Frederick, Juárez, y Antonieta. Colegas en el 2013

By on 19/07/2013

“Donde la justicia es denegada, donde la pobreza es reforzada, donde la ignorancia prevalece, y donde cualquier clase social está hecha para hacer creer que la sociedad no es más que una conspiración organizada para oprimir, robar y degradarnos, ninguna persona o propiedad estará a salvo”, así hacía el llamado Frederick Douglas, el primer hombre de raza negra, y en condición de esclavitud en los Estados Unidos de América por el año de 1845. La democracia no existía. Y con ella, tampoco ninguna libertad de decisión de los gobernados hacia sus gobiernos.

Hijo de esclavos, y huérfano poco después, Frederick se aprendería a escondidas el alfabeto, se devoraría escritos que caerían clandestinamente en sus manos, y a cambio de pan, recibiría clases por parte de jóvenes blancos de su vecindario y bajo la condición de que nadie se metería en problemas por hacerlo. Mientras el joven afroamericano seguiría por la vía autodidacta por el resto de su vida, el conocimiento convertiría a un esclavo en uno de los abolicionistas estadounidenses y reformadores sociales más importantes de todos los tiempos.

Años después, a miles de kilómetros sobre el mismo continente, Benito Juárez, de origen indígena zapoteca, se convertiría en el presidente de México durante más de diez años, y determinaría, con su lucha contra las dictaduras y las fuerzas opresoras, la soberanía de los mexicanos hacia los países colonizadores que veían en éstos a sus esclavos.

Perseguido y rodeado por los franceses hasta la frontera, muchos buscaron convencer a Juárez de cruzar al suelo estadounidense, pero el oaxaqueño, tomando un puño de tierra en la rivera del Río Bravo, aclara el preferir refugiarse en algún cerro inhóspito y morir con la bandera de su país en el pecho que abandonar el suelo patrio.

Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez, sería el suelo donde se organizaría una heroica resistencia contra el Imperio de Maximiliano. Y al igual que Douglas, quien era consciente de su condición de esclavo, Juárez nunca aceptó la perversión de las cadenas ni la de las ataduras impuestas por una fuerza dominante y represora.

A casi dos semanas del resultado electoral obtenido en los municipios chihuahuenses y en otras partes del país, Bety, David, Rodolfo, Ulises, Enrique, Gustavo, Armando, Evelyn, Brenda, Veronica y su Familia y yo -algunos jóvenes, y otros íntegros padres y abuelos de familia- “comunes y corrientes” conformamos el equipo ‘frontal’ de campaña de María Antonieta Pérez, contendiente por la alcaldía de Juárez.

Junto con María Antonieta, su equipo fuimos contraste, algo muy opuesto al núcleo conformado alrededor del candidato “oficial”, que si bien también contó con su propia participación juvenil, es seguro decir que en buena medida fue conformado por guardaespaldas con caras de pocos amigos, y patrocinados por la Fiscalía General del gobierno de la entidad. El contraste estuvo a la vista pública.

La carta de María Antonieta, ante la falta de dinero para una campaña hipnótica y abrasiva, fue la honestidad, la inteligencia, una propuesta real y creativa, y la nobleza en su mayor estado de crudeza. Ella venía representando, más que el emblema de su partido, una propuesta auténtica ciudadana para el emblemático municipio fronterizo, y los intereses de un pueblo oprimido, pero también adormecido.

Más allá de una posible solemnidad hacia un partido político, el equipo de trabajo en cuestión, creíamos, y aún seguimos creyendo, en la necesidad de un Juárez distinto, y en la posibilidad de una verdadera transformación económica y social. Y vimos en la panista todo ello. Tan verdadera como el sol fulminante de Juárez, tan auténtica como las dolorosas carencias de miles de niños y las lágrimas de adultos mayores que comercian sobre las banquetas.

