El inquietante poder de las creencias

Por en Marzo 17, 2017
Lic. Raúl Ruiz

Hablar de filosofía, de sociología, o de religión en un espacio tan pequeño como el Cartapacio que usted tan amablemente lee cada semana, sólo cumple un cometido orientador.
Prácticamente imposible fincar una teoría en un espacio de 4500 caracteres; ni siquiera una idea concisa sobre un tema tan profundo cómo lo puede ser el de las creencias.

Para hablar de las creencias necesitamos primero separar dos materias que rivalizan entre sí; una es la filosofía y otra es la religión. Rivalizan pero se complementan paradójicamente.

La filosofía es una disciplina que nos induce a pensar. La religión, nos invita a creer.

Con la práctica del pensamiento filosófico, pretendemos respuestas verdaderas a preguntas que nos surgen a partir de un conocimiento duro. Entendiéndose por tal, el que pulula sobre la realidad.

En ocasiones, buscamos darle sentido a cosas más profundas y hasta cierto punto, inciertas, como la existencia del alma, o la abstracción del ser.

Y con la religión, queremos convencernos de la existencia de entidades supremas a las que les proporcionamos una inconmensurable fuerza, las que por el simple hecho de adoptarlas, nos dan paz y nos proporcionan la certeza de salvación.

Para fortalecernos en lo interno fabricamos un poderoso material mental y lo colocamos en el mundo sobrenatural, al que dotamos de símbolos, preceptos, lugares sagrados, costumbres. A esto le hemos dado en llamar, religión.

Creamos entidades todopoderosas que no tienen sustancia pero para convencernos de su inconmensurable poder, inventamos cosmogonías para justificar su existencia y reposar en ese pensamiento abstracto un supuesto real que al fin de cuentas sabemos es ficticio, sin embargo nos convencemos de su potestad y supremacía.

El hombre necesita creer en algo más poderoso que sí mismo. Es parte de su equilibrio emocional. Y mientras se alimente de una “creencia” cobra seguridad en sí mismo. A eso le llamamos Fe.

En todas las religiones, a las deidades se les da una connotación “real” a imagen y semejanza de la sociedad que los engendra y legitima, y no al revés. Sin embargo, generacionalmente se va inculcando esa Fe entre los individuos hasta conseguir LA CREENCIA

Para ello, los fundamentos profundos se escriben, y se instauran preceptos a seguir.

Los cristianos tienen su Biblia, que es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo.

Los musulmanes el Corán, Libro fundamental de la religión musulmana que contiene las revelaciones que Dios hizo a Mahoma; los judíos la Torah, es el texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo israelita.

Los hindúes ser rigen por Los Vedas; se denominan Vedas (literalmente ‘conocimiento’, en sánscrito) a los cuatro textos más antiguos de la literatura india.

Y a los budistas los guía el Canon Pali. Que sólo por traerlo a cuentas en este inventario de libros sagrados, se subdivide en tres partes llamadas pitaka; Vinayapitaka, Suttapitaka y Abhidhammapitaka. Y estos tres tomos o compendios conforman un total de 108 volúmenes.

En todas las religiones, se busca la mejora de la humanidad, es la eterna lucha del bien contra el mal. Los más letrados encuentran en la religión el dominio de la gente, a través de enseñanzas que atenúan la condición humana del individuo.

Con las creencias, manejamos las emociones como el miedo, la sorpresa. Mitigamos el dolor de la nostalgia, el abandono. Dulcificamos nuestro temperamento. Y exaltamos nuestras facultades mentales. Pero somos presos también de un “gobierno interno” que a veces limita nuestra libertad de pensamiento y obviamente, de sentimiento.

Remojando los pies en las densidades del pensamiento de Ludwig Wittgenstein en su tractus-logico-philosophicus, me convenzo que la lógica rige al mundo y el lenguaje es sólo representacional, cuya particular cualidad combinatoria del lenguaje verbal o escrito, se puede relacionar con numerosas características de la especie humana.

A través del lenguaje se erigen cálculos en el intento por describir el reino del ser. Y en tratándose del tema que nos ocupa hoy, tenemos que: Los signos lingüísticos no están ligados de forma necesaria o directa a referentes inmediatamente presentes en el tiempo en el espacio, pudiendo por tanto referirse a aspectos de la realidad presentes, pasado o futuros, reales o imaginarios.

O sea que embonan perfecto en la dimensión de… las creencias.

Debemos anotar que las creencias no emanan totalmente de la religión.

Partamos de una base. Peter Shepherd nos dice: “Las creencias son nuestros principios rectores, los mapas internos que usamos para darle sentido al mundo. Nos proporcionan equilibrio y continuidad; son datos estables que nos ayudan a establecer orden dentro de la confusión. Las creencias compartidas nos dan un sentido más profundo de confianza e integración con nuestra comunidad”.

Las creencias provienen de muchas fuentes: crianza, imitación de personajes significativos, conclusiones como resultado de traumas del pasado, y experiencias repetitivas. Establecemos nuestras creencias al generalizar nuestras experiencias del mundo y las de otras personas. Algunas creencias nos llegan ya establecidas por la cultura y el medio ambiente en el que nacimos.

El punto central de este Cartapacio es que hoy, estamos predispuestos a creer lo que nos dicen, lo que leemos y lo que vemos en la televisión o en las redes sociales, y tratamos de adaptar esa nueva información para que encaje en nuestro sistema de creencias, si es que podemos. Si no podemos conseguirlo, nos negamos a creer esa información. Estos son los filtros y prejuicios a través de los cuales percibimos nuestra realidad.

Cartapacio por Raúl Ruiz
Analista Politico | + artículos

cartapacio
De or. inc., quizá del b. lat. chartapacium 'carta de paz'.
1. m. Cuaderno para escribir o tomar apuntes.
2. m. Funda en que los muchachos que van a la escuela meten sus libros y papeles.
3. m. Conjunto de papeles contenidos en una carpeta.
4. Programa que se transmite por Radio México Noticias 970 AM de Lunes a Viernes a las 5 de la tarde
5. Columna Política que se publica los viernes en Juárez a Diario.com