Los habitantes de “Allá Arriba”

By on 02/08/2013

Una carta ha dado de qué hablar últimamente. Mejor dicho, y para no quedar corto en la expresión, dicha carta ha causado más ruido que el rechinido de las vías del ferrocarril CHEPE, y puesto de nuevo una buena cantidad de ojos del país en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, y de nuevo, no por sus ofertas turísticas sino por la grave situación Dantesca que permanece “allá arriba”.

No sólo por su delicado contenido, sino a quiénes fue enviada a sus despachos y oficinas laborales. Fue escrita por los habitantes de Creel -representados por el Presidente de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A.C., el Padre Javier Avila, y por el Presidente Seccional de esa comunidad, Salvador Bustillos- como un desesperado llamado de auxilio al Gobernador del Estado, César Duarte, al Fiscal General del Estado Carlos Manuel Salas, al Secretario General de Gobernación -Miguel Ángel Osorio Chong-, al Procurador General de Justicia -Jesús Murillo Karam-, al Secretario de la Defensa Nacional -Salvador Cienfuegos-, al Comisionado Nacional de Seguridad -Manuel Mondragón-, y al Presidente del país -Enrique Peña Nieto-. Luego de varios días, y a casi dos semanas de enviada, el presbítero serrano comunica que nadie a excepción de Javier Corral Jurado, Senador de la República, y nadie más, ha dado un formal acuse de recibido.

Nadie.

Dicha carta dejó por demás claro el miedo y el desaliento de los habitantes de Creel a denunciar públicamente a las autoridades los asaltos, los homicidios y secuestros constantes a cargo de células del crimen organizado que dominan la zona, “dado que las únicas respuestas han sido más asesinatos, y más secuestros”.

El Gobernador chihuahuense César Horacio Duarte, al poco respondió pero sólo de manera mediática, es decir, optó por la vía de los medios y no en responderle al Padre Ávila por escrito, ni por teléfono, ni mucho menos telegrama (ahora sería enviarle un whats app, pero, al parecer tampoco lo haría), a lo que pareció desdeñó por aquellas de creer que la dolencia ante tanta violencia (hasta rima), se trata de un mero entramado político para hacerle tropezar.

Siguiendo con ese punto, el mandatario del estado territorialmente más grande del país señaló: “No pueden decirnos que hay ausencia, hay presencia y hay autoridad, los índices de inseguridad han bajado. No me parece prudente que se politice el tema”, a lo cual agregó que la situación en el estado de Michoacán “es la realidad que Chihuahua vivió diariamente tres años atrás”.

Si bien la criminalidad ha descendido en las ciudades chihuahuenses, es dentro de una gran relatividad, dado que permanece la desconfianza y el temor incluso a pitar al de enfrente y se trate de un muy irritable criminal armado -más si se trata de una camioneta o una pick up-, o a circular en las calles durante altas horas de la noche, dado que los homicidios y asaltos continúan -así que, sí es muy relativo-, pero omitir por estrategias políticas que ello no ocurre ni por error en las comunidades serranas, hacen parecer los férreos y contundentes argumentos del mandatario al discurso de un alquimista. Se reconoce ese relativo descenso del crimen en las manchas urbanas, pero esos índices son ilusorios para los hombres, niños y mujeres que habitan Creel, Bocoyna, Uruachi, Maguarichi, Ocampo, Guadalupe y Calvo, o el municipio serrano que nombremos.

El gran pueblo de la Sierra Tarahumara, aún vivo y latente, es un espíritu ejemplar, difícil de vencer hasta para la madre naturaleza. Sabemos qué y cómo los indígenas de la sierra toleran lo que ninguno de nosotros podríamos: desempleo, sequía, insuficiencia de autoridades, hambre casi permanente -el casi es lo que los mantiene con vida-, en fin, todo un por demás entendido panorama de desolación, y que sólo se esconde bajo el disfraz de la mercadotecnia, pero, ello no demerita en que requieran lo mismo que nosotros, los habitantes de ciudad.

En otra problemática serrana, pero parte de ese mismo entorno, ya son distintos comerciantes de artesanías regionales los que en recientes días han acudido, por iniciativa y recursos propios, a las oficinas de enlace del Senador Javier Corral Jurado representando a la voz de sus poblados. Se debe subrayar se trata de personas que se trasladan desde sus regiones hasta la capital chihuahuense, que más allá de las retiradas distancias y largas horas sentados en un transporte, representa para sus minúsculas y malheridas economías un auténtico y descomunal esfuerzo, sólo para, al menos, irse con la satisfacción de manifestarle al panista su abrumadora desesperación ante algo que, como es bien conocido por la sociedad mexicana, se trata de un mal histórico, añejo y arraigado en la región serrana: paisajes fuera de este mundo, y con una diversidad en recursos naturales envidiable internacionalmente, pero contrastan con la desoladora vida de la mayoría de los que la habitan.