Con esto cabe aclarar que, luego de la contienda perdida, también llegamos a las mismas conclusiones que tú:

  • Sabemos que el PAN es predominantemente percibido como un partido a media asta, bajado del poder, y por tanto, que se encontraría bajo una neurosis similar a la de un hormiguero pisoteado.
  • Evidentemente, las contiendas electorales, más que con candidato, se ganan con dinero.
  • Inquietante, cómo el partido que ahora se encuentra de regreso en el poder, siempre tiene una infraestructura organizada, y hay que reconocerlo, pocos partidos tienen ese nivel de ciega solemnidad, y coordinación digna de una gendarmería. Atributo sobretodo perpetuado y alimentado por los más altos niveles de poder.
  • Como si esas tres realidades no fueran del todo suficiente, el pueblo juarense es en su mayoría priísta, pero quien no lo es, siempre está en la mira de ser comprado por el mencionado partido tricolor en cuestión. El ciudadano, que vive en un estado permanente de pobreza, y por tanto aislado de un entendimiento que sólo es apoyado en la preparación educativa, es fácil carnaza, como sabemos, de ser persuadido de una u otra manera a alimentar la voraz maquinaria con aportaciones efímeras, o ilusiones tan etéreas como las del afamado oasis en pleno desierto.  Todo para volverlos a dejar igual que como estaban. No cabe duda que el problema con México está conformado por malignos corruptores y dóciles corruptibles. Dos patologías que consumen una con la otra y se complementan.
  • Y como en toda campaña política, se hace frente a un gran fenómeno multifactorial.

Lo sabíamos. Todo eso lo entendimos desde antes.

¿Algo sorprendió? ¿Un golpe inesperado?

¿Hubo una vuelta en curva?  

Más que inesperado, quedó de nuevo comprobado. A pesar de tener a María Antonieta en el frente, y en días de trabajo llenos de optimismo, fue evidente que al final, el elemento determinante de cambio no está en el vocero promotor, sino en el receptor.

En pleno Siglo XXI, año 2013, y sobre el mismísimo suelo árido del que alguna vez brotó una acaudalada fuente de libertad, María Antonieta Pérez propuso hacer frente a la desigualdad social reabasteciendo los pozos para saciar la sed de la pobreza y más importante aún, que el pueblo mismo fuera libre de llenarlos por sí mismos. No fueron propuestas populistas, no fueron propuestas marcianas ni de una ocurrencia mercadológica. Fue algo muy simple, y de lo cual gozan las naciones primermundistas: la sociedad fuera finalmente libre de caminar cuando, y en cambio, a esta se le ha hecho creer en la necesidad de usar andaderas. Antonieta, a diferencia de los luchadores sociales del ayer, no posee una piel que causa discriminación, pero no estará de más decir que el racismo actual del mexicano es el machismo.

No obstante ello no significó un verdadero obstáculo. A diferencia de la sociedad afroamericana de siglos atrás, la sociedad de Juárez se ha vuelto esclava de sí misma, y sin generalizar, muchos juarenses son los verdugos de su propio anhelo de superación.

Sonará un argumento de ardidos para algunos, e insensato para otros, pero el Síndrome de Estocolmo -ese, en el que el individuo se enamora de su secuestrador- del mexicano promedio, reapareció, y nos recordó qué ocurría en las décadas de juventud de nuestros padres, cuando la sociedad de los Estados Unidos Mexicanos tenían el poder de decisión.

¿Qué habría sido de la lucha de Frederick Douglas si los hombres y mujeres esclavizados en los campos, quienes vieron violadas a sus mujeres, sometidos a sus padres, y condenados a sus hijos, hubieran cambiado un mínimo de posibilidad de vivir en libertad, por un litro de leche y un pedazo de pan?. Contemplando ambas sociedades y sus contextos: la clase predominante de los juarenses viven en la pobreza, e incluso en la marginación, y alarmantemente similar a la adversidad de aquella esclavitud afroamericana.

Pero el mexicano en Juárez, a diferencia como en el resto del país, tienen algo por lo que muchos hombres y mujeres afroamericanos murieron en el intento. El poder de decisión.

¿Así mismo qué habría sido del combate por la soberanía y libertad del Benemérito de las Américas, si los indígenas que vendieron su libertad a la monarquía hubieran sido una cantidad mayor?

