Bajan: 4 ventajas del transporte público

By on 13/01/2016
Karen Cano

Sobre nuestras cabezas existe un pequeño grupo de personas que nunca entenderán la adrenalina de vivir al día. Desde dónde están, el precio de un kilo de tortillas es irrelevante (no son la señora de la casa, ni comen carbohidratos) y no entienden cómo se sobrevive sin ir a Europa de paseo al menos una vez al año. También es normal que no se enteren de que en algún lugar de México hay cientos de chamacos recibiendo clases debajo de un árbol en aulas móviles, que hay familias numerosas comprimidas en celditas de cuatro por cuatro casas-habitación de diseño minimalista, o que diez parturientas apenas caben con todo y sus gritos en el pasillo sobrepoblado área de tococirugía de tu hospital del IMSS más cercano. Y si la clase alta lo ignora, la clase política lo vende como un logro desu partido la democracia.

Pero hay algo en especial que tú y yo usamos todos los días, o en algún momento y que aunque funcione, sin importar en qué parte del país residas, te apuesto setenta pesotes mi salario a que representa un pequeño gran infierno que toleramos a diario y al que incluso nos acostumbramos. Según tu región le puedes llamar de diversas formas y puedes tener varias opciones; desde las económicas como el metro de la Ciudad de México, hasta las caras como ella se subió en un taxi el taxi que acá en Juaritos puede bajarte más de tres días de salario en una media hora.

En general, todo el transporte público en cualquier parte del país, salvo ciertas excepciones (escasas) se caracteriza por ser lento, sucio, impuntual y hasta peligroso: peseros, metro- trole-autobuses, ruteras, pulmonías o cualquier cosa sobre ruedas en las que se suben más de diez personas y te llevan al trabajo todos los días, camiones, pues, laminotas en la que a menudo sufres de divertidas y estrafalarias anécdotas. Me resisto a usar vehículo propio, uso el camión unas dos o tres veces al día, que es el mismo número de veces que debo tolerar…

1. La mala música

No sé cuáles sean las posibilidades de subir un día y encontrar al chofer escuchando a Vivaldi, pero debe ser una a mil de que lo encuentres oyendo la peor versión de cualquier canción romántica en cumbia o pasito duranguense, eso si te va bien, porque también hay una definitiva predilección por el Komander y otros muchos talentosos expositores de nuestro narcocorrido nacional.

El gusto se rompe en géneros y en tímpanos; a veces esto se resuelve usando audífonos, a veces veinte pasajeros, entre los que van dos niños peleándose a gritos, un anciano tosiendo y tres estudiantes platicando, provocan que el chofer tenga qué subirle mucho el volumen a esa rolita de Jenny Rivera, no sólo desencadenando estrés, sino propiciando accidentes. En defensa de nuestros choferes, es aburrido trabajar sin música, así que YOLO: te vas a aprender todas las de Calibre 50 y sorprenderás a todos en tu próxima fiesta cuando comiences a corear mi padrino el diablo, de la trakalosa de Monterrey.
¿Qué más puedes hacer sino aguantar?, aguantar eso y a los…

2. Vendedores y limosneros

Una amiga volvió de su primer visita a Distrito Federal sorprendidísima porque en el metro se vende de todo. De todo, en este caso significaba un sobre con bolitas para cerrar aretes. Nuestro transporte público es un Mercado Libre sobre ruedas, el día menos pensado alguien se sube y te ofrece una pomada contra las reumas que también cura el cáncer o alguna suculenta botana que no por caducada deja de estar buena.

¿Es en verdad necesario interrumpir nuestros pensamientos, nuestro sopor, nuestro trance meditativo para recibir en la mano esta-deliciosa-paleta-payaso-dos-por-veinte-dos-por-veinte?

