El imperio de lo efímero

By on 14/11/2017
Guillermo Chavez

La limitada capacidad del hombre para percibir, le obliga a solidarizarse con la pretensión ajena de conocer: la responsabilidad de transmitir lo percibido impone la independencia de pensamiento y la necesidad de evitar la esclavitud.

El contenido de las creaciones de los extraordinarios genios del pensamiento del pasado y el argumento de las obras de los grandiosos pensadores de la actualidad, son prueba irrefutable de la insuficiente e insignificante capacidad del hombre, estimado individualmente, en la búsqueda del conocimiento universal.

Esos profundos y extensos trabajos, de estos increíbles hombres, se quedan pululando tenuemente en la superficie y girando sin control en un punto imperceptible del conocimiento absoluto.

Basta observar el título y una somera introducción de una excelente y trascendental obra para descubrir que el conocimiento propuesto es nada casi nada comparado con el conocimiento en general.

Ante esta condición limitada del individuo, es imprescindible que la fraternidad funda a los hombres, solidarizándolos, en la procuración del entendimiento del universo que sin duda será considerablemente superior al individual.

También es indispensable el ejercicio de la libertad para impedir que las conductas imperiosas y opresoras pretendan imponer su raquítico pensamiento, producto de la hipócrita idea de ser poseedor absoluto de la verdad.

Además, la práctica de la libertad evita la esclavización voluntaria del individuo, que por ocioso y temeroso se somete al pensamiento de otro individuo, obligándolo al trabajo arduo en la independencia del conocimiento.

Por lo antes dicho y en agradecimiento de la visita a nuestro país, comentaré el sugestivo trabajo del pensador francés Gilles Lipovetsky que incita a su estudio; autor de la admirable obra ¨La era del vacío¨ entre otras.

Con el debido respeto, diré en palabras más palabras menos que sus argumentos giran en torno a la siguiente idea: ¨la dinámica de la humanidad de hoy ha saturado, rebasando los conceptos de cultura y tecnología del pasado, generados por el absolutismo del mercado que ha impuesto su ritmo nulificando las alternativas, quedando sin oposición y destruyendo toda estructura normativa.

También comenta que la tecnología dicta, imperiosamente, los conceptos culturales colmando los movimientos sociales caracterizados por el desprecio del hombre al trabajo y al esfuerzo, originado por la fundada desconfianza y la negación comprensible del hombre en las ideologías y en las religiones.

Lipovetsky considera amigo de la sociedad actual al consumismo, por ser parte determinante de la ligereza que le particulariza.

Ante la vigente posibilidad de entendimiento defectuoso del que esto escribe, pero ligado a la mejor de las intenciones comentaré que Lipovetsky interpreta los hechos recientes de la humanidad, generados por el hombre individualmente considerado, bajo el referente de la constante y permanente trasformación del hombre y de la sociedad. Considerando al hombre un resultado más del determinismo sin estimar su potencialidad natural de construir su futuro en el ejercicio de la libertad que lo responsabiliza de sus actos.

Lipovetsky, intenta justificar el consumismo de la sociedad actual considerándolo que es producto de la ligereza social. Si bien es cierto que la futilidad social engendra el consumismo, también es cierto, que el consumismo origina la debilidad social. Pero, más cierto y preocupante es que el consumismo y la ligereza de la sociedad son productos del egoísmo del hombre que lo tiene cautivo en la sociedad.

Terrible los argumentos de Lipovetsky al considerar una relación necesaria y justa entre la sociedad y el consumismo fundada en la ligereza del hombre en sociedad, al parecer, sin entender, que la ligereza y el consumismo social son a la vez generados y generadores del egoísmo humano, formando acciones y reacciones que únicamente destruyen a la humanidad.

Sin duda, es honrosa la visita del pensador Lipovetsky: Bienvenido a México.

Es cuanto ¡un saludo fraterno!