La Meritocracia

By on 23/05/2017
Lic. Eduardo Quezada Compañ

El semillero académico y el talento de muchos hombres y mujeres preparados con amplia experiencia y grandes aptitudes hoy en día parece ser insuficiente para concretar sus metas ya que hay otro grupo antagónico con características muy contrarias que ganan más la atención para ocupar puestos públicos o empleos mejor posicionados a quienes en pago por su servilismo o a veces complicidad se les abren las puertas de par en par.

La pregunta que surge es: Acaso la Meritocracia la dinámica perfecta para lograr nuestros objetivos? La respuesta es a veces turbia ya que en muchos empleos los más cómplices o los menos preparados son los que se colocan en los puestos, frente al azoro y enfado de los que muy anodinamente los criticamos sin hacer nada. Sin embargo según los ideales generales de la sociedad la teoría de la de Meritocracia es un sistema donde cada quien obtiene lo que se merece de acuerdo a sus virtudes, talentos, competencia, actitud y educación académica.

Sin embargo la normativa indica etimológicamente que la Meritocracia es por ende una recompensa independientemente del apellido, raza o riqueza, donde todo logro en base al esfuerzo conforma una sociedad justa. La Meritocracia en una sociedad de clases, por tanto, está en función de sostener y fortalecer ese poder, no de cuestionarlo.

Su promesa es la posibilidad de ascender socialmente por méritos y no por condiciones como la herencia, etnia o el género, lo que significa que no se busca eliminar las diferentes jerarquías sociales, sino plantear una nueva forma de acceder a ellas. “El mérito no es un valor comprometido con la igualdad, sino con la eficiencia o con la diferenciación, de modo que confiar la construcción de una sociedad más igual al principio del mérito puede debilitar, en vez de fortalecer, esa construcción.

Si queremos fomentar una sociedad más justa e igualitaria, deberíamos subordinar el principio del mérito a la igualdad, y no al revés. Es la única forma de que el mérito no agudice la brecha cada día más abierta de la desigualdad.”

Para Michel Young autor del libro “El Ascenso a la Meritocracia, un ensayo sobre la Equidad y el Equilibrio” (1958). Menciono en claramente que: Tiene todo el sentido nombrar a personas concretas para realizar trabajos en función de sus méritos. No podemos decir lo mismo cuando quienes son juzgados por sus méritos del tipo que sea ascienden a una Nueva Clase social sin dejar sitio para otros.

 (…)Mediante la selección que opera el sistema educativo las clases bajas han perdido a muchos de los que debieran haber sido sus líderes naturales, de portavoces de la clase trabajadora que se continuaran identificando con la clase de la que procedían.”

Sin duda son muchos los que sin leer el libro de Young usan la palabra Meritocracia. Pero como se ve, el autor rechaza a esta nueva “clase” (que en realidad no es más que un tipo de administradores de los intereses de las clases dominantes propias del capitalismo) porque son lo opuesto a la democracia y separa más a las personas destinadas a ser “ganadoras” y a las destinadas a ser “perdedoras” en la supervivencia social.

¿Es democrática una sociedad de “perdedores” y “ganadores”? Absolutamente no y menos lo es cuando esta clasificación se presenta como condición vital y permanente. Tampoco cuando justifica las disparidades sociales y, bajo la presunción de que “cada quién tiene lo que se merece”, ocultando las raíces de la desigualdad y justificando la injusticia social. Por ello, los mecanismos instaurados por el gobierno son opuestos a la democracia y forman parte de un cuerpo doctrinario que nada tiene que ver con revolución alguna, sino con la pretensión de perpetuar el capitalismo, modernizándolo.

Eduardo Quezada Compañ.

Eduardo Quezada Compañ
Abogado • Columnista | + artículos

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