Constitución y Ley Si; Monarquía y Rey No.

By on 08/02/2016
Guillermo Chavez

La justificación de la obediencia que el pueblo le debía al Rey en aquellas épocas oscuras en la vigencia de la monarquía, radicaba en el supuesto origen divino del Rey y en la creencia tenaz y obstinada del pueblo, convencido absolutamente de la descendencia del Rey directamente de Dios. En consecuencia, los abusos del Rey no tenían límites, eran soportados sumisamente por el pueblo: la Revolución Francesa desenmascaró esta falacia, sepultándola en el panteón de las desgracias históricas de la humanidad; generando el inicio en la construcción de una forma de gobierno basado en la soberanía popular plasmada en una Constitución que le da legitimidad, orden y funcionamiento; con un cimiento firme en lo político y jurídico al establecer para el ejercicio del poder público la elección de representantes, la división de poderes, la supremacía de la ley, la soberanía radicada en el pueblo, entre otras importantes figuras más: Reconociendo un principio elemental y determinante: la responsabilidad ineludible del ciudadano sostenida en la ley y no la irresponsabilidad placentera del súbdito necesaria en la monarquía.

Sin embargo, la Revolución Francesa falló, como han  fallado, fallan y fallarán todas las revoluciones por su carácter meramente formalista, es decir, las transformaciones provocadas por las revoluciones han carecido de interés por estimular cambios profundos en el individuo; para así sustentar, inversamente, con firmeza los cambios formales de la sociedad. Al contrario, el individuo continúa sometido a la ilimitada y desenfrenada hegemonía y dominio de los vicios inherentes a la naturaleza del hombre que lo llevan a una ambición sin límites que súbitamente brotan y florecen sin importar el respeto a la sociedad.

Hoy, un hombre, un partido, embriagados en el absolutismo desordenado, sin frontera ni margen, pretenden derribar y pisotear la dignidad de una sociedad que débilmente cree que la ley y la Constitución son la solución a la multitud de conflictos privados y públicos. Dentro del desorden social, sembrado en  administraciones del pasado, existe el germen del anhelo en el ciudadano de observar los mandatos de la ley y la Constitución para sentirse seguro. El ciudadano repudia por nauseabunda la mínima y casi exigua posibilidad de la monarquía de facto que este hombre y este partido pretenden groseramente establecer en nuestra ciudad. La incomodidad social es latente única y exclusivamente por la forma reiterada de que un hombre conduzca la administración municipal por tercera ocasión, esto sin valorar los resultados de sus primaras dos gestiones que en el supuesto de una excelencia no justifica el monopolio del ejercicio del poder público por un solo individuo.

La sociedad juarense permite que un solo partido sustente el poder público entendiendo que es debido a la incapacidad de los otros partidos para conquistarlo y ejercerlo. Lo que no admite la comunidad de Ciudad Juárez es que un solo individuo pretenda administrar por tercera ocasión las cosas públicas, ofendiendo a cada uno de los individuos integrantes de esta colectividad y en especial a aquellos hombres con capacidad probada y sobrada en las actividades del ejercicio del poder y de la administración pública. El agravio de no es del Partido a la sociedad, el insulto es de este hombre a la comunidad.

Para terminar: Los juarenses desprecian la lejana posibilidad  de que un hombre ejercite el poder público en tres administraciones, sospechando de tintes y caracteristicas de una monarquía donde el Rey abusa sin límites de sus súbditos. Antagónicamente admite que un solo partido se apodere y ejercite el poder gubernativo debido a la incapacidad demostrada de los otros Partidos para conquistarlo y ejercerlo. El fundamento de la forma de gobierno con base en la Constitución, que sustituye a la monarquía es el sometimiento de todos  y cada uno de los individuos al imperio de la ley que le reconoce derechos e impone obligaciones con responsabilidad y respeto y evita los caprichos individuales.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno¡