esa trasformación y olvidando encauzar su dinámica a lograr los efectos necesarios y justos. Dedicándose, sociedad y gobierno a embriagarse del cambio paupérrimo e intrascendente en lugar de aplicar su esfuerzo e inteligencia en el logro de la trasformación social abundante y trascendente.

En estas  dos últimas décadas, la sociedad y el gobierno de México han recibido una costosa y sangrienta lección; el orgullo y el egoísmo no deben evitar el beneficio social de esta experiencia: es una calamidad y un infortunio cuando la felicidad o desgracia de un individuo o de una sociedad dependen de un solo hombre o de un solo gobierno.

Esta experiencia debe centrarse en que aquel Sistema Político Mexicano adjudicado al PRI y que se suponía liquidado, únicamente puso al descubierto su vigor permanente y sus elementos fundamentales: gobierno, partidos políticos, lamentablemente también la sociedad y las pretensiones extranjeras; su vigor radica en la protección recíproca de sus intereses.

En consecuencia, todos somos el Sistema Político Mexicano. La sociedad y el gobierno de una época concreta no determinan la prosperidad o decadencia de una sociedad permanente, desgraciadamente son únicamente dos elementos de otros más que conforman un sistema. El pretender que esa sociedad y ese gobierno de un periodo, determinen el bienestar o retroceso de la sociedad continuada es una actitud enferma de egoísmo y orgullo y solo conduce al desorden.

La sociedad de hoy y el gobierno de hoy no son únicos, han existido en el pasado otras sociedades y otros gobiernos y habrá en el futuro otras sociedades y otros  gobiernos; toca a la sociedad y gobierno actuales mejorar lo que recibe  de herencia, para así heredar lo mejor a la sociedad y gobierno futuros; es una obligación jurídica sancionar lo ilegal que recibe, mas no embriagarse en ello, para evitar la parálisis y estancamiento de su tarea principal.

Inicia la Administración Estatal con el Gobernador Electo de Chihuahua Javier Corral Jurado y la Administración Municipal de Juárez con el Presidente Electo Armando Cabada, es justo desearles un trabajo abundante y generoso en beneficio de la sociedad; corresponde al individuo someterse a los dictados del orden jurídico en el cumplimiento de sus obligaciones, a fin de apoyar el buen funcionamiento de ambas administraciones; sin olvidar nunca, que el hombre tiene sus derechos naturales, sin ignorar jamás, que el individuo es propietario absoluto de sus derechos universales convertidos en límite de la función del Estado.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!