Javier Corral no sólo mantiene abiertas sus puertas al diálogo para escuchar las causas y consecuencias del sufrimiento ajeno. A todos y cada uno de los trabajadores de artesanías y padres de familia que han acudido a buscarle en persona, les ha ofrecido una vía por la cual atajar una solución real. A todos y cada uno de ellos.

Don Antonio es uno de esos creadores de artesanías que emprendió el viaje, y expresó al panista -político llamativo y polémico, pues es incluso reconocido por

ideologías políticas opuestas a la suya dada su permanente lucha por el bienestar social- que su pueblo necesita, ya, y para ayer, la posibilidad de promover en el mundo los productos hechos en la Sierra Tarahumara, es decir, fuera de la burbuja conflictuada del estado, e incluso la burbuja del país, dado que los países de Europa significan para los artistas de la sierra grandes oportunidades de transformación hacia una prosperidad nunca antes vista. No es descubrir el hilo negro saber que las europeas, son sociedades, digámoslo como es, fascinadas con los productos que crean los indígenas de la tierra mexicana.

“España es muy buen cliente”, dice Don Antonio, “desafortunadamente el gobierno local nos ha propuesto comercializar con nuestros productos pero quedándose ellos casi toda la ganancia”. Agrega, con ira contenida en los ojos “…la Casa de Artesanías del Gobierno sí promueve el turismo, pero a nosotros no se nos ayuda. Los empleados en sus oficinas, no se mueven. Hasta por su propia conveniencia nos abrirían más caminos para el comercio internacional, pero hasta desconocen que de lo que se vende se les refleja en sus quincenas”. En contraste señala ver crecer la inflación de la economía local y ser cada vez menor la ganancia de sus productos.

Termina por desahogarse con el legislador, y reconoce: “Sí hay apoyo gubernamental, pero es poco, verdaderamente le aseguro que muy poco y no a todos nos llega siempre. Son 2 mil pesos pa’ cada artesano, pero tampoco hay regulación. Muchos otros, y sin serlo, se forman en las filas, se hacen pasar por artesanos, y dejan sin la ayuda a muchos que sí lo son. Muchas cosas están pasando allá arriba, por lo que batallamos, mire usted, hasta pa’ comprar un refresco”.

Don Antonio se pone el sombrero y le da la mano a Javier Corral, y se despide diciendo en el camino a la puerta: “el señor Gobernador, según él para solucionar nos asalten en las carreteras que comunican a Creel, nos hizo la propuesta de que cuando alguien necesitara hacer el viaje, nos saliéramos todos en caravanas durante la mañana, tarde y noche del día. Nos lo propuso como solución de fondo al problema, y fue rechazada unánimemente”.

Pero los que han venido, con distintas palabras pero se refieren a lo mismo: su repruebo hacia las versiones de las autoridades gubernamentales, de que“allá arriba no pasa nada”, simplemente ocurre que, ante la inexistencia de medios de comunicación en aquellos lares, los habitantes son sus propios portavoces de noticias. Las cuales la mayoría de las veces es mejor callar.

El presidente de la Comisión de Derechos Humanos en el estado de Chihuahua, José Luis Armendáriz, urgió se establezca en la Gendarmería Nacional que hace poco anunció el gobierno federal para que se limpien las carreteras y vías que comunican a la sierra de Chihuahua “y con trabajo de verdadera inteligencia, sean detenidos los grupos criminales”, declaró. Así mismo, lamentó “que personas que ahí viven en esas poblaciones, un día se visten con camuflaje para cometer un delito y luego regresan a sus comunidades; se visten normal y cuando llega la autoridad parece que no ha pasado nada”.

El señalamiento no tiene tintes partidistas, y por el contrario, en Chihuahua hablar con libertad es un valor muy escaso hoy en día ante el afán de algunos que quieren manipular la verdad, incluso amenazarla, y mostrar al público otras cartas. Si los gobiernos no reparan en la realidad serrana, ocurrirá que pronto esa misma realidad estará desbordándose mucho más fuerte que las mismas presas por las lluvias.

Y mientras la seguridad con efecto a largo plazo no aparece, tampoco se abren los canales de comercio internacional que beneficie a “los habitantes de allá arriba”, ellos permanecen viajando lejos de su pueblo en busca de respuestas, pero cargan el miedo, como un equipaje más.

José Miguel Ogaz
José Miguel Ogaz
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Egresado de la Universidad Regiomontana de la Licenciatura de Comunicación Social y Maestría en Periodismo cursada en la Universidad Complutense de Madrid.
Ha laborado en Milenio Radio y TV Azteca, ambos en la ciudad de Chihuahua.
Actualmente en el departamento de Comunicación y Enlace de Medios para el Senador de la República, Javier Corral Jurado.