La Fiesta Brava

By on 02/08/2015
La fiesta brava

Como es de imaginarse todos mis familiares, amigos y allegados saben de mi amor y afición hacia la más bella de todas las fiestas, la fiesta brava. Saben de mi admiración y profundo respeto que tengo por el que para mí es una de las mejores creaciones del gran arquitecto del universo: su “majestad” el toro de lidia.

En este contexto y ante la creciente “moda antitaurina” nunca ha faltado gente que me critique por mi amor a esta fiesta o, por el contrario, gente que se interese en por qué a este “escribidor” le apasiona la tan “últimamente criticada” fiesta brava. Nunca ha sido, ni será, mi intención polemizar con los mal llamados “antis”, digo mal llamados porque para poder criticar o estar en contra de algo primero se tiene que conocer y me consta que mucha gente que critica la fiesta no tiene la menor idea de lo que se trata. Por el contrario, siempre he sido respetuoso de la gente que no comparte mi pasión, aunque creo que la principal diferencia entre los “antis” y este “escribidor” es que yo no los critico porque no les gusta la fiesta, y en cambio ellos SI me critican porque me gusta la fiesta. Salen sobrando en este espacio los calificativos que he recibido por parte de cierta “gente”.  Y así es como recientemente dentro de una de estas charlas “taurinas” alguien me hizo una pregunta que me intereso: ¿qué es la fiesta brava o porque te apasiona tanto?

Empezaré diciendo que no soy ni me considero un erudito del tema y con toda seguridad no soy yo la persona más indicada para definir que es la fiesta brava. Sé que faltarán muchos puntos por tocar pero mi afán no es dar una cátedra, sino, solamente deseo, expresar algunos puntos del porque me apasiona  la fiesta brava.

Desde niño asistí con frecuencia a las corridas de toros, ya que mis padres son aficionados de la fiesta, aunque no son apasionados de la misma. Siguiendo un poco la formación que tuve, yo también llevaba a mis hijos a la plaza desde chicos, de hecho yo los llevaba en la mañana al corral a ver los toros y en la tarde a la corrida. Sin embargo y a pesar de haber tenido la misma formación, mi hermano no es apasionado de la fiesta, aunque si es aficionado. Igualmente pasa con mis hijos, a pesar de mi pasión solo uno de ellos es aficionado de verdad,  mientras los otros dos son aficionados de ocasión. Ante la luz de estos hechos descarto que mi pasión por la fiesta sea por herencia como mucha gente podría pensar.

Creo que más bien mi pasión surge por ese “torrente” de emociones que el torero transmite en cada pase, esas emociones que el torero está sintiendo en ese momento, como decía el llamado Pasmo de Triana, el gran  Juan Belmonte: “se torea como se es”.

Mi pasión surge cuando veo a dos seres fusionarse hasta ser uno mismo, surge de ver cuando dos seres se comunican de tal forma que se crea una sinergia única donde los dos, a pesar de estar entregando su vida, se entienden y crean arte, no por nada se dice que el toreo es el único arte que juega con la muerte. Me apasiona esa imagen fugaz que permanece en la retina “eternamente” y que emana después de una zapopina, una chicuelina, un natural o un trincherazo; para mí eso es arte, arte efímero e irrepetible, arte que algunos no comparten, pero bien sabemos: el arte es subjetivo.

Creo que para poder ser apasionado de la fiesta lo primero que se debe de tener es un profundo amor por su “majestad” el toro de lidia. Para mí es un placer admirar los toros en el corral, ver las hechuras del toro, ver su estampa, etc.  Creo que se debe de entender que lo más importante en la fiesta es su “majestad” el toro de lidia, por eso se le cuida y se le dan las mejores atenciones durante cuatro años como mínimo. También se debe entender que se necesita que el toro salga al ruedo en las mejores condiciones posibles, esto es, bien descansado, bien comido e íntegro. Además es sumamente importante que el toro de lidia sea bravo, que ataque, que tenga el instinto “asesino” que caracteriza a la raza del toro de lidia. ¡A la fiesta brava no le sirve un toro que no luche por su vida!

Podría decirse que las corridas de toros es algo tan rústico y antiguo como la lucha entre el hombre y la fiera. Pero para  mí la fiesta es una lucha de inteligencias en donde no siempre “gana” el mismo, es una lucha de inteligencias de dos seres que nunca se han visto, de dos seres que van a una cita con el destino y que trataran de someter al otro, cada uno desde su perspectiva. Por otra parte creo que es muy cierta esa frase que dice: “todos los toros tiene su lidia”, pero no siempre la inteligencia del torero logra “ganar” y darle al toro la lidia que merece, porque para que “gane” el torero además de inteligencia se necesita mucho, mucho valor.  ¿Cuantos toros hemos visto que se van al rastro habiendo “ganado” esa batalla de inteligencias?

Además el toreo para mi es una lucha de voluntades. Es una lucha donde el torero tiene que someter la voluntad del toro y obligar a la “bestia” a hacer lo que el torero quiere, debe hacer esto utilizando únicamente su inteligencia, el capote y la muleta. Es una lucha de voluntades porque el torero, como cualquier persona, tiene miedos antes de salir al ruedo y antes de que salga su toro tiene esa lucha interna donde la razón le dicta una cosa, pero su corazón y su pasión le dicen otra cosa. En resumen, es una lucha en donde el torero brega contra su voluntad y contra la voluntad del toro.

Para mí la pasión por el toro es algo que se vive de forma individual, es  un sentimiento inigualable e incompartible, es algo que solamente la persona que lo tiene lo puede vivir y que es complicado de expresar.  Terminare señalando que comparto completamente la siguiente frase: “tanto amo Dios al hombre que creo al toro de lidia”.
José Luis Hernández

Deja un comentario:
Jose Luis Hernandez
José Luis Hernández
Analista Taurino en | + artículos

Ingeniero Civil. Apasionado de la fiesta brava. Crítico y analista deportivo.

You must be logged in to post a comment Login