El privilegio de mandar…en Chihuahua

By on 02/05/2018

Muchas veces me pregunto, ¿qué diablos le pasó a los panistas? Nunca fueron mi arquetipo de partido, ni obsequié jamás mi militancia formal en sus colores, porque soy periodista, no activista político.

Pero observo, con mucha tristeza, que en los peores tiempos del país, el Partido Acción Nacional ha enterrado sustancialmente el nivel de credibilidad y confianza que tanto les ha costado forjar.

Al perderse los equilibrios el Estado de Chihuahua está en serio peligro de afrontar una de sus peores crisis en cualquiera de las hipótesis políticas que se registren en la próxima elección de julio.

En un análisis frío, no se trata de anticipar qué ocurrirá, pero cualquiera de los escenarios de éxito o fracaso electoral nos afectará y tendrá sus primeras consecuencias a partir del 1 de julio.

La guerra del gobernador Javier Corral contra Enrique Peña Nieto afectó severamente al Estado de Chihuahua. Los beneficios de una buena relación se han esfumado. El presidente no ha regresado al Estado ni regresará, porque aquí, con razón o sin ella, se le dice ‘protector de César Duarte’ o ‘padrino’ del corrupto ex gobernante. Actualmente la relación entre estado o federación es operacional, no formal mucho menos institucional.

En pocas palabras Peña Nieto no le contesta las llamadas a Corral Jurado, ni quiere que le hable.

En la hipótesis de que la elección presidencial sea ganada por Andrés Manuel López Obrador o por José Antonio Meade, la situación será complicada para Chihuahua. AMLO lanzó desde la ciudad de Delicias un misil de descalificación a Javier Corral al señalar que “Chihuahua tiene mucho pueblo para tan poco gobernador”; Corral, cauto por el posible escenario electoral, simplemente respondió que “López Obrador estaba ardido porque perdió el debate entre candidatos”.

En la bajísima probabilidad de que el PRI arribe al poder, la situación será muy parecida. El ex secretario de Hacienda ha sido descalificado una y otra vez por el gobernante chihuahuense e, incluso, lo ha considerado el responsable de los desvíos del gobierno de Duarte hacia el PRI nacional, a través de la Secretaría de Hacienda.

Los informes de Consulta Mitofsky derrumban, en este momento, las pretensiones de Javier Corral y su partido de ganar el proceso electoral que se avecina en el Estado de Chihuahua. La anotación es dramáticamente a favor de Morena y su mesías.

No pretendo promover desde esta trinchera ninguna causa política, porque hacerlo o intentarlo no es parte de la “razón de ser” de los periodistas. Los reporteros -así de simple- tenemos una misión profesional irrefutable que es la de transmitir, interpretar, condensar y presentar a la sociedad la información que permite la toma de decisiones. Debería de ser un ejercicio objetivo, pero todos nos pasamos por el arco del triunfo ese precepto ético.

Y refiero particularmente el tema del PAN por la posibilidad, real o ficticia, de que en las próximas horas se defina la declinación del candidato del PRI, José Antonio Meade y de Margarita Zavala, la independiente, a favor de Ricardo Anaya.

Bajo esas condiciones, la posibilidad de que el gobierno de Javier Corral resultara exitoso en Chihuahua, sería mínima por lo que dicen las encuestas. El famoso ‘click’ entre sociedad y gobernante está roto.

Una caterva de incondicionales y miles de burócratas ‘cuida puestos’, junto con su gobernador, son los responsables de ese derrumbe de la credibilidad del gobernante. Por eso la pregunta ¿qué diablos le pasó a los panistas?

A los mítines de Corral, emitidos desde su propia ‘plaza de la revolución’, donde evoca sus larguísimas piezas de oratoria, solo ocurren los incondicionales. Sus frases repetitivas, suficientemente adjetivadas y plagiadas de su finado amigo Fidel Castro, se las tienen que chutar y los burócratas que acuden bajo la amenaza de ser corridos.

