La Naturaleza Exige Sometimiento. La Libertad Implica Responsabilidad.

By on 22/12/2015
Guillermo Chavez

El individuo tiene sus objetivos y metas propios; la sociedad tiene la obligación de proporcionar los mecanismos y sistemas necesarios para que el individuo los alcance. Si la comunidad no facilita esas herramientas: ha fallado.

Para que la colectividad cumpla con este compromiso es necesario entender que el hombre está sometido a dos ámbitos: el ser y el deber ser.

El primero. El ser, son todas aquellas relaciones constantes entre fenómenos de la naturaleza, llamadas leyes naturales; por ejemplo: comer, dormir, hidratarse, la gravedad, el movimiento de los astros, el punto de congelamiento, la muerte, llover, nacimiento, entre otros.

El hombre esta subyugado fatalmente a las leyes naturales; las desobedece, simplemente se doblegará ante su enorme poder; a la naturaleza se le vence obedeciéndola. Sí el hombre no se somete al influjo de las leyes naturales está en riesgo grave de muerte (verbigracia, cuando construimos una casa en el cauce natural del agua, al llover, la corriente de agua destruirá nuestra casa y hay riesgo de perder la vida).

El segundo. El deber ser, son las guías que tratan de provocar una conducta en el hombre hacia determinado fin, se llaman normas; por ejemplo: no robarás, no pasarse la luz roja del semáforo, ayudar al prójimo, vestir igual que los amigos, no mentirás, pagar la renta a tiempo, pagar impuestos, entre muchas más.

En base a su libertad, a su libre albedrio, el hombre está en la posibilidad de cumplir o no cumplir con las normas. Su decisión debe estar basada en el conocimiento, si ésta decisión no está fundada en el conocimiento, simplemente no es ejercicio del libre albedrio. Al decidir con libertad, el hombre es responsable de las consecuencias del cumplimiento o incumplimiento.

Las normas deben ser intrínsecamente valiosas, es decir, que su valor no depende del exterior. La sustancia de su contenido debe tener valores universales; de lo contrario no serán normas valiosas. Existen supuestas normas, indiscutiblemente, que obedecen a los dictados caprichosos y egoístas de un tercero; carentes de validez propia.

En la dinámica de las leyes naturales existe un orden absoluto, hasta el mínimo movimiento tiene una causa y un efecto encadenado sucesivamente. En la observación de las normas reina el caos total y la completa confusión debida fundamentalmente a su dependencia del libre albedrío del hombre.

La naturaleza todo lo hace perfecto, el hombre todo lo hace imperfecto.

Los fenómenos de la naturaleza se desarrollan con estricta fidelidad a la ley de causa y efecto; con un inicio exacto y con un final rigurosamente ya determinado. Esta certidumbre indefectible de la naturaleza acompaña al hombre en todas sus actividades, que él cree que realiza, pero realmente solo le suceden, orientándolo con precisión aun en contra de su voluntad; sucede lo inevitable, la naturaleza abandona al hombre cuando éste ejercita su libre albedrío.

El libre albedrío es la facultad de hombre para decidir con conocimiento; es lo único de lo cual el hombre debe responsabilizarse: es su ámbito de decisión, es el pleno ejercicio de su libertad; todos los demás actos son obra de la naturaleza, en la cual el hombre carece de injerencia.

Para terminar este trabajo. Imposible que el hombre pueda sustraerse de la naturaleza y sus efectos: enfrentarla es nuestra desgracia; conocerla y obedecerla es vencerla y disfrutarla. Someternos a sus fenómenos es obtener seguridad, la inseguridad está fuera de ella.

El ejercicio del libre albedrío no le pertenece a la naturaleza, es propiedad única y exclusivamente del hombre, es lo que le distingue de los demás seres vivos.

Las normas, creación del hombre, con un objetivo último: ajustar, en lo posible, la conducta del hombre a los principios de la naturaleza: Orden y Certeza.

Es cuánto. ¡Un abrazo Fraterno!