La Belleza de un Paisaje Humano

By on 14/11/2015
Carlos Redondo

Dice un amigo chihuahuense que soy un turista bastante atípico. Según él, en vez de enfocarme en lo morboso de la tragedia mexicana sólo intentaba mirar el lado positivo del país. Pensaba que, en contra de lo que hacen otros visitantes, yo no me preocupaba por sacar fotos de lo grotesco. De las tristes marcas que pudiera dejar la violencia. Ni de la miseria de sus habitantes. Le sorprendía que ni siquiera me interesase mucho por conocer esas historias.

Creo que todo fue más bien una reacción completamente natural. Si hubiese confiado plenamente en la imagen que se da del país, tanto externa como interna, jamás me habría aventurado a cruzar la frontera. Sería una negligencia poner un pie en un lugar donde uno está irremediablemente condenado a ser una víctima de cualquier barbaridad. Si no se puede ver el lado bueno, aunque sólo sea un resquicio, todo lo demás carece de sentido. Y afortunadamente, en México había viejos amigos que nos esperaban con los brazos bien abiertos. Además de nuevos amigos que conocimos casi cada día. Desconocidos que, con su amabilidad y cariño, nos ayudaron en las situaciones más complicadas o hicieron más agradables los buenos momentos. La gente nos mostró el otro lado de un México que nadie exporta.

Mientras que los periódicos más sensacionalistas muestran, en primer plano y a todo color, los estragos de una balacera o un ajuste de cuentas, nosotros encontramos personas que trabajan muy duro para salir adelante dignamente. Mientras que la televisión lanza estereotipos que llaman al embrutecimiento personal conocimos gente de una gran cultura y talento extraordinario. Mientras que el temor flota en el ambiente como una nebulosa nos topamos con ciudadanos que no se resignan y dedican todos sus esfuerzos, a veces bajo la pesadísima losa de la amenaza, a luchar valientemente por sus valores. Personas que, a pesar de sus dificultades, conservan una alegría por la vida y una gratitud hacia ésta difícil de encontrar en países con un nivel de vida mucho más cómodo. Y hasta tuvimos la suerte de conocer quién, desde una posición pudiente, siente indignación hacia la injusticia y se preocupa por la suerte del más desfavorecido. El lado más opuesto del estereotipo.

Aunque tampoco podemos negar la dureza de la realidad. La violencia, el crimen, la extorsión, los secuestros, la miseria, el miedo y la corrupción son una parte inseparable de un día a día que pude contemplar como espectador privilegiado. Eso sí, no escapé de la “mordida”. Otra nefasta tradición nacional. Sería demasiado pretencioso por mi parte recorrer más de tres mil kilómetros de tierra caliente y salir indemne. Suerte que todo se quedó en eso.

Por toda esta mezcla de emociones y vivencias, salí del país con una sensación de inquietud. La de quién se marcha preocupado sobre lo que puede pasarle a un ser querido. Como el familiar que sufre por no entender muchas cosas. El por qué le suceden tantas desgracias a quién no lo merece. O la desesperación de ver a un paciente cuya enfermedad es imposible de curar. Afortunadamente, en muchas de las personas que la vida nos puso en ese tramo de camino, la esperanza en un futuro mejor no desaparecía. México tiene infinidad de problemas pero si puede presumir de algo es que, a pesar de todo, tiene algunos de los mejores paisajes humanos del mundo. Y esa es la maravilla más increíble que puede conocer un viajero.  

Carlos Redondo
Carlos Redondo
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Diplomado en cine e imagen en Madrid, desde siempre compaginó la escritura con la fotografía. Ha rodado varios cortometrajes de bajo presupuesto y participado en diversas exposiciones colectivas e individuales. También colabora con varios medios locales periodísticos y radiofónicos, tanto españoles como estadounidenses. Habitualmente publica algunos de sus trabajos en el blog www.desfabricadoenchina.blogspot.com.