Allí, en ese escenario, el gobernador se chuletea una o dos frases de Manuel Gómez Morín para que nadie diga que se ha alejado del perfil panista.

Y es allí donde estamos obligados a conocer la estructura operativa del gobierno de Javier Corral. La circunstancia nos lleva a analizar la radiografía de las decisiones absurdas que se toman en Juárez, como es el hecho de que la hermana del gobernador sea una especia de vicegobernadora para regir la vida de los funcionarios juarenses.

Que sea ella (Leticia Corral) y no los funcionarios los que asuman la responsabilidad de co-gobierno, que incluye contrataciones y aval de personas, es una auténtica falta de respeto, una afrenta al sentido común y a la inteligencia social.

Luego viene esa proclividad por resucitar a personajes nefastos. Javier Corral sabía perfectamente que colocaba en la subsecretaría de Desarrollo Social a un truhán, a un vividor, que como catedrático de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, no le llaman por su nombre propio, porque le han perdido el respeto.

Así, llanamente, se le conoce como Hugo Almohada, en lugar de Almada, porque es un huevón y atenido, un personaje siniestro que aprendió muy bien a mentir y cobrar bien por los programas sociales ‘patito’ que él y su familia administran en esta frontera.

Se sabía con toda prontitud que Almada generaría problemas, porque es un personaje problemático, y don Almohadas, lo hizo de nuevo; no soportó su salida del gobierno. La familia entera ha salido en su defensa en la búsqueda de justicia a través de un amparo contra Corral y su gobierno. La acción judicial, lo sabemos, es una monserga legaloide, que frena las acciones de gobierno para solapar a delincuentes y huevones.

Se avaló en la Junta Municipal de Agua y Saneamiento a Jorge Domínguez. En geometría, este empresario, sería un cuadrado perfecto. Es un individuo que escenifica perfectamente a Tarzán, “el señor de los monos” que va de liana en liana, pero su condición lo lleva de ‘torpeza en torpeza’ y allí sigue, protegido por el sistema.

Domínguez ha anulado toda posibilidad de trabajo con los pobres que solicitan el apoyo solidario, pero no los puede ayudar porque los odia, los concibe como seres humanos inferiores, los desprecia y humilla con sus políticas de gobierno y se niega a servirlos…los explota con cargas injustas y arbitrarias.

Pero no ocurre así con los poderosos, a los que se les sirve diariamente la mesa, como si fuera un plato de menudo en el restaurante El Puente; a sus amigos y los amigos del jefe les perdonan las cuentas, les perdonan los cortes de agua potable. Y allí está el empresario, avalado por la vicegobernadora y su hígado. Intocable.

Pegados a la ubre de donde emana agua con manganeso, se ubican todos los acomodados del panismo, empezando por Héctor Arreola, un sicólogo con más complejos que un cubano recién llegado a Miami que pisotea a los empleados y que los somete a sus injustas visiones de partido ‘ético’ en el poder.

A alguien se le ocurrió, como ocurrencia pues, no imprimir la foto del gobernador y colocar en su lugar un código de ética que nadie cumple. Y allí está Arreola empujando los complejos y sintiéndose gigante sin que nadie lo moleste.

Y, como si fueran las Islas Marías, el panismo envió a la JMAS a todos los desempleados que aparecían en una primera lista de miembros sin chamba, traqueteados por la vida y por el sistema político, pero que exigieron un plato de sopa aguada cuando el justiciero de Chihuahua se sentó en la silla.

Las instancias del gobierno están convertidas en un centro de colocación de panistas sin ventura y de empresarios que están acostumbrados a cortar pedazos de papel periódico para que se limpien sus empleados cuando hacen “del dos” y ahora, como mercenarios de medio pelo, vienen a hacer frente a actividades políticas ofreciendo un cargo a los palomeados de blanquiazul que lograron sobrevivir varios años en la penuria, porque no saben hacer otra cosa que política.

