Cuando la expresión carece de pensamiento: Imperativo Categórico

By on 11/07/2017
Guillermo Chavez Lic. Guillermo Chávez

¿La tarea es construir o destruir a la sociedad? El destruir no requiere esfuerzo; el construir demanda un esfuerzo exhaustivo.

Todos, absolutamente todos y cada uno de los individuos, hemos contribuido a la formación de la actual sociedad y, en consecuencia, todos somos responsables de las condiciones del momento. El intentar evadir esta responsabilidad, es un acto discriminatorio, porque se exime a sí mismo, vituperando a los demás. Aun así, la discriminación es un determinante de la formación de la sociedad.

Por este motivo, cuando lo ridículo se considera verdad, es síntoma de que la estructura social carece de sostén y firmeza, en otras palabras, de que algo grave, muy grave está sucediendo en la sociedad. Un ejemplo y no el único: La inconcebible y risible pantomima, representada recientemente por un medio televisivo y el Congreso Local.

Ante lo absurdo de esta reacción instintiva. Es obligatorio inquirir y reflexionar en la vigencia del pensamiento, como condición y requisito o no, en el ejercicio de la libertad de expresión: Al serlo, corresponde exigir expresiones inteligentes y constructivas; al no serlo, se está fomentando el caos degenerativo de expresiones miserables. Por ende, ante la
perversión de las palabras, que hablen las acciones para escucharlas.

En consecuencia y, con base en la necesidad e importancia de que el ejercicio de la libertad de expresión se funde en la libertad de pensamiento con el objetivo de construir a la sociedad; Los artículos 6 y 7 Constitucionales reconocen el derecho natural de libertad de pensamiento y de expresión en el individuo. Prescribiendo normas que pretenden formar una conducta en el individuo orientada a la consumación de estos dos derechos naturales en los hechos. Es así, que la validez intrínseca de cada norma no es superficial y arbitraria, al contrario, debe estar determinada por el Imperativo Categórico Kantiano para ser profunda y valiosa por sí misma, en beneficio del hombre.

Indispensable es entender y comprender lo que es el Imperativo Categórico en términos kantianos. Mas, es un crimen dejar de invocar la impresionante definición de imperativo categórico que encontré en un viejo libro despastado, propiedad de “Los Hijos de la Viuda”, que a la letra dice: “Para que no os separéis nunca de esa moral, tened siempre La Regla en vuestra mano. Os indica que debéis proceder de tal manera que cada una de vuestras acciones pueda ser tomada por norma general”.

Kant admiraba el cielo estrellado por encima de nosotros y la ley moral dentro de nosotros: Esa ley moral dentro del
individuo es el Imperativo Categórico.

El imperativo es una orden categórica que no admite objeción: el individuo reflexionando en el silencio y en la soledad encuentra el imperativo categórico que le indica lo que está bien y lo que está mal. La autonomía de la reflexión individual impone el deber ser y no lo que quiere que sea por suponerlo.

El imperativo categórico es de dimensión universal, es decir, todo individuo quiere que todos actúen de cierta forma y se convierta en norma universal, para beneficio de la humanidad. Está más allá de las conveniencias individuales y sociales. Es un ideal permanente en la mente y en consecuencia no es constante en el hombre.

Obedecer al imperativo categórico hace a los individuos morales: Jamás se percibe del exterior; con la reflexión se percibe lo universal en el individual; generando la responsabilidad individual y en consecuencia social evitando las acciones egoístas.

Sin embargo, el individuo empírico está sometido al estricto procedimiento de la necesidad natural por su obediencia a lo sensible; impedido para percibir la universalidad del imperativo categórico a través de la reflexión.

Para concluir: Los indigentes actos de un medio de comunicación y del H. Congreso Local, no es el único ejemplo la sociedad está repleta de ellos, generan la duda en la capacidad para estimular la construcción de la sociedad; propagan la
incertidumbre en la validez y vigencia de la Libertad de Expresión por carecer de fundamento en la Libertad de Pensamiento. Han descubierto la carencia de reflexión ante el sometimiento a las reacciones instintivas. En otras palabras, la destrucción de la sociedad es constante y paulatina; el hombre únicamente se está adaptando a las diversas etapas de la demolición, he ahí el estado de angustia inentendible del individuo.

Por otro lado, el empirismo en el individuo genera la parálisis indicada en los ejemplos anteriores; la reflexión en la persona gesta lo universal. El empirismo está destruyendo la sociedad; en lo universal están los conceptos y términos sólidos para sostener con firmeza la construcción de la sociedad. La herramienta significativamente universal es el imperativo categórico, es La Regla de los hijos de la Viuda. No lastima, tampoco perjudica. Es el instrumento que construye las acciones individuales y sociales ajustadas a la moral. La reflexión individual busca libremente el imperativo categórico y con responsabilidad lo impone como deber ser en la práctica. Es decir, el individuo construye en libertad su propio edificio con la solidez de los conceptos universales orientados por la razón.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!