Un espectro recorre el mundo: el espectro de la ignorancia.

By on 10/07/2017
Dr. Marcos Delgado Ríos

Estimado lector:

Ignoro si éste es un procedimiento estándar en la industria editorial, sin embargo, a mí en casa me enseñaron que era de buena educación explicar el por qué esta uno donde está y que es lo que quiere.

Apenas hace unas semanas, amablemente fui invitado a participar como columnista de este medio, a lo que gustoso accedí pues siempre he tenido la idea de que todos tenemos algo importante que decir. Espero que el lector me tenga paciencia, pues estoy aprendiendo el fino arte de la comunicación masiva y seguramente tendré algunos tropiezos en esta nueva aventura intelectual.

Aunque también incursiono en la política de forma meramente amateur, no vivo de ello ni cobro un solo peso por defender mis convicciones en el difícil quehacer de las relaciones de poder y su influencia en la sociedad; y de vez en cuando tengo pensado ofrecerle al lector uno que otro artículo al respecto, mis pasiones personales son la ciencia y la tecnología. Analistas políticos somos todos en este país surrealista y contradictorio, por lo que, lejos de incursionar como un divulgador de reseñas políticas más, me encantaría enfocarme en ofrecerle a usted que tiene la gentileza de leerme mi visión de la ciencia y su inclusión en todas las facetas de la vida cotidiana y eso incluye, como podrá estar de acuerdo conmigo, a la política.

A menos que aún exista alguien que viva en una cueva aislada del bullicio de la falsa sociedad, o bien viva en medio de la selva del Amazonas, para nadie es un secreto que vivimos en un mundo globalizado y altamente tecnificado. La decisión que tome un alto ejecutivo de una empresa en China, un analista económico en Nueva York y un investigador en un laboratorio en Alemania tiene repercusiones en nuestro quehacer diario mucho más allá de lo que generalmente comprendemos, y esto nos hace vulnerables, pero también ha enriquecido nuestras vidas exponencialmente.

Estoy seguro que la persona promedio ya no concibe su vida sin transporte mecanizado, la comunicación vía celular, los avances en la medicina, el acceso a la información de manera digital y la comida procesada. Esa dependencia tecnológica ha conseguido una extraña paradoja: somos unos constantes consumidores de bienes tecnológicos, pero cada vez sabemos menos sobre ciencia y tecnología.

Esto puede deberse a un buen número de razones, de las trataré en otro artículo posterior; pero me gustaría hacer énfasis en el hecho de que es cada vez más necesario desarrollar una de las más importantes competencias educativas: el filtrado de la información. No es una tarea sencilla.

Hoy, el ciudadano promedio recibe, por día; el equivalente a la información que recibía una persona de hace 100 años durante toda su vida. La gran mayoría de las profesiones son caducas en unos cuantos años, y los conocimientos aprendidos en las universidades, en varios campos del conocimiento, son obsoletos antes, incluso, de que el estudiante reciba su título.  Ya hablaremos en artículos posteriores a mayor detalle en el tema, con tantas aristas por afinar.

Es sumamente complicado manejar tan enormes cantidades de información, haciendo un predicamento dilucidar qué información es válida, verdadera y valiosa. Internet solo ha venido a complicarnos las cosas en este sentido, pues la libertad de publicación que todos tenemos ahora con ella ha creado pantanos de sofismas, camelos y medias verdades en el cual nadamos todos, día con día. Es por ello que se dice que internet es un océano de información, pero con una pulgada de profundidad. Tal comparación no está alejada de la realidad.

Hoy en día cualquiera es experto en lo que sea: vendedores de vitaminas que hacen coaching de salud”, escritores de pseudociencia que venden por millones libros de “terapias alternativas” y personas que ven una mancha en una fotografía y hacen complejas y nada sustentadas teorías de la conspiración, en donde participan los Reptilianos junto con los comunistas y los Rothschild tratando de robarnos la fórmula de los chilaquiles de Doña Chencha, pues esta súper comprobado que curan desde el cáncer hasta los callos y los dolores menstruales. “A una tía le pasó”.

Hemos pasado de un saludable escepticismo o más bien, desconfianza en nuestras instituciones; a una necesidad de creer en cualquier cosa que nos dé alguna leve esperanza de resolución de nuestros problemas. Es un coctel explosivo que afecta considerablemente nuestras vidas y nuestro entorno: mina nuestra democracia, nuestra capacidad de innovar, nuestro sentido crítico, nuestro pensamiento sistémico, perpetúa prejuicios y tiene incidencia directa en cosas tan graves como nuestros sistemas de salud, nuestras finanzas y nuestras políticas públicas.

Es por ello que en esta primera serie de artículos me gustaría ir desmitificando estos engaños, camelos, falsedades y medias verdades. Tratando de señalar una explicación plausible con sustento científico y comprobable a cuestiones de la vida cotidiana que generalmente damos por sentado como ciertas y/o entendidas por la “sabiduría popular”.

Por supuesto, las aportaciones del lector son siempre valiosas y la discusión es siempre edificante. Invito a quien tenga la amabilidad de leerme que nos enfrasquemos en la búsqueda de la verdad, por subjetiva y acotada que podamos considerarla. ¡¡Alea iacta est!!*

*¡¡La suerte está echada!!
Marcos Delgado Ríos
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Ingeniero Químico y Licenciado en Educación, con Maestría y Doctorado en Ingeniería Ambiental.
Catedrático universitario y empresario emprendedor en productos con valor científico agregado. Analista político y Rector de la Academia Superior de Estudios Masónicos (ASEM) de la Gran Logia “Cosmos” del Estado de Chihuahua. Líder del Comité de Participación Política “Salvador Allende”.
*La suerte está echada