En la lucha del poder, se entrecruzan las luchas discursivas y los combates en  estrategias mediáticas. Unos ganan, otros pierden, un partido celebra, otro de rostro más largo que el mayordomo de los Locos Adams. Así siempre es. Es un ciclo más, ya sea eficaz o primitivo, diseñado por el hombre.

¿Porqué ahora en nuestro Ciudad Juárez pasó algo tan diferente?

Pues, no estamos para buscarle tres pies al gato, y no queda más que sacar a relucir al sadomasoquismo del juarense, la ignorancia de muchos, y la necesidad de la estructura de gobierno imperante de mantenerlos en ese estado, como un campo de cultivo de ignorancia en el que se cosechan elecciones para su partido. Dicho partido, el PRI, es hoy el modelo con tecnología de punta de ya muy arcaica maquinaria de corrupción, que no cree en la democracia, que compra todo y a todos, en especial a la transparencia y objetividad de los medios de comunicación.

Y mientras en muchos lados perdieron los candidatos del PAN, y en todos los pueblos, y en toda sociedad se presenta una fuerza corruptora, y un pueblo dispuesto al suministro de una pequeña droga a cambio de la libertad real, en Juárez algo muy trágico pasó, tan trágico como los niveles de violencia por los que han pasado tantos años. El ciudadano que vende su libertad tiene tanto que aprenderle a los esclavos de siglos pasados. Como es bien sabido, en Juárez el abstencionismo resultó histórico, y más, la venta cínica y descarada del cambio gradual por lo efímero.

Un factor apabullante, pero hay otro lado de la moneda, y también hay que decirlo:

El apoyo económico y moral del Comité Nacional del PAN de Gustavo Madero fue muy poco -al menos lo señalaría a título personal-, mientras que el perfil del candidato fue mucho. No me agrada la idea, pero me es forzoso citar a Alicia Villarreal: al partido blanquiazul le quedó grande la yegua.

Ante un panorama tan adverso, nombres tan identificables en el imaginario social como un emblemático Javier Corral (quien cabe decir en buena medida aportó y coadyuvó en la formación de la juarense como legisladora), el ex gobernador Francisco Barrio, la activa defensora de los derechos indígenas Xóchitl Gálvez, el aguerrido juarense Ramón Galindo, y el titular estatal de dicho partido, Mario Vázquez, todos destacados correligionarios, apoyaron, justo como un grupo de cometas independientes sobre una congestionada vía láctea de Acción Nacional, la causa por la que se luchó, y probablemente seguirá adoleciendo el pueblo de Juárez. Todos ellos fueron vitales a medida de sus distintas aptitudes y posibilidades individuales.

Y se perdió, pero nada está perdido. Al menos no para la ex diputada federal.

María Antonieta es quien es gracias a su propia formación en familia, como empresaria, como ex diputada federal, y sobre todo ello como luchadora social.  Aunque su plataforma para la proyección de un gobierno ciudadano y efectivo fuera en forma la de un símbolo político, a diferencia del político tradicional, María Antonieta no ha sido el producto de un partido.

Por tanto, María Antonieta, gane o pierda elecciones, sigue siendo un fenómeno social mismo que sólo está ocurriendo en países más avanzados que el nuestro, y es un acontecimiento muy aislado en México, pero es más llamativo que en Europa o Estados Unidos, porque ninguno vive una realidad tan desoladora como Ciudad Juárez.

Es ella un fenómeno social, no porque no sea del PRI –sí cree en el principio de gobernar para servir-, no porque sea del PAN –pues incluso muchos candidatos a las alcaldías de otros municipios, pues vaya que han dejado mucho que desear como contendientes-, y además, no porque sea una mujer en la política mexicana. Vaya, de esas también ya las hay, y muchas. Pero a diferencia del resto, es una mujer comprometida con una sociedad altamente afectada y convulsa. No es exageración aseverar que Juárez es una de las sociedades más complicadas en ese sentido en el mundo entero. Igual de aplaudible aún, al menos para quien escribe, Antonieta es un ser humano simple, real y vulnerable, metido en los zapatos de un político transparente y servidor público aguerrido.