Los ejemplos abundan en esa lista de asalariados al servicio del poder. No se queda atrás el desaseado jefe de Transporte, Víctor Estala un mitómano, marcado por un pasado donde la corrupción y la trampa han sido parte de su historia. En la oficina de Migración federal las historias ‘berracas’ abundan, se multiplican como si fuera una leyenda de truhanes. Y allí está, avalado no sabemos por quién, haciendo no sabemos qué…pero en la obviedad, resulta más que lógico su estratégico trabajo ¿a favor de quién? Y no estoy hablando de lo que se hace operativamente en Transporte.

Y luego el caso del ex alcalde Gustavo Elizondo, cuyo expediente es tan abundante que incluye historias que se tienen que platicar sin fuente, para no afectar la imagen de su confesor, ya finado. Como un tributo post mortem a Mario Trejo, las historias del empresario recorren los corrillos, porque era obvio que algo tan delicado no era un secreto de tumba.

Esos escenarios preocupan, porque ahora estamos metidos en una encrucijada que nos alerta a todos. Andrés Manuel López Obrador asegura que Claudio X González, quien hace meses destapara al ahora candidato del PRI; Alberto Bailleres (Grupo Bal); Germán Larrea (Grupo México); Eduardo Tricio (Grupo Lala) y, Alejandro Ramírez (Cinépolis), quieren que Mead decline a favor de Anaya para que AMLO no llegue al poder.

“La reunión a la que estoy haciendo referencia fue cerrada y tomaron el acuerdo de que iban a ir a ver a Peña y apoyar a Anaya”, aseguró López Obrador y agregó que Meade será quien decida o no declinar.

“Yo espero que Meade pierda con dignidad o sea que no se someta… Es importante pedirle a Anaya que diga si es cierto que tuvo o no esta reunión”, exigió ante medios nacionales López Obrador.

La hipótesis de la ‘no dignidad’ de Mead nos pondría en un serio predicamento ya que “un corrupto”, “traidor”, “mentiroso”, “arribista” y todos los adjetivos que andan por el aire, se tendrían que repetir constantemente aludiendo a Javier Corral que fue el encargado de darnos a conocer el ‘perfil’ sicótico de Anaya, cuando el gobernante estaba enojado con él porque le ganó la dirigencia del PAN.

En esa metamorfosis mental y política, Corral tuvo que sentarse hace unos días frente a una cámara de video y decir “que Anaya es el mejor candidato”. Se trataba de la grabación de un spot que ya lo podemos disfrutar entre la ‘Señorita Laura’ y ‘Cien Mexicanos dijeron’, versión naca.

Qué penosa escena. Me imagino a Corral Jurado llegar a la grabación del spot y recibir el texto con la alabanza exacta a un personaje que él mismo sabe que es corrupto y nefasto, “que se apoderó de la estructura del PAN”, que “traicionó a Gustavo Madero” y que está embarrado en actos deshonestos.

Y estar allí, sentado, como todo el estadista que cree ser y, con rostro adusto, en la inmoral metamorfosis hablando de Ricardo Anaya, su candidato de quien dijo en una reunión privada: “si Anaya es el próximo presidente de la república, el Estado de Chihuahua va a ser transformado, ya lo verán”.

Unos meses antes, después del debate con Anaya en la búsqueda de la presidencia nacional del PAN, Javier Corral dijo “ese pendejo y corrupto no debe de llegar…y si llega renuncio al PAN”. Ni una cosa ni otra han ocurrido.

Cuando Pablo Emilio Madero renunció al PAN me tocó entrevistarlo en el aeropuerto ‘Roberto Fierro’ de la ciudad de Chihuahua. El ex dirigente nacional del blanquiazul acababa de escribir un libro profético que debe de estar proscrito en el país por las implicaciones y los datos que reveló el finado político mexicano.

Con la dignidad de un verdadero panista, este auténtico descendiente de Francisco I. Madero, no como la versión ‘patito’ chihuahuense que se ha adjudicado un parentesco con el héroe mexicano, me refiero a Gustavo Madero; Pablo Emilio dejó el partido en 1991 por causas que son dignas de comentarse.

