El Individuo Compite y no Colabora con la Sociedad

By on 15/02/2016
Guillermo Chavez

La sociedad se construye en la colaboración y no en la competencia y desafío entre los individuos.

El hombre se encuentra cautivo en la prisión construida por la sociedad con los paradigmas que se han formado a través del tiempo. Así, la fuerza de la costumbre transforma la mentira en verdad, lo incorrecto en correcto; convirtiendo al hombre en un defensor radical de la mentira y de lo incorrecto, en la creencia infundada de ser poseedor de lo correcto y de la verdad: invocando la fe, pero careciendo del conocimiento necesario que es su esencia, la fe sin conocimiento no es fe.

Lamentablemente, con inocencia, las sociedades de hoy y de siempre han sembrado y cultivado en los niños que formarán las generaciones posteriores, una actitud –por considerarla correcta y verdadera- de competencia entre ellos mismos, quizá con la mejor de las intenciones: formando así un terrible paradigma, sin respeto a la libertad de las múltiples capacidades y facultades de los infantes los someten a los ya probados e ineficaces modelos de pensamiento. Negándoles, así, el desenvolvimiento de su imaginación, que a la posteridad sería un factor determinante en el cambio de esos paradigmas y ejemplos que nos esclavizan y provocan en el individuo una forma de pensar demasiado confusa y oscura.

Preocupante, es la formación de los infantes en las escuelas, en el hogar, en las iglesias, en todas las organizaciones: se persuade y adoctrina a los chiquillos a competir entre sí, y no a luchar consigo mismo en base a los valores universales. El desafío es el generador que impulsa su voluntad a la realización de las  actividades con un objetivo a  vencer y dominar al semejante  y no a buscar el progreso o evolución personal. El referente del progreso es el sometimiento del  otro. Se inculca a luchar por una excelente calificación en la escuela y no se orienta a formar un ideal propio; es convertir a ese menor en un adulto que solo buscará la seguridad de su pago quincenal de un trabajo que no le sea necesario pensar por carecer de su ideal.    

Por otro lado, y es de doler: el individuo se aleja constantemente a una velocidad vertiginosa de las actitudes de solidaridad, de fraternidad, de compañerismo con sus semejantes; los objetivos y principios infundidos en el hogar, en la escuela, en las iglesias no contemplan realmente estos valores; la sociedad  misma los considera obsoletos y desusados. Sería un absurdo  y un contrasentido en esta sociedad dominada por las actitudes de competencia y desafío inhumanos y crueles, que estas  instituciones sociales tuvieran por objetivo los valores sociales mencionados.

Para  finalizar este trabajo: el viejo y arraigado paradigma de la competencia entre los individuos de la misma  sociedad ha provocado demasiados y profundos perjuicios a la estructura social que la tienen en el precipicio del desorden y olvido de los principios que le dieron vida. El desafío y la competencia entre los individuos de una misma sociedad han probado ser un generador determinante en el nacimiento de los múltiples dilemas y obstáculos que desmoronan, debilitan y desintegran a la sociedad. Las ya citadas instituciones sociales inspiran a los niños a ser competitivos en extremo y desafiar cualquier  circunstancia; impulsando de esta  forma la destrucción de la sociedad al continuar sembrando y cultivando ese lacerante y perjudicial egoísmo que indiscutiblemente  en el futuro únicamente buscaran el beneficio propio, por carecer de esos valores que dieron vida a la sociedad: fraternidad, solidaridad, compañerismo, entre otros valores.

Destruir esos  moldes y ejemplos  que la sociedad indiscriminadamente ha sembrado en nuestros pensamientos del desafío y  la competitividad, es infundir en el individuo una actitud firme en la solidaridad social, en la fraternidad con el semejante y en ser un buen compañero; de esta forma, la sociedad evolucionará de manera uniforme incluyendo a todos  y cada uno de los individuos  que conforma  la sociedad  y  no el progreso de pocos, que gracias a su gran capacidad de competitividad y la sobresaliente falta de estos valores sociales logran vencer esos obstáculos que a la casi totalidad de la sociedad la tienen en el estancamiento en todos  sus aspectos.

Dejemos a los niños en libertad de pensamiento: que desarrollen su imaginación y puedan ellos, en el futuro, destruir esos  paradigmas que nos conquistan y esclavizan.  

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!