La Farza de la Igualdad de Género

By on 30/11/2015
Guillermo Chavez

En la apariencia, en lo superfluo, en lo meramente accidental y no trascendente, el hombre considera que la igualdad y la justicia es lo conveniente momentáneamente a los intereses egoístas del individuo. En lo trascendente, en lo permanente, en lo constante los valores universales orientan y califican las acciones del hombre sin considerar su criterio o juicio.

Para claridad de este trabajo entendamos estas definiciones simples de estos conceptos: Justicia es dar a cada quien lo que es suyo. Igualdad es la conformidad de la naturaleza de una cosa con la naturaleza de otra cosa. Y equidad: Dar a cada uno lo que merece.

La igualdad ante lo desigual carece de Justicia y equidad, solo se alcanza la igualdad aplicando la desigualdad con justicia y equidad: la igualdad entre lo desigual es injusta e inequitativa; la equidad es la forma de alcanzar la justicia en concretizar la igualdad en lo desigual.

Un ejemplo para mayor claridad: es justo que el pastel se parta en diez trozos iguales para diez personas con apetito exactamente igual; pero es injusto e inequitativo partir el pastel en diez porciones exactamente iguales para diez personas con apetito desigual. Es equitativo y justo que el pastel se parta en fracciones que correspondan exactamente a cada una de las personas con apetito diferente; algunas no tendrán apetito, otras tendrán demasiado apetito.

Estos argumentos son la base para fundar el razonamiento y calificar de mal el juicio de la Organización de las Naciones Unidas al generar la teoría de la igualdad de género con fundamento en los principios sociales, olvidando los cimientos naturales. Aplicada, esta teoría, de manera confusa por los países miembros, provocando actitudes equivocadas de sus ciudadanos; formando un pensamiento social peligroso.

Trabajemos en ubicar el origen del profundo error al considerar la igualdad entre el hombre y la mujer: La ONU estima la igualdad del género humano desde una perspectiva eminentemente social, olvidando en su teoría la esencia natural del género.

Los conceptos sociales definen razonamientos o juicios específicos del aspecto social del hombre, mujer y hombre en sí, que contienen la voluntad de los hombres que ejercen el poder político. La sociedad en todos sus aspectos esta previamente planeada para orientarse hacia el interés, insisto, de las personas que sustentan y poseen el ejercicio del poder; de otra manera, sería una incongruencia el ejercicio del poder.

En la aplicación de esta teoría, por los gobiernos de los países miembros de ONU, los efectos han sido graves y desastrosos en la sociedad; pues ha producido desajustes en la raquítica armonía familia, base de la comunidad. Por ejemplo estas dos costumbres sociales funcionales en la familia: la ruptura o confusión de funciones en la familia; el hombre, padre de familia, carece de noción de la obligación a su cargo de proporcionar sustento familiar a la familia y la mujer carece de la idea de cuidar de los niños.

La mujer ejercitando la supuesta libertad abandona sus deberes para con la familia y se dedica a los pasatiempos estériles y ajenos a los intereses de la familia. El hombre justificando su insolvencia moral y económica en la corresponsabilidad de la mujer para abastecer lo necesario a la familia.

Estos dos ejemplos graves son el resultado del ejercicio de la igualdad de género. No existe un proyecto que subsane esta descomposición originada por la citada teoría de la ONU; que restablezca y sane en ese vacío y desorden que provocan la aplicación de sus prescripciones en relación a la igualdad de género. No contempla, tampoco, la ONU en la aplicación de esta teoría que el valor libertad es imposible concretizarlo en la vida ordinaria del ser humano, tal como sucede con todos los valores; que su utilidad es de ser una guía de orientación de la conducta hacia determinado fin.

En cuando a la inteligencia: El hombre y la mujer tienen exactamente la misma capacidad de razonamiento y entendimiento. Es absurdo exigir una igualdad donde ya existe precisamente esa igualdad; y más descabellado es dictar normas que prescriben acciones contrarias a esa única igualdad entre los seres humanos; tienden a desnaturalizar estas facultades universales del hombre con el afán de supuestos y falsos intentos dar igualdad a lo que es exactamente igual.

En cuanto a aspecto físico: existen diferencias sustanciales que implican la intención de la naturaleza de proporcionar funciones especificas a la mujer y al hombre; que sería de difícil realización por el otro, por carecer de esos instrumentos naturales para cumplir con esa función.

Por ejemplo: la mujer está dotada por la naturaleza de los mecanismos justamente necesarios para dar vida y criar a otro ser; el hombre tiene la fuerza y rudeza para arrancarle a la naturaleza los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades. Sería un absurdo extremo se confundieran ambas funciones entre el hombre y la mujer.

A manera de conclusión: La teoría de la igualdad de género tiene su origen en conceptos sociales que definen los intereses de quienes ejercen el poder público; carece, en consecuencia, de principios y fundamentos que se desprenden de la función natural del hombre y de la mujer. El hombre y la mujer son exactamente iguales en sus facultades intelectuales; en sus funciones naturales son diferentes.

Esta teoría de la igualdad de género ha producido la destrucción de la sociedad al desorientar la conducta de los dos pilares de la familia: el padre y la madre; confundió la función del hombre con la función de la mujer y viceversa.

Las familias que se conservan funcionales equitativamente lo basan en no invocar aspectos de la igualdad de género; las familias que pretenden fundamentar su dinámica en la igualdad de género se convierten en un desastre.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!

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