Mi encuentro con los alacranes

By on 13/08/2013

Debido a las lluvias tan fuertes que han ocurrido en Chihuahua algunos animales rastreros suelen meterse a las casas para resguardarse de la lluvia y del frio que esta provoca por las noches, hace unos días mi hija de apenas 4 años cuando entro al baño me dijo sorprendida: “Papi en el baño hay un triángulo con patas” rápidamente me levante para saber a qué se refería mi pequeña y ahí estaba el, un alacrán pequeño observándome como aquel arácnido que me hizo acordarme de una casa cuando recién llegue a Juárez.

Resulta que cuando llegue a trabajar a la frontera hospedaron en un hotel, y al paso de uno o dos meses me pidieron que me fuera a vivir a una casa que tenían rentada, el problema es que al casa carecía de muebles y lo único que tenia era una cama matrimonial con unas sabanas de color verde, por cierto no tenía ni aire acondicionado y para los meses de julio y agosto la frontera es muy calurosa.

Teniendo este antecedente un amigo que conocía el inmueble me dijo: “ten cuidado con la casa, porque está llena de alacranes  y si matas a uno la mama del alacrán viene y te pica” en ese momento sentí un sudor frio recorrer mi nada atlético cuerpo, ya que tenía que convivir con alacranes y no hacerles nada con tal de que no me picaran, lo mas cerca que había estado de un alacrán era cuando me regalaron un llavero de resina con uno de ellos adentro que decía recuerdo de Durango.

En ese momento me arme de valor entre a lo que seria mi nuevo hogar, suspire abrí la puerta y había 6 insectos de ese tipo, como no había aire acondicionado 2 de ellos salieron corriendo —me imagino que era porque tenían mucho calor, uno de ellos estaba en la cama, quiero creer que dormía, los otros tres en el suelo, uno dando vueltas y los otros dos me observaban, fui yo quien rompió el hielo y les dije: ya me entere que tienen un hijo al que no debo hacerle nada porque me puede acusar y no quiero problemas con ustedes, a partir de hoy yo también viviré en esta casa, tratemos de llevarnos bien y estoy seguro que la convivencia será buena.

Lo único que quería saber es que si el alacrán que estaba arriba de la cama era el hijo o si ese era un tío o que parentesco tenia con la familia, no quería molestar al pequeño alacrán por temor que fuera a llegar la abuelita, “ya saben cómo se ponen con los nietos, y siempre los están defendiendo”, después de tratar de entablar una armonía familiar entre los que serian mis acompañantes de habitación y al no recibir respuesta tuve que tomar una decisión muy drástica, salí a una tienda comercial compre un veneno de esos de los que dicen que matan a todos los insectos y empecé a rociarlos de insecticida todos al mismo tiempo, no podía darme el lujo de que alguno de los parientes regresara y me atacara, uno de ellos se resistía pero logre ganarles la batalla ya estaba orgulloso de ganar una guerra contra esos animales rastreros.

El problema ahora era que no podía dormir en la casa porque había un olor a veneno que no permitía quedarme ahí, siendo así me dispuse a regresar al hotel.

En verdad no quise batallar y en los días siguientes conseguí una casa con todas las comodidades y sin alacranes, por cierto los alacranes no es que protejan a sus hijos, lo que cuentan es que andan en parejas en muchos de los casos macho – hembra y las crías viven en la espalda de la hembra hasta que se pueden valer por sí mismo, por lo que hasta donde sé, ni la mama, ni el papa, ni la abuela, ni el tío borracho estaban en la casa, sino puras parejas, se los juro que sucedió y que son “Cuentos que no son Cuento”

Adrián Cruz
Antena FM-TV | adriancruz58@gmail.com | + artículos

Profesional con más de 25 años en diferentes medios de comunicación. En su columna, "Cuentos que no son cuento", comparte el anecdotario personal de un chilango viviendo en el norte del país. Muchas veces increíbles, pero siempre reales.