¡Conócete a Ti Mismo! ¿Cual es el Objetivo?

By on 04/01/2016
Guillermo Chavez

El hombre ha desarrollado a una velocidad vertiginosa el conocimiento de las estructuras microscópicas y de los sistemas macroscópicos apoyado en la ciencia: ante la lentitud, la pasividad y el casi nulo progreso en el conocimiento de sí mismo. La profunda y enorme complejidad del ser humano ha provocado, a través de los siglos, una gran diversidad de doctrinas y tesis con la pretensión de conocer el Ser del hombre que solo han confundido y desorientado el camino hacia el exacto y correcto conocimiento del hombre mismo: el fatal error: el hombre ha buscado conocer un único molde paradigmático de individuo de forma universal, sin comprender que todos  y cada uno de los seres humanos somos diferentes, somos únicos y que corresponde a cada uno esa hermosa y  gigantesca tarea de explorar su individual estructura, de investigar su propia  naturaleza, de conocerse a sí mismo.

Ampliando la descripción de la complejidad del ser humano, el Criticismo hace la observación de que la mente fácilmente se pierde en el conocimiento trascendental: ahí se extravía, confunde  y corrompe al extenderse más allá de los propios límites, entre objetos imposibles de alcanzar  y principios  totalmente contradictorios  entre sí. Es necesario que los hechos de la experiencia examinen y revisen la actividad mental y certifiquen que está dentro del ejercicio sus propias facultades. Agravando la complejidad al decir que solo las cosas creadas por el hombre se pueden conocer por carecer de esencia; las cosas naturales, como el hombre, solo se describen ante la imposibilidad de conocer su esencia: el hombre está capacitado para conocer los fenómenos e incapacitado para conocer la esencia !!! en verdadero lio estamos metidos !!!

A pesar de su complejidad,  el hombre no puede  evadir la trascendental y primordial tarea de conocerse a sí mismo: entender y comprender la naturaleza y estructura de sus facultades físicas y espirituales; determinar lo accidental y lo esencial en él; diferenciar lo físico de lo espiritual y viceversa; entre una infinidad de aspectos propios de la personalidad del individuo que es necesario percibir  y dominar para un intenso desarrollo que beneficie al hombre mismo y a sus semejantes.

El conocimiento del hombre de sí mismo es en su propio beneficio; el desconocimiento del hombre de sí mismo es en su propio perjuicio.

El individuo cuando no conoce los límites de la estructura y naturaleza de sus facultades físicas y espirituales, fácilmente se embriaga con las fantasías de las quimeras del seudoconocimiento trascendental. Colocándose más  allá de sus propios límites, en el estado más ruin e indigno del hombre: ser débil y frágil creyéndose  fuerte y vigoroso. Sus acciones, en consecuencia, carecerán de la energía y potencia necesarias, reflejándose en los resultados pobres y estériles.

Diferente, cuando el individuo conoce la estructura y naturaleza de sus facultades físicas y espirituales, su actuar estarán dentro del límite y por lo tanto sus acciones  tendrán la potencia y energía necesarias: los resultados de  su actividad serán provechosos y benéficos para él y sus semejantes.

Terminando: La algarabía del desarrollo de la tecnología desenfreno el falso entusiasmo por el avance de la ciencia, dejando a un lado el gris conocimiento del hombre en sí: el aforismo “conócete a ti mismo” no es un imperativo de moda, tampoco es propiedad griega. Es posesión de la humanidad y de sus principios depende la fuerza o debilidad de las acciones del hombre considerado individualmente: he ahí su importancia, he ahí su gravedad.

Las acciones vigorosas son el reflejo del actuar dentro de los límites de las estructuras y naturaleza de las facultades físicas y espirituales, de un hombre que se conoce a sí mismo; al contrario, el individuo que carece del conocimiento de su propio Ser, se enajena en la alucinación del delirio en la creencia de actuar más allá de los límites con potencia y energía, generando únicamente acciones enclenques y desnutridas.

Es cuanto ¡un saludo fraterno!