La mujer y el hombre se construyen mutuamente

By on 28/03/2017
Guillermo Chavez Guillermo Chávez

La naturaleza es cruelmente hostil cuando el hombre la enfrenta con ignorancia; conociéndola y obedeciéndola el hombre la domina y se beneficia con sus recursos.

Al igual, la sociedad es un despiadado adversario del hombre cuando no ajusta su conducta a las normas de convivencia; sometiendo su comportamiento a esas normas, el hombre vence y se nutre de la sociedad.

Igualmente, el hombre en relación con otro hombre descubre un rival bárbaro cuando no conoce su naturaleza física y espiritual; únicamente el conocimiento mutuo y profundo de las facultades físicas y espirituales legítimamente diferentes y hasta radicalmente opuestas, permitirá la armonía entre los hombres.

Asimismo, en la actualidad el hombre agrede a la mujer y la mujer ataca al hombre en un ambiente cimentado por un profundo y enorme desconocimiento en ambos de las facultades naturales físicas y espirituales del otro; la confusión radica en conocer al hombre y a la mujer únicamente como un producto artificial de la sociedad y desconocerlos como seres con una estructura natural y una organización espiritual: es el tema central de este trabajo.

Con objetividad e imparcialidad debemos entender que la naturaleza dotó exactamente de la misma facultad de
razonar al hombre y a la mujer, diferenciándolos por esta causa de los demás seres vivos: también es necesario comprender que en el hombre la inteligencia es sustancia y en la mujer la inteligencia es forma, ambas en términos estrictos de igualdad.

En consecuencia, al hombre se le dificulta su desarrollo sin la mujer; la mujer carece de desenvolvimiento en su evolución sin el hombre. Mujer y hombre, se necesitan, se complementan.

Este juicio se extiende aún más: ¿Qué es la inteligencia formal en la mujer? ¿Qué es la inteligencia sustancial en el hombre?

La inteligencia de la mujer se interesa principalmente por las formas del conocimiento: armonía, orden, valor, paz, solidaridad, equilibrio, razón, amistad, entre muchas otras formas más.

Al contrario, la inteligencia del hombre tiene la tendencia a la sustancia del conocimiento: materia, naturaleza, esencia, fundamento, propiedad, cimiento, y más sustancias del conocimiento.

Para clarificar este argumento diré: La inteligencia de la mujer es formal, es decir, es el recipiente vacío que le dará forma a la inteligencia del hombre que es la sustancia desordenada y caótica.

La inteligencia formal de la mujer, como recipiente vacío, actuando de manera individual no tiene utilidad. Al igual, la inteligencia del hombre, como sustancia sin orden y confusa, funcionando de forma particular carece de validez.

Definiendo, es necesario que la inteligencia del hombre y la inteligencia de la mujer se unan para funcionar de modo ideal y perfecto, es decir, la sustancia sin orden tendrá forma al precipitarse en el recipiente vacío.

En defecto de este argumento, la Organización de las Naciones Unidas dictó un disparate al considerar la igualdad de la mujer y el hombre. Certificando el Estado Mexicano, con su actitud pasiva e interesada, tal aberración. Reflejándose este enorme error en el beneficio económico de organizaciones de apoyo a la mujer que pululan como gérmenes infecciosos, defendiendo el concepto artificial de mujer como producto de la sociedad; ante la mirada incrédula de la mujer natural, con necesidades naturales graves que laceran profundamente su vida.

Concluyo: El hombre y la mujer son exactamente iguales; la diferencia de uno es la necesidad del otro. El hombre es menesteroso de la inteligencia de la mujer que le da forma y orden a la sustancia caótica de su inteligencia; la inteligencia formal de la mujer satisface su carencia de fuerza con la inteligencia del hombre.

Primordial es el profundo conocimiento mutuo entre el hombre y la mujer, de su naturaleza física y espiritual, para construirse sólidamente el uno al otro: el hombre y la mujer naturales se necesitan, se complementan.

La ONU y los gobiernos integrantes han generado una situación estéril, al cimentar y fincar, en el desconocimiento de la naturaleza del hombre y de la mujer, la construcción de conceptos que no edificaran por su falsedad, es decir: el hombre y la mujer artificiales se rechazan.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!