Pablo Emilio había sido presidente Nacional del PAN de 1984 a 1987; buscó reelegirse en el cargo pero fue derrotado por la fuerza política que encabezaba el chihuahuense Luis H. Álvarez. En 1991, Pablo Emilio Madero salió del PAN junto con otros antiguos militantes debido a su desacuerdo con la dirigencia nacional a la que acusaba de haber claudicado ideales y principios en favor de acuerdos con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Estos antiguos militantes trataron de formar el Partido Foro Democrático y en 1994 volvió a ser candidato a la presidencia esta vez por el Partido Demócrata Mexicano que se unió con varias organizaciones sociales y se denominó Unión Nacional Opositora.

Bernardo Bátiz escribió en relación a la muerte de Pablo Emilio Madero Belden, y recuerda que el ingeniero, egresado de la UNAM, estuvo preso en el Charco Verde, la mal afamada cárcel de San Luis Potosí, por protestar en contra de la imposición, por parte del gobierno de Adolfo López Mateos.

Bátiz señala que “sus amigos pudimos aquilatar sus virtudes, su capacidad de entrega a las causas que consideraba justas y su empeño en hacer de México un país democrático. Fue en toda la extensión de la palabra un hombre de bien, un ciudadano que podía haber pasado los años de su vida adulta disfrutando de los frutos ganados con su trabajo, pero prefirió, por convicción de ciudadano, sacrificar tiempo y recursos al partido al que perteneció desde 1940 y hasta 1992, año en que, junto con otros compañeros del Foro Democrático, se separó de Acción Nacional con motivo de las ligas y componendas de los dirigentes con Carlos Salinas (ligas ahora nuevamente evidentes), y por la entrega de las riendas del partido a los empresarios de la extrema derecha, que lo siguen usando, disfrutando y mistificando”.

En su visita a Chihuahua, Pablo Emilio acababa de renunciar al PAN. Lo entrevisté en uno de los hangares del aeropuerto ‘Roberto Fierro’. El diálogo con él inició al bajar la escalinata del avión y concluyó en el vehículo que lo transportó a la casa de un distinguido panista de la capital del Estado.

Me refirió el contenido del libro que estaba promocionando. El documento hablaba del PAN que venía (justamente el PAN que ya llegó), de los empresarios, curiosamente ‘la mafia del poder’ que arribó a ese partido político y lo secuestró.

Narraba lo que el blanquiazul era antes de que cayera en la debilidad de aceptar subsidios oficiales y cuantiosos e interesados dineros privados.

Fue el último presidente del PAN que, como sus antecesores, no cobró nunca un solo centavo por su cargo y dio, por el contrario, mucho de su tiempo, talento y recursos personales, por sentimiento del deber y compromiso cívico. El PAN de entonces era de ciudadanos que cumplían su vocación de servicio en la política comprometidos no con un salario, ni movidos por la ambición de prebendas y codicia de negocios, en el que cada quien vivía de sus propios medios y por lo que ni el partido ni quienes lo servían eran una carga al erario ni al partido.

Ahora el PAN es el centro de operaciones de patanes, empezando por la figura del gobernador que ha derrumbado toda credibilidad hacia su partido. Las encuestas no mienten: el PAN está hundido en Chihuahua, las posibilidades de éxito son mínimas, gracias a esa visión absurda de querer juzgar a todo mortal con el manto moral que creen llevar puesto.

Los veo actuar, gobernar, odiar a la pobreza, mentir. Y luego hablan de valores, de justicia, de honorabilidad.

La alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos, Maru Campos, como le dicen, es lo más vergonzoso que ha pasado por el panismo y por el gobierno, aparte de Carlos Borruel, claro está.

El simbolismo de ser la primera mujer que gobierna la ciudad de Chihuahua (antes hubo uno que otro mujerujo), quedó hundido. Es un fiasco.

