La Estéril Legalización de la Droga

By on 26/04/2016
Guillermo Chavez

El hombre no piensa y no razona por temor o por pereza; justificando así, el gobierno, su pretensión para regular todo, en la falsa creencia de que todo lo sabe; esto no es espontáneo, tiene sus sólidos y firmes cimientos en la actitud del individuo que está conforme en su pasividad que nada le inquieta y en la posición de un gobierno activo, presa del insaciable y vacío afán de dominio: las cosas que intenta administrar y las acciones del hombre que procura gobernar superan por mucho en número y en calidad a los actos de gobierno que con incapacidad y debilidad ambiciona someterlos a sus prescripciones aun en contra de su voluntad y con el uso de la fuerza pública.

El gobierno somete a la legalidad una tenue parte de las acciones del individuo y administra una mínima porción de las cosas, por dos motivos: los límites que le imponen las garantías individuales y la falta de habilidad para ejercitar las facultades necesarias en una excelente administración y un extraordinario gobierno. Ese sometimiento a la regulación jurídica debe justificarse plenamente con un sistema normativo valioso en sí mismo, que contenga implícitamente los valores y principios universales orientadores de la conducta humana. Pero, si esa obediencia, a la legalidad, está fundada en los caprichos acostumbrados de la clase gobernante en turno o en la estéril indiferencia de la sociedad que yace como un cadáver, la sociedad continuará corriendo por el camino que le está conduciendo vertiginosamente hacia el desorden, la injusticia, la inmoralidad, la ilegalidad, entre otros valores más.

El pasado y el presente están repletos de ejemplos, que al comprenderlos, agudizarían nuestro entendimiento y tomaríamos una decisión más justa ante las iniciativas del gobierno en el desempeño de su tarea de crear la ley, de establecer un marco jurídico. Citaré un ejemplo del pasado y un ejemplo del presente:

El pretexto del respeto al derecho humano de libertad de conciencia, que se refleja en el reconocimiento constitucional como garantía individual, es la reacción de los gobiernos ante la hegemonía de la Iglesia Católica. El gobierno intenta someter a su paupérrima legislación un universal derecho natural valioso por sí mismo como es la libertad de conciencia; simplemente no cabría. Las sociedades de antes y después de esta legislación son exactamente las mismas: fue inútil la ley de libertad de conciencia.

Hoy el gobierno pretende legalizar unas drogas: entender que todas las drogas provocan la alteración en los sistemas del cuerpo humano. La diferencia es que la Ley General de Salud reconoce unas de ellas legalizándolas, las que no reconoce son ilegales. La relación hombre-drogas será semejante antes y después de la legalización. Únicamente visualizará la condición raquítica del gobierno establecer un marco jurídico.

Es sano reconocer la anémica efectividad del gobierno en materia de creación y aplicación de la ley y más saludable es entender el nulo interés de la sociedad por el motivo y respeto a la misma. Hoy, la dinámica del gobierno y la sociedad se aceleró rumbo al vacío al pretender descifrar y justificar la “extraordinaria” iniciativa que busca la legalización de las drogas. Sus conductas increíbles hacen desaparecer las lecciones del pasado que nos indican con suma y entera seguridad que las leyes carentes de valores universales y repletos de caprichos gubernamentales e indiferencia social únicamente conducen a la sociedad al desorden e injusticia. La supuesta libertad de conciencia legislada por el gobierno solo refleja la paupérrima capacidad de regular jurídicamente las actividades del hombre y demuestra que solo una exigua porción puede ser sometida a la ley. Las reformas y jurisprudencias dictadas en las últimas décadas solo indican el camino hacia la perversión de la esencia y naturaleza del hombre por ser producto de la presión viciosa de la sociedad y no del análisis profundo de los principios y valores fundados en la naturaleza del hombre.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!