Y no importa cuántas veces te encuentres con el mismo vendedor, ni si terminas aprendiéndote su nombre, si te lo topas a diario, o tres veces al día; ¿no quisiste mangas para el sol que simulan ser brazos tatuados ayer, ni antier, ni la semana pasada? no hay problema, seguro mañana entenderás que en verdad los necesitas. Y los artistas que cantan mal y no dejan que los niños que viene gritándose se griten a gusto ni a ti escuchar tus audífonos. Y los artistas que cantan bien e interrumpen a la Jenny. Y los que se suben a contar chistes con una nariz de payaso y repiten la misma-maldita-rutina de chistes siempre.

Pero la estrella de este ecosistema económico está compuesta por los voluntarios de centros de rehabilitación que te recuerdan que podrían golpearte, apuñalarte, cortarte en cachitos y guardarte en la nevera para quitarte la cartera, pero que prefieren hacer el bien; y los enfermos de algo que te muestran sus heridas supurantes, la pata chueca y la receta del médico en dónde dice que ya se va a morir (y que milagrosamente también te encuentras diario). Si le dieras dinero a cada persona que te pide en el camión, perderías algo así como un salario mínimo por día, tal vez más. Con el tiempo te acostumbras a estos personajes, porque al final la gente es algo que está fuera de tu control, cómo lo está también..

3. La conducción del Vehículo

Y con “conducir mal” no me refiero a los que se pasan un alto o dos, sino a los que logran que en un recorrido te vuelvas de ateo a católico y hasta tengas premoniciones tipo Destino Final y te lamentes por no haber arreglado papeles.

Y no, no exagero. Un mal brinco puede hacer que te pegues en el techo, que te caigas encima de una viejita, que golpees al bebé de la señora de al lado y otro sin fin de desastres dolorosos. En las líneas de transporte de mi localidad, la mayor queja hacía los chóferes es el de no esperar que las personas terminen de subir y bajar antes de arrancar, lo cual provoca serias lesiones, sobre todo en los adultos mayores cuyos reflejos no son tan buenos. Y aunque la mayoría de los sistemas de transporte cuentan con alguna línea de quejas y denuncia, la verdad es que el exceso de velocidad y la mala calidad de las calles (otro de nuestros infiernos) es algo que no se acabará, como es imposible que se acaben…

4. Las personas irritantes

Desde aquellos que vienen tomando e inundan con olor a cerveza la unidad, hasta aquellos que aprovechan el aglomeramiento para “buscar afecto” en arrimones que son claramente un acoso sexual.

La gente es molesta en varias versiones, unas más peligrosas que otras. Él que frota sus genitales contigo puede calmarse si le llamas la atención y le pides que se detenga; el que huele mal, lo peor que puede lograr es que te marees y te sientas enfermo un rato; pero aquellos que te miran de tal forma que sabes que al bajarte debes correr so pena de perder tus pertenencias, esos sí dan miedo.

Ya de por sí, para los antisociales como yo es difícil tener que tolerar cuando la gente les quiere hacer plática y no entiende las indirectas de usar audífonos o traer un libro en las manos, o responder con monosílabos a sus intentos por conversar, algunas personas además tenemos suerte para atraer a las personas más desesperantes que con el pretexto de compartir un asiento contigo te quieren convertir a su religión, hacerse tu mejor amiga o ligarte. Lo bueno del asunto es que en tiempo de frío el gentío hace que la calefacción no sea necesaria.

El transporte público, como todo lo público, suele ser malo; y nada más para verle algo positivo y quedar con un buen sabor de boca, te invito a que la próxima vez que tengas que codearte con algún “riquillo” le presumas que el transporte público es una experiencia única, llena de riesgos y adrenalina, a la que él no sobreviviría ni aunque quisiera.


 Originalmente publicado en MéxicoKafkiano.com el 29 de Octubre de 2015

 

Karen Cano
Karen Cano
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Dice que es licenciada en Ciencias de la Comunicación egresada de la Universidad Autónoma de Chihuahua y periodista desde hace cinco años de la frontera más fabulosa y bella del mundo según Juan Gabriel. Actualmente trabaja en redacción de prensa, le gusta mucho escribir versos y cuentos cortos, especialmente. Publica sus artículos en MexicoKafkiano.com, mismos que se re-publican bajo permiso en JuárezaDiario.com