¿la libertad sometida a las normas institucionales?

By on 27/06/2016
Guillermo Chavez

La inocencia impide deleitarse en la búsqueda de las respuestas a los dilemas que nos plantea lo ordinario. La respuesta inmediata es sospechosa de falta de fundamentos, demostrando la carencia de interés en el conocimiento. El individuo prefiere evadir la búsqueda intelectual y acomodarse en la pasividad de la cobardía y ocio. El utilitarismo hegemónico del hombre occidental le obliga únicamente a realizar las acciones que se reflejan en dinero, le impide los actos que no producen ganancias económicas, considerándolas conductas ociosas y tontas.

En otros trabajos esta pluma ha sostenido la percepción de la libertad como el desarrollo natural de los elementos esenciales de las cosas sin la intervención de un factor extraño. Considerando a la esclavitud como la consecuencia de la influencia de ese elemento ajeno al desarrollo natural de los elementos naturales de las cosas. La interrogante que motiva este trabajo es cuál debe ser el desenvolvimiento de un libre pensador cuando su pensamiento o conducta se encuentra sometido voluntariamente a las normas y actos de autoridades de una Institución.

Por un lado y a manera de alegoría, podemos entender que un cuerpo celeste para estar en armonía con el resto del Universo tiene que lograr primero su libertad desarrollando normalmente todos y cada uno de los elementos esenciales que forman su naturaleza y ajustar perfectamente ese estado de libertad al estado de libertad del resto de los cuerpos celestes: primero, en un plano de igualdad; segundo, en una superficie desigual. En el primero la armonía es simple por la igualdad de su naturaleza; en el segundo, el cuerpo celeste superior absorbe al inferior sometiéndolo a la consonancia, es decir, para que ese supuesto sometimiento sea armónico es menester que los elementos esenciales del cuerpo celeste superior y los elementos naturales del cuerpo celeste inferior sean de la misa esencia y naturaleza, de lo contrario es imposible la armonía.

De la misma forma sucede con la conducta del hombre. Una acción del individuo es libre cuando sus elementos fundamentales se han desarrollado con plenitud y normalidad sin la intervención de un factor extraño que lo impida. Cuando esta conducta libre del individuo no es independiente y es menester se relacione con un conjunto de normas que han provocar una conducta en él para que lo oriente hacia determinado fin. Esa libertad del pensamiento y acciones del individuo debe ajustarse perfectamente a las ordenanzas, a esa estructura de leyes y actos de autoridad de esa estructura normativa y viceversa, para que continúe ejerciendo su libertad, de lo contrario, al carecer de un ajuste perfecto se generará un vil estado de esclavitud.

Ejemplificando: El hombre de pensamiento libre con el deber ineludible de ajustar su pensamiento y su conducta a los dictados de una Institución cimentada en el principio de libertad y que voluntariamente se impone. Aparentemente se encuentra en un dilema imposible de solución. Mi percepción deficiente es que esa Institución depositaria histórica de la Libertad contiene en su estructura símbolos, leyes, actos de las autoridades y otras normas de la misma naturaleza y esencia que la Institución, es decir, su esencia es también la Libertad; así, el hombre de pensamiento libre al someterse ajustando exactamente sus pensamientos y acciones a los dictados de esta Institución alcanzara pro ese solo hecho la Libertad. Lo contrario si no somete su conducta y pensamiento a las ordenanzas de esa Institución su conducta y pensamiento no está en libertad. El hombre de pensamiento libre tiene la profunda obligación de analizar que esos símbolos, leyes y los actos de autoridad estén ajustados al principio de Libertad, proporcionando esa misma Institución los mecanismos legales y morales para efectuar los cambios necesarios que enderecen la armonía con la Libertad. De lo contrario, si no analiza profundamente, su obediencia será dogmática, convirtiéndose en tierra fértil para su manipulación y esclavitud.

Dedico este trabajo con estimación y cariño a un libre pensador que me honra y engrandece con su amistad Nasreddin Juan Morcos Morales por sus brillantes palabras pronunciadas el día viernes 24 de Junio del 2016.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!