Decir o no decir

By on 16/11/2016

Una de las situaciones más difíciles para los familiares de un paciente es tener que compartirles el diagnóstico de cáncer.
Esta situación se vuelve más retadora, sobre todo cuando se trata de pacientes menores de edad o de la tercera edad.

No es extraño que en cuanto el médico confirme el diagnóstico, los familiares se encuentren involucrados en un debate interno sobre qué será mejor para la salud del paciente: decirle o no decirle su diagnóstico.

Una de las principales razones que los llevan a dudar ante esta toma de decisiones, es el evitar que el paciente se preocupe o entristezca. Los familiares sienten que no compartir la noticia con el paciente será más beneficioso que el hacérselo saber.

Por lo general, esta decisión la toman los padres del paciente -en caso de ser menor de edad-, o los hijos de los pacientes -en caso de ser de la tercera edad-. En ocasiones, el personal médico es involucrado, e incluso puede llegar a apoyar la decisión de no compartir el diagnóstico con el paciente.

Esta es una decisión para nada sencilla. Según la Ley General de Salud, todo paciente tiene derecho a conocer su diagnóstico, opciones de tratamiento e intervenciones médicas, así como las reacciones que genera cada opción. Además, es el paciente quien, de manera informada, debe de aceptar tomar un tratamiento u optar por una cirugía. Este último punto se hace prácticamente imposible cuando la persona desconoce lo básico sobre su enfermedad. En pocas palabras, se le está orillando a tomar decisiones sin saber a lo que se tiene que enfrentar.

Sin embargo, en más de una ocasión los pacientes me han compartido que dentro de las áreas de quimioterapia es común escuchar a los familiares inventar excusas para justificar el por qué el paciente adulto debe de recibir el tratamiento. Estas van desde un “para que no te de cáncer”, hasta un “es vitamina para que estés más fuerte”.

Y no hay que confundirnos, estas frases o excusas están basadas en una genuina preocupación por la salud y tranquilidad del otro; y es esta preocupación una de las razones que orilla a que como cuidadores tomemos la decisión que consideramos como la mejor opción. Sin embargo, también se corre el riesgo de que el paciente se entere por medio de otra persona, arriesgándose a causar un mayor enojo y preocupación.

Ciertamente no es grato escuchar que hemos sido diagnosticados con cáncer; sobre todo por los mitos, miedos, estigmas y falta de información que rodean a la enfermedad. Es por esto, que si nos encontramos en esta encrucijada, debemos recordar que es válido pedir ayuda; que es totalmente entendible pedir orientación sobre si compartir el diagnóstico, cómo compartir la noticia y cómo enfrentarlo -de manera personal y/o como familiares de un paciente-.

Psicólogos, logoterapeutas y, en ocasiones, tanatólogos, han sido los principales profesionistas a los que acuden los familiares para llegar a una conclusión ante este debate. Hagamos uso de su preparación y servicios, y logremos disminuir la preocupación de nosotros como cuidadores, como del paciente al que apoyamos.

Lourdes Tejada
Presidenta en | + artículos

Titulada en Diseño gráfico y pasante de la Maestría en Acción Pública y Desarrollo Social. En su experiencia destaca el ser co-fundadora de una asociación civil y ser miembro fundador de una red de agrupaciones juveniles. Ganadora del Premio Nacional UVM por el Desarrollo Social, cuenta además con el Premio Estatal de la Juventud, el Reconocimiento a Mujer del Año de Ciudad Juárez y la mención de Mujer Líder de México.