La indignidad de sus acciones y declaraciones es la carta fuerte de sus actos. Cree que está jugando a la política. Es como si Miss Piggy, la de Plaza Sésamo hubiera llegado al poder.

Hace unos días, una página de Internet de Chihuahua, sacó a la luz un audio donde el secretario del Ayuntamiento, César Jáuregui Moreno recibe y negocia un moche, en un abierto acto de corrupción. En el acto le entregan $300 mil pesos de una partida general de $850 mil que forman ese paquete.

Alguien grabó al ducho secretario del ayuntamiento. Su voz y sus mañas inconfundibles no dejan lugar a duda. Es él, es el mismo de siempre, el cómplice del corrupto Mario Vázquez.

No ocurrió nada. Nadie dijo nada, nadie espetó un mínimo comentario de aprobación o desaprobación. El caso quedó como la denuncia del dueño de un portal que está dolido porque el gobierno no lo trata como en los tiempos de César Duarte.

¿Y la ética? ¿y las leyes? ¿y las cárceles? Ese es otro efecto de la ‘puerta giratoria’ de la política. Los políticos se molestan porque los delincuentes entran y salen de la cárcel. En el caso de ellos, de los gobernantes, ni siquiera son sometidos a una mínima acción penal para que los mexicanos experimentemos la catarsis de ser escuchados.

La ‘Justicia para Chihuahua’ es solo para los detractores de Corral y los amigos de Duarte; la justicia no toca a los cercanos al gobernador que participaron en el crimen de Miroslava Breach y, más aún, que ayudaron a matarla.

La justicia no toca al pillo de César Jáuregui y su sonriente jefa, que aprendió muy rápido cómo ligar la política y el dinero.

Entonces, los chihuahuenses, con ese negro panorama, estamos en un serio problema.

Pedro César Acosta Palomino, fue un político chihuahuense que falleció en el 2009, precisamente un mes de mayo. Era un delicia entrevistar a este hombre forjado en las filas panistas, porque, aparte de su brillantes, era cabalmente mordaz y siempre utilizaba los adjetivos para calificar al nefasto sistema político, emanado del PRI.

Tan inocentes eran sus declaraciones que nunca tiró a un solo funcionario, ni movió las estructuras políticas de la entidad, pero algo a su favor es que nunca vendió sus valores. Así como lo conocimos, así murió a los 72 años. Entregó a Dios su integridad y cerró los ojos anhelando un cambio que nunca llegó, ni a través de la oposición política a la que enfrentó, ni en su mismo partido que actualmente es un asco.

Su peculiar forma de hablar hacía más dramático el momento, porque como que soplaba el aire hacia adentro. Cuando se emocionaba, generaba un peculiar silbido… un salivazo.

En 1991 conocí en Ciudad Juárez a un personaje parecido a Pedro César Acosta, era uno de los primeros licenciados en periodismo, se llamaba Jesús Hernández, pero le decíamos ‘chuyito’ porque evocaba una particular amabilidad que lo convertía en un panista inofensivo para la oposición.

Tenía opinión de cualquier tema, pero nunca cruzaba la raya hacia un comentario mordaz o que pusiera al partido en medio de un conflicto político con los opositores.

Su figura era muy conocida y recurrida por los reporteros de Ciudad Juárez en la década de los noventas. Era Chuyito el que nos sacaba de apuros cuando las redacciones nos exigían muchas notas informativas, la famosa ‘cuota del día’ que todavía existe.

También en las oficinas del PAN laboró durante años la señora Leonor Astorga, ‘leonorcita’, una militante del PAN que fue invitada en esta administración estatal a laborar en las filas del gobierno. Todo una dama y digna de ser mencionada en este espacio. Por estos personajes podemos salvar una parte del PAN que se hunde y se hunde, y parece que nadie lo nota.

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Rafael Navarro Barrón
Periodista y Analista Político | +5216567586189 | zagaleton.navarro@gmail.com | | + artículos

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