El Arte de Cúchares

By on 26/07/2015

Era el sábado 2 de mayo del 2015, por fin había llegado el día. Habían pasado 2 meses aproximadamente de que se había hecha pública la noticia: José Tomás Román Martín, “El Príncipe de Galapagar”, reaparecería en Aguascalientes en mano a mano con el maestro Eulalio López “Zotoluco”.

Atrás había quedado la planeación del viaje para dicho suceso, y habiendo sorteado ciertas vicisitudes en la bella Perla Tapatía este “escribidor” llego a la capital hidrocálida desde el Viernes para presenciar la corrida en donde oficiaron el sevillano José Antonio Morante de la Puebla, el queretano Octavio García “El Payo” y el guanajuatense hijo del legendario “Rey David”: Diego Silveti. Desde las afueras de la plaza se vendían suvenires de José Tomas, así como carteles de la corrida del día siguiente y el famoso libro escrito por José Tomás y el novel taurino Mario Vargas Llosa: “Dialogo con Navegante”. Aunque fue una corrida con tres reconocidos matadores e interesante en términos generales, el respetable solo hablaba acerca de la corrida del día siguiente entre toro y toro: tienes boletos para mañana, sabes dónde puedo conseguir boletos, etc. En resumen, desde el viernes había dentro y fuera de la plaza un ambiente cien por ciento Tomasista.

Sabiendo que la plaza iba a estar hasta “las banderas” el sábado llegamos al templo del toreo “aguascalentense” desde las cuatro de la tarde y desde que nos fuimos acercando a la plaza el entorno era distinto al día anterior, se ofrecían boletos de diferentes localidades, los puestos de comida alrededor de la plaza estaban llenos con gente taurina, se veía a la gente con caras de gran expectación y solo se escuchaban pláticas acerca del gran acontecimiento que estaba por suceder.

La entrada al recinto fue relativamente rápida, pero al llegar al tendido: “sorpresa”, aunque faltaban casi dos horas para el comienzo de la corrida la plaza ya estaba casi a tres cuartos de su capacidad. Pero eso sí, con un ambiente definitivamente taurino, con olor a puro, con la banda de la plaza monumental amenizando con canciones taurinas, con mantas de peñas taurinas de diferentes partes del país, con políticos, con artistas, con famosos y con gente taurina de otros países: colombianos, venezolanos, franceses, españoles, etc. En general era un ambiente de fiesta, y no era para menos, aquello era el suceso taurino del año a nivel mundial!

Todo estaba listo para que “El Príncipe de Galapagar” reapareciera en el ruedo donde un lustro atrás estuviera a punto de perder la vida por una cornada en la femoral recibida por el toro Navegante de De Santiago, cornada que le hizo perder más sangre que la que cualquier ser humano lleva en el cuerpo (Navegante, toro que estuvo a punto de ser el “Islero” del siglo 21). Ese día reaparecería el único torero español que lleva sangre cien por ciento mexicana en sus venas, reaparecería el que para muchos es el mejor torero del mundo en estos días.

Como un dato curioso diré que como una hora antes del paseíllo hubo una ráfaga de aire que levanto del ruedo la lona que estaba puesta sobre el mismo, lona ubicada cerca de donde Navegante infringió la cornada a José Tomas, lona que más que lona parecía evocar una “sábana santa” que contenía un mensaje de bienvenida al maestro español, un presagio sin duda del huracán de sentimiento y buen toreo que se viviría aquella tarde en la ciudad hidrocálida.

Las cerca de dos horas de espera se diluyeron rápidamente entre un sorbo al vino de la bota, el escuchar la música, el disfrutar de un puro, el platicar con el “vecino” y la buena compañía. Y así, en punto de las seis de la tarde el señor juez dio la orden de que se abriera la puerta de cuadrillas. La expectación era máxima y los corazones palpitaban aceleradamente. Como la tradición taurina manda, primero salió el alguacilillo, y atrás “El Príncipe de Galapagar” elegantemente vestido con un traje azul pavo y oro y un capote de paseíllo con símbolos aztecas. Y como era de esperarse, las pasiones se desbordaron en cuanto “el Príncipe” piso la arena rompiendo la plaza en una sonora ovación.

Lo acontecido en la corrida está más que escrito y analizado. Yo por mi parte diré que disfrute ver a ese “Gladiador Moderno” nacido en Galapagar, España. Disfrute y me emocione cuando vi la embestida de una fiera de más de 500 kilos que venía en carrera desde más de 20 metros y José Tomas, actuando en contra de toda lógica, se quedaba como “estatua”: inerte e inmóvil, como si su “majestad” el toro de lidia fuera una simple andanada de aire. En la memoria están esas ceñidas chicuelinas y majestuosos péndulos que el maestro español realizo en el centro del ruedo, ese toreo pegado al “bicho” jugándose la piel en cada tanda y esa sensación que el torero de Galapagar transmite en cada pase. Sin duda pude comprobar que el toreo es emoción y sentimiento.

También están en la memoria las faenas del maestro “defeño” Eulalio López “Zotoluco”, que aunque pechó con el peor lote demostró el porqué es uno de los mejores toreros mexicanos de los últimos tiempos, y que si hubiera andado fino con el estoque sin duda también hubiera salido en volandas. Vi un Zotoluco que salió a pelearle las palmas a José Tomas y que en ningún momento desentono con el coraje y el arte del español. Digno “rival” torero tuvo José Tomas en el Zotoluco!

En fin, ese 2 de Mayo del 2015 fue una tarde en quedo de manifiesto que cuando hay toreros que se juegan la piel y toros con casta, bravura y que embisten el toreo es inigualable. Fue una tarde en que gano el toreo de verdad. Fue una tarde para recordar durante mucho tiempo. Fue una tarde de vergüenza torera donde quedó demostrada esa frase de José Tomas: “duele más no entender al toro que la cornada”.

Fotografía y Redacción José Luis Hernández
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Jose Luis Hernandez
José Luis Hernández
Analista Taurino en | + artículos

Ingeniero Civil. Apasionado de la fiesta brava. Crítico y analista deportivo.

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