Elección Chihuahuense: Progresista o Conservadora

By on 21/06/2016
Guillermo Chavez

La colectividad obedece a sus instintos, la soledad individual obliga a la reflexión. La dinámica impulsada por los instintos genera una sociedad conservadora, la inteligencia de un solo hombre orienta a la comunidad hacia el progreso. Ambos principios acreditados por los hechos que sostienen la historia de la humanidad caracterizados por la esclavitud y la libertad respectivamente.

El pensamiento conservador contiene dos elementos fundamentales: el activo, que busca preservar la protección y vigencia de sus intereses; el pasivo, se propone resguardar permanentemente la comodidad que le provoca el no pensar ni hacer por sí mismo. En cambio, la filosofía progresista consiste, elementalmente, en el establecimiento de los mecanismos necesarios con el objeto de que el individuo de seguimiento a sus fines espirituales personales e intente satisfacer sus necesidades naturales primarias. Ambas pretensiones, bajo la influencia estricta de los principios universales arrancados de la naturaleza y esencia del ser humano.

La dialéctica de la historia descubre la alternancia del pensamiento conservador y la filosofía progresista. Mutación que ha sembrado, lentamente, en la mente del individuo el germen del placer acomodaticio del conservadurismo y ha dejado en el olvido la actitud profunda, compleja y demandante de un esfuerzo exhaustivo de la filosofía progresista.

El pensamiento conservador ha absorbido un alto porcentaje de la atención de la humanidad; durante un largo tiempo ha impregnado la dinámica de la humanidad; de diferentes formas su hegemonía ha conquistado casi la totalidad de la humanidad. Al contrario, la filosofía progresista únicamente sedujo la simpatía de la humanidad durante un periodo de algunas décadas. El periodo casi milenario del oscurantismo de corte conservadora y la instantánea época de las Luces de origen progresista son ejemplos claros que la historia exhibe.

Por lo antes dicho e independientemente de su influencia en un instante tenue de la historia y en algún punto perdido de la geografía universal, la reciente elección chihuahuense está presa, inevitablemente, en las celdas del conservadurismo o en las mazmorras del progreso que afectan, también, a los grandes movimientos de la humanidad.

Únicamente la actitud permanente de los chihuahuenses determinará la continuación o cambio de la organización política y no una simple elección perdida en la oscuridad del tiempo y absorbida por la profunda sed de nuestro desierto: la conducta alegre de la victoria y la posición triste de la derrota, ambas momentáneas, son la apariencia que cubre la confusión generada por el desconocimiento del destino a que nos conduce el camino en que nos encontramos estancados ya permanentemente.

El simple cambio de partido político en el gobierno no modifica una sociedad conservadora en una sociedad progresista, tampoco viceversa. No existe la voluntad política, no existe la voluntad social en la transformación de la organización política social: la somnolencia de la comodidad permanente de lo constante impone la creencia de estar recorriendo el camino correcto. Lo contrario, la diversidad inquietante de lo nuevo, obliga a buscar diferentes caminos y horizontes. El profundo letargo social es preferible a la inquietud sin certidumbre.

Para terminar este trabajo, sin concluirlo el tema, diré: independientemente del partido político que ejerza el poder en el gobierno, la sociedad chihuahuense continúa sumida voluntariamente en el conservadurismo repudiando el progreso. La vacía alegría y la hueca tristeza arrojada por la reciente elección únicamente reflejan la profunda confusión generada por la parálisis económica, política y social; la reactivación corresponde al pensamiento progresista en cada ciudadano, resuelto en abandonar los paradigmas que han demostrado que no funcionan. Las conductas y argumentos de la sociedad y gobierno referentes y fundadas en el pasado es un indicativo de conservadurismo…lo nuevo es progreso en esencia.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!