Hoy, y a poco más de una semana en que la sociedad de Juárez decidió sin decidir, y más desmoralizante aún, se creyeron privilegiados por vender su poder de decisión a cambio de extender la mano hacia algo sumamente efímero, más de uno ya nos preguntamos: ¿dónde quedaron la despensa, el circo, y las palmadas en la espalda que recibieron quienes dieron a cambio su voz?; ni el rastro de los obsequios de los Bingos y los métodos Carrusel, ni el rastro del contenido del sobre amarillo.

Qué tan valioso será el poder de decisión sobre nuestros gobiernos, que lo tenemos un solo día cada 3 y 6 años, patria chica y nacional, respectivamente, empero, el poder en turno busca quitárnoslo a como dé lugar.

El hambre es una necesidad básica que nos domina, pero hay que entender que el atole con el dedo ni siquiera se queda en la lengua por ser una sola vez lamido.

Así mismo, increíble que no se sepa que podemos tomar todo lo que nos den los partidos políticos. Lo que sea. Cuanto sea. Y por quien sea. Y aún así, votar por quien tú quieras. El voto es secreto, detrás de una cortina, y no hay manera de comprobar por quien votaste. Aclaraba María Antonieta en campaña “Tomen lo que les den, porque lo que tomen de ellos, es tan sólo una pequeña parte de lo que nos han robado.”

Comprobado. Nadie, absolutamente nadie, ni Frederick, ni Juárez, ni María Antonieta Pérez Reyes, ni Hidalgo, ni nuestros padres, ni nuestros hermanos, nuestros hijos, ni ningún partido político, ni siquiera el ser supremo, pueden salvarnos de nosotros mismos.

María Antonieta Pérez no perdió, ella continuará labrando exitosamente su trayecto como política y luchadora social, pues tanto no pierde quien ofrece ayudarte, lo pierden los juarenses que hoy, vuelven a tener las manos vacías.

¿Será este un preámbulo a la nada, y a lo mismo de siempre en el pueblo de Juárez por tres años más?

Esperemos que no, y que los jóvenes, los adultos de la tercera edad, los hombres y las mujeres de Juárez que el pasado 7 de Julio sí acudieron a votar y así mismo no lo hicieron efectivo por un candidato sistemático, a modo, un títere gubernamental y del poder fáctico de los monopolios de servicios establecidos en Juárez, mismo que está lleno de egolatría y vacío de propuestas, a pesar de ello ofrezca un progreso para quienes sí merecen, y sobre todo tienen el derecho, de soñar por el cambio. Al menos por amor propio, por crearse buena imagen y por ello esmerarse en ser buen mandatario.

Lejos de la idolatría, hay que recordar, hay que tener muy en cuenta que los grandes líderes, los grandes pensadores, los genios y los máximos arquitectos reformadores, son en su momento poco respaldados, incluso ignorados, y no son apoyados por ninguna estructura ni maquinarias socioeconómicas poderosas. Poco a poco generan el cambio. De los juarenses dependerá, ya sea con María Antonieta, o con cualquier otro proyecto ciudadano, ya sea en tres años o en seis, sólo de ellos, cuanto más decidan prolongarlo.

Política, en el caso de María Antonieta, siempre estará bien dicho, porque política significa obrar en beneficio de los demás. Y política, en su caso, porque es mujer.

– “Haz visto cómo de un hombre se ha hecho un esclavo, ahora verás cómo de un esclavo se hace un hombre”

– “De lejos la mayor parte de los esclavos sabe tanto de sus edades como los caballos de las suyas, y es el deseo de muchos amos, a mi entender, el mantener a sus 
esclavos en la ignorancia”.

Frederick Douglass.

(Fotografía Cortesía de Arte Visual Fotografía | Cel. (656) 338-4573 | Rodolfo González)

José Miguel Ogaz
José Miguel Ogaz
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Egresado de la Universidad Regiomontana de la Licenciatura de Comunicación Social y Maestría en Periodismo cursada en la Universidad Complutense de Madrid.
Ha laborado en Milenio Radio y TV Azteca, ambos en la ciudad de Chihuahua.
Actualmente en el departamento de Comunicación y Enlace de Medios para el Senador de la República, Javier Corral Jurado.