De infamias, poder y esperanza.

By on 06/09/2016

Publicado en los siguientes medios a raíz de lo ocurrido en el Ecocentro de Rehabilitación Infantil “Los Ojos de Dios” el 22 de Mayo de 2014:

Me parece que hasta hace no mucho tiempo el género humano relacionábamos los actos malignos, destructivos, violentos, preponderantemente con personas del sexo masculino. Tal vez esa percepción se debía al conocimiento de la naturaleza misma de la mujer, quien nació para dar vida, para amar, para edificar, para ejercer El poder de una caricia.

Sin embargo, las cosas no siempre son así. Hay mujeres capaces de construir aún sin recursos ni poder y las capaces de destruir valiéndose de sus recursos y poder, en una necia ignorancia de su oprobio, utilizando posiciones de privilegio para la vanagloria y alimento de la vanidad.

Fue precisamente una mujer, La mujer, protagonista de esta historia, quien no solamente por instinto natural debió proteger el interés superior del niño, sino porque además se le había conferido oficialmente la autoridad y la oportunidad única de cambiar la vida de cientos, de miles de inocentes, muchos de ellos, prácticamente tirados en la cama de alguno de los albergues gubernamentales a su cargo en donde, pese a la abundancia de los recursos, no hay quien se acerque a ellos a consolar su dolor, su carencia de amor y a darles un “beso de buenas noches” con el compromiso de vida que ese beso implica.

Es el caso de esta historia, que pareciera sacada de una película de terror, pero que es tan real como son los niños víctimas de la injusticia que los sacó violentamente del único hogar y familia que han conocido. Estos angelitos, quienes milagrosamente lograron llegar hasta ahí, hasta entonces sólo habían conocido eso, dolor y abandono, descartados de la sociedad como mero material defectuoso.

Así se dieron las cosas. Qué desperdicio, cuánto abuso de poder, cuánta ignominia, egoísmo, maldad y prepotencia puede alimentar el corazón de una mujer. Las hay, su lado gris se les da tan naturalmente como el instinto de comer, de acumular bienes materiales, efímeros, que nunca lograrán satisfacer la carencia de un alma amorosa, compasiva y que jamás serán substituto de la inteligencia emocional y el discernimiento. El interés destructivo del dinero, puede llevar a algunas mujeres a vender el alma.

¿Tan fuerte será la amargura? Qué motivos tan ruines y despiadados pueden haberla llevado a utilizar esos recursos y posición de privilegio para, haciendo gala de un instinto destructor, incitarla hasta irrumpir con lujo de violencia en el hogar – oasis de amor y seguridad de estos niños, ejerciendo su potestad valiéndose de sumisos empleados, algunos portando armas de fuego, a quienes no quedó más remedio que obedecer para no perder su trabajo, sin tener la capacidad de elegir.

Cuánto sufrimiento. Todo, para que unos cuantos días después, al darse cuenta del escándalo mediático nacional e internacional y las graves consecuencias de su desacierto, se le obligara a reintegrar a los niños a su hogar, del que nunca debió sacarlos; al refugio en el que por fin tenían paz y amor para el resto de su vida y al que varios de ellos ya nunca volvieron, cuando su destino y su salud se vieron radicalmente afectados, encontrando un triste final que, sin duda alguna, será sometido al juicio del que nadie escapamos, influyente o no. Sin embargo, quién habría de suponerlo… ¡La persecución apenas comenzaba!

La herida fue mortal. No obstante las vidas inocentes que sin remedio se perdieron y a pesar del dolor causado a tantos cuerpos y almas de pequeñitos confundidos por los sucesos, la Institución sigue en pie de lucha y seguirá hasta su último aliento. Aún y cuando no esté recuperada del todo, su sustentabilidad, resiliencia, su fuerza que emana del amor, el convencimiento, la verdad, siempre prevalecerán en contraste con la mentira y la inminente fecha de expiración que ésta siempre conlleva.

A veces suelo imaginarme qué sería si nuestro olor emanara de nuestros actos. A qué huele la hipocresía, el engaño, el ego, la manipulación, la ambición desmedida, el esconder nuestras pequeñas infamias detrás del culto estéril; o bien, un revelador olor a bondad, a honestidad, a ética, a integridad y a amor… si tan solo  nuestro olor emanara de nuestros actos.

El tiempo, ese juez insobornable que da o quita la razón. Las situaciones que se nos quedan en el aire regresan irremediablemente a uno como un “boomerang”. Puede que tarden pero regresan, se acomodan y se cierran… solitas… suavemente, y se nos plantan frente a los ojos incrédulos.

Como el pasado no tiene remedio, pronto todo será no más que un amargo pasaje en la historia de muchas vidas. Un nuevo capítulo está por comenzar. Confiamos  en que por fin se dará a las Asociaciones Civiles el justo valor a su gran aportación, a su esfuerzo, a su sacrificio. Confiamos en que El Poder ya no será Para Poder; que dentro de este cambio que nos mantiene alerta se invertirá en Asociaciones Civiles fuertes, avanzadas, profesionalizadas, que han probado ser exitosas, que garantizan la mayordomía, su trascendencia e impacto.

No hay tiempo que perder. El trabajo y el valor social ya requieren un análisis de fondo. Debe estructurarse estableciendo principios, normatividad, estrategias visionarias, desarrollo a corto, mediano y largo plazo con indicadores reales y visibilidad más allá de la visita estéril y el protagonismo de la fotografía.

Es así que las mujeres nacimos dotadas para edificar sueños y convertirlos en realidades. Esperamos que este cambio traiga consigo ese lado de luz que aún y a pesar de todo prevalece en la mujer compasiva, amorosa, perspicaz, que reconoce que en el trabajo comunitario radica el progreso social y, bajo la primicia de que todo es temporal, nada hay de permanencia eterna, El Poder esta vez sea Para Servir. Porque no hay amor más grande.

Patricia Silis
Fundadora en | | + artículos

Realizó sus estudios administrativos en México, D.F. y en Nueva York. Colaboró por once años en la empresa multinacional Procter & Gamble.
Ha colaborado con empresas en México y Estados Unidos como traductora e intérprete simultánea en congresos y conferencias internacionales. Premiada "Mujer de Impacto" por FCCI.  Nominada por el Premio Sofía en Oslo, Noruega por “Iniciativa pionera social y ambiental Los Ojos de Dios". Nombrada “Héroe de la Comunidad" por Prudential y Univisión El Paso.
Fundadora del Ecocentro de Reintegración Infantil “Los Ojos de Dios”.