El dominio del desorden en el orden social

By on 13/09/2016
Guillermo Chavez

Es suficiente observar la conducta del hombre en la calle y percibir los efectos de las decisiones de las personas que no están en la calle para determinar con certeza que la característica evidente y clara de la sociedad es la carencia, aun de los mínimos elementos, en el individuo para entender y sentir su pertenencia al sistema que está sometido; desconociendo, increíblemente, las causas o motivos y los efectos o consecuencias de su función individual dentro de ese proceso. Dedicándose única y exclusivamente a conducirse y a tomar decisiones de acuerdo a los dictados de los instintos; así lo acredita la misma sociedad que satura diariamente de ejemplos de conductas y decisiones originadas por el impulso natural que engendra y ubica a la confusión y a la anarquía en el lugar que le corresponde al orden y al equilibrio social que deben ser fomentados por la inteligencia.

Continuando. Las mentes brillantes del pasado concibieron, planearon y ejecutaron el proyecto de la organización social que gestará la estabilidad y orden de la comunidad con los objetivos de satisfacer las necesidades naturales del individuo; proporcionarles los sistemas adecuados para que logren sus propósitos individuales; esto en el ámbito de respeto a sus derechos elementales. Estas son los tres principios fundamentales alrededores de los cuales debe girar toda la actividad social e individual para generar el progreso y el desarrollo. Sin embargo, la conservación de la vigencia de estos tres objetivos esenciales demandaba un trabajo exhaustivo del individuo, que ocioso y temeroso prefirió abandonar tan importante tarea; ante este olvido, los tres principios se debilitaron, disminuyendo su capacidad de orientar al individuo y a la sociedad que súbita y precipitadamente se sometían al cautiverio y a la hegemonía de los instintos naturales: fuente eterna del desorden, caos y desorganización social.

Hoy, la conducta del individuo y la dinámica social son impulsadas por los instintos naturales que con desesperación pretenden satisfacer instantáneamente las necesidades naturales del individuo y las necesidades artificiales de la sociedad. Esta angustia origina en el individuo el olvido de su pertenencia al sistema, con la secuela de la indiferencia en sus responsabilidades, obligaciones y deberes; provocando, en consecuencia, el desorden en este procedimiento que sistemáticamente influye afectando otros procesos, generalizando, así, la desorganización de la sociedad.

Ante esta insuficiente y defectuosa condición del individuo, dominado por los instintos, es utópico y ficticio generar orden y estabilidad. En efecto, es urgente y necesaria la intervención y el actuar de las facultades inteligibles del hombre para arrancar y retirar al individuo y a la sociedad del dominio y de la autoridad de los instintos naturales que únicamente originan actos y acciones caóticas y desorganizadas.

El orden y la estabilidad de la sociedad están determinados con precisión por el dominio de las facultades inteligibles en los instintos naturales del individuo. Además, el ejercicio de estas facultades del hombre es un complemento necesario e indispensable para ordenar el impulso de los instintos que pretenden satisfacer una necesidad natural. Ante el desorden social generado por los actos y las acciones angustiosamente desesperadas del individuo cautivo del poderío de los instintos, está su complemento o añadidura que es el orden establecido por el dominio de las facultades inteligibles del hombre sobre los instintos naturales: he ahí el vital valor trascendental de la ciencia, producto genuino de la inteligencia, razón, pensamiento, entendimiento y otras facultades inteligibles del hombre que exaltan el extraordinario principio de la ciencia que es precisamente establecer el orden y la armonía en las conductas y decisiones del hombre para que continúe por el camino del progreso con seguridad y firmeza.

El impulso de los instintos naturales para satisfacer una necesidad debe estar dominado por las facultades inteligibles del hombre para generar orden y estabilidad en la sociedad. De lo contrario, cuando la actividad de los instintos, orientada a satisfacer una necesidad, se ejerce en libertad y sin el complemento de las facultades inteligibles solo se engendra el desorden social. Sin embargo, la seguridad y firmeza de la conducta y decisión del individuo, que generan el orden social, se vigorizan con la ciencia, que es el reflejo de la aplicación de las facultades inteligibles del hombre: pensamiento, razón, entendimiento, la inteligencia y otras facultades inteligibles del hombre.

Lamentablemente la sociedad de hoy abarrota ordinaria y permanentemente de ejemplos que certifican el desorden social convertido en costumbre, provocado por el dominio de los instintos y el abandono o extravió del reflejo de las facultades inteligibles del hombre: la ciencia, única fuente de orden social.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!