La naturaleza exige sometimiento. La libertad implica responsabilidad.

By on 15/11/2016
Guillermo Chavez

El individuo tiene sus objetivos y metas propios; la sociedad tiene la obligación de proporcionar los mecanismos y sistemas necesarios para que el individuo los alcance. Si la  comunidad no facilita esas herramientas: ha fallado.

Para  que  la colectividad  cumpla con  este compromiso es necesario entender  que el hombre está sometido a dos  ámbitos: el ser  y  el deber ser.

El primero. El ser, son  todas  aquellas relaciones constantes entre fenómenos de la naturaleza, llamadas leyes naturales; por ejemplo: comer, dormir, hidratarse, la gravedad, el movimiento de los astros, el punto de congelamiento, la muerte, llover, nacimiento, entre otros.

El hombre esta  subyugado  fatalmente a las leyes naturales; sí las desobedece, simplemente se doblegará ante su enorme poder; a  la naturaleza  se  le vence  obedeciéndola. Sí el hombre no se  somete al influjo de las leyes  naturales está en riesgo grave de muerte (verbigracia, cuando construimos una casa en el cauce natural del agua, al llover, la corriente de agua  destruirá nuestra  casa y hay  riesgo  de perder la vida).

El segundo. El deber  ser, son las guías que tratan  de provocar una  conducta  en el hombre hacia determinado  fin, se  llaman normas; por ejemplo: no robarás, no pasarse la luz  roja  del semáforo, ayudar  al prójimo, vestir igual que los  amigos, no mentirás, pagar  la renta a  tiempo, pagar impuestos, entre muchas más.

En base a  su libertad, a  su libre albedrio,  el hombre está  en la posibilidad  de cumplir o  no cumplir  con las normas. Su decisión debe  estar basada en el conocimiento, si ésta  decisión no está fundada en el conocimiento, simplemente no es  ejercicio del libre albedrio. Al decidir  con libertad, el hombre es  responsable de las  consecuencias del cumplimiento o incumplimiento.

Las  normas deben ser  intrínsecamente valiosas, es decir, que su valor no depende del exterior. La sustancia de su contenido debe tener valores universales; de lo contrario no serán  normas  valiosas. Existen supuestas normas, indiscutiblemente, que obedecen a los dictados  caprichosos  y egoístas de un tercero; carentes  de  validez  propia.

En la dinámica de las leyes naturales existe un orden  absoluto, hasta el mínimo movimiento tiene  una  causa  y  un efecto encadenado sucesivamente. En la observación de las normas reina el caos total y la completa confusión debida fundamentalmente a su dependencia del libre albedrio  del hombre.

La naturaleza todo lo hace  perfecto, el hombre  todo lo hace imperfecto.

Los  fenómenos de  la naturaleza se desarrollan con estricta fidelidad a la ley  de causa  y efecto;  con un inicio exacto y con un  final rigurosamente ya determinado. Esta  certidumbre indefectible de la naturaleza  acompaña al hombre en todas sus actividades, que él cree  que realiza, pero  realmente solo le suceden, orientándolo con precisión aun en contra  de su voluntad; sucede lo inevitable, la naturaleza abandona al hombre  cuando éste ejercita su libre albedrio.

El libre albedrio es la  facultad de  hombre  para decidir con conocimiento; es lo único de lo cual  el hombre debe  responsabilizarse: es su ámbito de decisión, es  el pleno ejercicio  de  su libertad;  todos los demás  actos son obra  de  la naturaleza, en la cual  el hombre carece  de injerencia.

Para terminar  este trabajo. Imposible que el hombre  pueda sustraerse de la naturaleza y sus  efectos: enfrentarla es nuestra desgracia; conocerla  y  obedecerla es vencerla  y disfrutarla. Someternos a sus fenómenos es obtener seguridad, la inseguridad está fuera  de ella.

El ejercicio del libre albedrío no le pertenece a la naturaleza, es propiedad única  y exclusivamente  del  hombre, es lo que le distingue de los demás  seres vivos.

Las normas, creación del hombre, con un  objetivo último: ajustar, en lo posible,  la  conducta del  hombre a los principios de la naturaleza: Orden y Certeza.

Es cuánto. ¡Un abrazo Fraterno!

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