Intelectualismo Moral Socrático

By on 07/03/2017
Guillermo Chavez

Las pretensiones políticas de Platón, de mejorar la polis griega, consistían en repudiar a los sistemas políticos aristocrático y democrático por considerarlos producto del pensamiento de los sofistas; de tal manera, que lo conducen a impulsar y desarrollar la teoría del intelectualismo moral elaborada por Sócrates: con el objetivo claro y firme de combatir la incompetencia de los políticos para conducir la dinámica del Estado y en contender por eliminar las pugnas entre los partidos políticos que únicamente fomentaban y conservaban la vigencia de sus intereses individuales que prevalecían aun por encima de los intereses sociales y de las necesidades ineludibles del Estados.

Aclarando, el intelectualismo moral es la teoría de Sócrates que identifica y funde el conocimiento y la virtud: las acciones calificadas como buenas y justas se generan por el conocimiento de los principios o valores universales del bien y de la justicia. En consecuencia las acciones apreciadas de injustas y malas se originan en el desconocimiento o en la ignorancia de esos mismos valores y principios universales.

A manera de paréntesis. Las corrientes de pensamiento que han dominado la hostilidad del paso de los siglos hoy sostienen los conocimientos valiosos del ayer, al considerar que la construcción sólida y firme de las obras humanas se apoyan fundamentalmente en la fusión de la ciencia y de la virtud. Aislados, el conocimiento y la moral no funcionan, solamente engendran esterilidad.

Continuo. Platón considera verter la sustancia de los conceptos políticos como contenido en los recipientes vacíos del intelectualismo moral de su maestro Sócrates, de este modo:

Primero. Los valores del bien y de lo justo son entidades abstractas del ámbito de las ideas que son entidades reales por sí mismas. El individuo es capaz únicamente de percibir de forma empírica una copia defectuosa de las ideas que el alma posee.

Segundo. El pensamiento platónico al considerar que el individuo debe ajustar su conducta a los dictados del valor justicia y del principio del bien, de este mismo modo, la sociedad o el Estado deben ajustar su actividad a los dictados de ese mismo valor de justicia y de ese mismo principio del bien. Por este motivo, el Estado y la sociedad deben tener una característica intelectualista y que los actos de gobierno tengan como cimiento y estructura el conocimiento.

De esta manera, las conductas morales, justas y buenas del hombre en sociedad, al ejercitar sus acciones con base en los conceptos políticos de Platón, se vierten en los recipientes vacíos de la intelectualidad moral socrática. Con un solo objetivo: una reforma política que fundamente la Polis o el Estado y sus Instituciones en principios del orden universal.

Sin embargo, Sócrates, sin propósitos políticos, consagra su teoría del intelectualismo moral al ser humano, valorando que una vez conocida la verdad su práctica es inevitable, de lo contrario, se violenta la conciencia y la razón: el ejercicio del valor justicia se funda en el conocimiento estricto del concepto de este valor, al igual, la conducta buena tiene como requisito indispensable el saber con exactitud lo que significa este principio.

Lamentablemente, el hombre define con base en la utilidad y beneficio individual e inmediato, olvidando su concepto universal, esclavizándose así a actuar a ciegas. Más, cuando el hombre resiste a sus propios impulsos egoístas para obedecer los ordenamientos universales de la razón sus acciones están fundadas en el conocimiento.

Para concluir: al igual que en las acciones del hombre considerado individualmente (según el pensamiento socrático), también las dinámicas de la sociedad o el Estado (en términos de la concepción platónica) deben orientarse o fundarse en el conocimiento preciso de los conceptos de bien y justicia con el único objetivo de que esas acciones individuales y esas dinámicas sociales se ejerciten dentro del dominio de la moral y, así estar en condiciones de calificarlas en buenas y en justas.

Lo antagónico. El desconocimiento o la ignorancia de las definiciones de estos principios o valores universales de justicia y del bien, solo genera acciones personales y dinámicas colectivas confundidas y desorientadas ante el peligro y la inseguridad de ser cautivas por la hegemonía en los términos y formas de la inmoralidad.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!